"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


19 de octubre de 2018

Breve explicación de las resistencias

Bueno, ahí esta el tema, las resistencias. Justamente cuando el sujeto se acerca a algo o tiene que revelar algo y sabe que lo sacará a La Luz de su análisis, la psique se protege para mantenerlo reprimido. Con lo cual cuando se aproxima a salir lo que hace es evitar el análisis mediante olvidos, situaciones donde se hace difícil hablar o escuchar, es decir, pone de manifiesto resistencias que justifica como casualidades, olvidos, circunstancias, confusiones (aparentemente lógicas y otras extremadamente absurdas), enojos e incluso apatía (como que no pasa nada). También se puede ocultar en un supuesto rasgo infantil “ser colgada/o”, que es como decir que no es muy responsable y enmascarar lo que le sucede detrás de ello. Ahí hay dos salidas, que el paciente sea fuerte y las trate de vencer y poder seguir su análisis o que el síntoma lo domine y “tome la decisión “ de huir (haciendo caso omiso a todas las resistencias como evidencia de que algo le sucede.

Para que sea más fácil de entender: el adicto tiene mil excusas para dejar de drogarse pero ninguna para ir a buscar más droga

Sergio Alonso Ramírez 
Psicólogo Psicoanalista

1 de octubre de 2018

La frustración de no llegar a los ideales: Los millennials

Aquí traigo una charla muy interesante sobre los millennials. O dicho de otra manera, los jóvenes de ahora. Expectativas altas, ausencia de conciencia de límite y esfuerzos que esperan frutos sobredimensionados. Dicho en palabras psicoanalíticas: "La negación de falta a través del narcisismo". La cuestión aquí son los altos niveles de frustración (cosa que se habla en la crisis de los 30's) y por otro lado la dificultad que vemos en la consulta con esta juventud que se acusa y acosa por no ser Steve Jobs a los 30 años, y tampoco aceptan el tiempo, el trabajo, la humidad de las posibilidades esto puede llevar a diferentes salidas, desde superarlo hasta ideas suicidas. 
Saludos
Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista


17 de septiembre de 2018

La trampa del algunos sufrientes

Te demanda, te pide, te acosa, te acusa, te quiere, te promete, te traiciona, te abandona, te odia, te pide que entres en el infierno, te dice que se te dará todo y te quita todo. Llora y apunta con sus lágrimas acusatorias a tu persona. Sufre, anhela y pierde todo el tiempo, pero intenta secuestrarte en su dolor, su angustia, su pérdida...
Y luego de todo esto te mira y te dice: "cruel". Representa una y otra vez lo que le han hecho, pero ni se da cuenta que ahora se lo hace a los demás enarbolando la bandera del victimismo. Y así va por la vida, llorando lágrimas de veneno que dará a probar a quien se acerque a preguntar qué le sucede. 

Parece un cuento,  una metáfora, pero es una patología. 

Y lo patológico ni siquiera es el sufrimiento, sino el bucle en el que se encuentra del cual no puede salir pero quiere que tú entres. 


Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista

20 de agosto de 2018

Cuando no hay verdad



El otro día iba por la carretera mirando un águila volar. Y me imaginaba que un niño la veía y preguntaba qué era eso. Un cazador le diría que es una presa, un ecologista que es un ser vivo respetable, alguien de ciudad una cosa y alguien de campo otra. Aún más, si el niño estuviese en Japón, quizás le explicarían que es un espíritu del bosque con ciertas facultades, pero un biólogo le contaría otra cosa. El niño se daría vuelta y preguntaría cual es la verdad. Y la respuesta sería "Todas y ninguna". Todos los humanos necesitamos sujetarnos a alguna verdad, algo que nos organice, que nos de un basamento sobre la realidad. E incluso el intelectual tiene su verdad y es que no hay verdad, sino verdades. Sin embargo esto, también es una contradicción pero a la vez una verdad. Por eso algunos eligen que su verdad es aceptar que no hay una verdad, y así también son sostenidos por la misma.

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista

16 de agosto de 2018

Cuando la verdad también es una mentira




"Él trabaja se esfuerza y le va bien. Pero no admite qué le pasa ni por qué se esfuerza sino que se justifica y piensa que es un campeón, un ganador y que tiene lo que le corresponde, lo que se merece. No ha renunciado a una mirada narcisista infantil, no admite la falta y que justamente porque está en falta se esfuerza, se logra y obtiene grandes o pequeñas metas. No parte de la premisa que como ha perdido (la falta) tiene algo que ganar, sino que intenta hacer cosas que justifiquen que no ha perdido nada, mantener un estatus narcisista absoluto e infantil. Entonces los logros son mentiras que niegan sus faltas. De ahí que pueden perderlo todo, porque supone que lo que tiene se lo merecen por su existencia y no por su esfuerzo y trabajo ya que con su mera presencia no es suficiente. Quien logra aceptar la falta entiende que le falta, que debe hacer algo en la vida porque está en falta y por eso lucha. Y es ahí donde el logro es fruto de lo que le falta. En cambio cuando el sujeto niega su falta y quiere lograr para sostener la mentira de que no le falta nada, es cuando sus logros son mentiras. La misma situación al sujeto se le puede jugar como remedio o veneno, como verdad o como engaño. Es así como en el psicoanálisis las cosas no tienen un valor absoluto sino dependiendo desde donde se vivencian subjetivamente". Entonces cuando alguien tiene un logro pequeño o grande y lo usa para pensar que no ha perdido nada, que no se ha castrado, que no esta en falta, es un engaño, una mentira, una forma no aceptar que sus faltas no son pasajeras sino estructurales y siempre las tendrá. 


Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo - Psicoanalista

10 de abril de 2018

El perverso que nos habita...

La palabra perverso en psicoanálisis no tiene le mismo significado que el que se le puede dar socialmente. Responde a una forma que se debate si es estructural o no y que aquí hoy intento describir o develar de alguna manera: 


El perverso se queda atrapado en la posición infantil. A lo largo de la vida tenemos que ir dejando los aspectos perversos de nuestras vidas para ir madurando. Pero... ¿Todo el mundo lo hace?

Quizás tengamos que plantearnos qué es el perverso. Es algo que por algún motivo se suele explicar de forma sumamente compleja y quizás hayan maneras de poder abordarlo diferente. 

El niño es un perverso. Es decir, está dominado por el principio de placer, quiere satisfacer todo aquello que se le ocurre. Ahí está el mundo exterior, la cultura y la familia como filtro de la misma que le van enseñando como dominar sus pulsiones, o domarlas para que sigan un curso cultural. Sin embargo, mientras tanto, el niño se le da todo "gratis", su mera existencia es motivo de pago por aquello que recibe. Comida, cariño, cobijo, dinero, regalos, ropa, todo le es dado por ser bueno (o simplemente ser). Por supuesto que nada es gratis y a cambio deberá ir adaptándose al mundo exterior. Poco a poco tendrá que ir renunciando al mundo de la satisfacción inmediata a cambio de la adaptación a su medio (cultura), aquello que se llamo principio de realidad. Que hay cosas que tenemos que posponer para poder obtener un resultado a largo plazo. 
Lo cierto es que todos venimos de ese lugar donde era necesario y constitutivo el recibir y no tener que pagar. 

Quizás algunos ya tengan varias ideas a partir de esto poco que he dicho sobre muchos adultos. 
Algunos se quedan estructurados como perversos. A pesar de ciertas adaptaciones, para ser más o menos sociales, su principio es obtener todo del otro sin dar nada a cambio o muy poco. Se quedan en la posición psíquica dónde el otro tiene que darle, gratis, aquello que necesita. Es "su derecho", dicen a los gritos, cuando a la hora de las obligaciones suelen ser muy silenciosos. Otros no son tan discretos y roban, violan, le quitan al otro en pos de su satisfacción. No hacen el pago o trueque por lo que reciben del otro. Quieren frutos de los árboles que no han regado ni cuidado, y satisfacerse dejando desiertos. Total... otros vendrán a arreglarlo. Se saltan aquello que llamamos castración que nos deja una falta. La separación con ese otro que nos nutre y nos deja en falta de aquello que se recibía. Lo cual genera que el sujeto tenga que ir a buscarlo al mundo. Ahora, el tema, será si lo irá a buscar con las normas del mundo que lo circunda o se las saltará e intentará que el mundo sea como esos padres nutrientes que se sentían pagados con su existencia.

Pero la perversión no siempre es tan evidente, porque un sujeto no se define solamente por ser o no ser perverso. Todos tienen aspectos perversos en mayor o menor medida. En todas las estructuras están los anhelos infantiles (perversos) de satisfacerse a costa del otro. Como cuando el bebé, toma toda la leche sin agradecer, solo satisfacer su necesidad. Obviamente no agradece, como los niños, sólo con el tiempo lo aprenden y algunos con los años lo entienden. 

La perversión se puede ver en gente muy buena, "buenita" e incluso inocente. Les encanta las frases "la intención es lo que vale"... Claro, cuando lo que uno da no sirve vale la intención, pero cuando uno tiene que recibir... ¿Vale la intención? Digo... ¿Vale la intención de intentar alimentar a un hijo, o vale el hacerlo bien? ¿Vale el intentar trabajar bien o el hacerlo bien? Digamos cuando uno no es responsable de las consecuencias la intención es suficiente y dulce, pero cuando hay que tener resultados es necesaria la madurez y responsabilidad. 

El perverso ahora es un producto común en la sociedad actual. El mensaje, como ya mucho decimos los analistas, es "Tú lo vales por tu mera existencia", "Te lo mereces", "Pide y se te dará", "haz un acto mágico y lo obtendrás". Todos mensajes perversos, infantiles, que eran cierto cuando éramos pequeños, que podemos anhelar pero sabemos que en la adultez no. De alguna manera, también como forma comercial y de marketing, se le vende al sujeto la magia... la magia de la vuelta a la infancia. El sujeto en posición perversa quiere que el otro pague por sus faltas. Por eso muchas veces son en extremo simpáticos, o defienden sus derechos (no sus obligaciones), o simplemente no se preocupan, porque en el fondo saben que siempre es el otro quien lo hará. Aparecen con formas de victimismos, o con la que cada uno encuentra, siempre para que el otro se haga cargo y no la propia persona. 

El perverso cree que su necesidad es suficiente para que se le dé y de hecho así lo reclama. Y conste que suele llamar a la "manutención" como "ayuda". No quieren que se les de una mano para que se levanten sino que uno se agache para que no se molesten. Siempre están listos para huir con el botín, pensando que están en su derecho y que el mundo es injusto (y ellos por supuesto que no) o para acusar con el dedo al otro, pero no plantearse sobre uno. 

Pero no hablo del perverso "puro" o de estructura, hablo de los aspectos perversos que lleva todo el mundo dentro, algunos más arraigados y otros no. 

El otro día me presentan un caso de un adolescente, que, obviamente cuando se ponen las cosas serias en el colegio no responde. No presenta problemas cognitivos, sino más bien "motivacionales" (vamos, que vagueaba todo el rato y así lo confesaba). Luego de escucharlo, obviamente estaba en posición perversa. Padres separados, una madre que había alimentado la perversión pero a la vez que se había ausentado como madre y presentado demasiado como obstáculo, en especial con la relación con un padre que de alguna manera quedaba opacado en la relación con su hijo. Digamos que esos hombres quedaban devorados o anulados por esta mujer. Sin embargo la revelación aparece por diferentes lugares. Y cuando el adolescente de 19 años falta a su sesión, porque "le dolía la cabeza" (cosa que decía cuando no quería ir al colegio o se olvidaba de hacer algo), y avisa 3 minutos luego de que había comenzado su turno y lo sabía desde la mañana, le informo que como ya sabía, lo tenía que abonar, porque estaba pagando por reservar mi tiempo. Lo interesante es que luego no viene porque le tocaba pagar a la madre y no lo hacía. El chico sabe de su deuda. Se lo informo al padre ya que eran los que pagaban. Y aquí aparece la perversión del chico. Se lo llevan de vacaciones dos meses, y no lo abona. No abona la ausencia, la mentira, la excusa, es decir, todo de lo que se venían quejando los padres
Y ahí aparece el real de esa familia, que aquello que vinieran a que el profesional se haga cargo era de la perversión que alimentaban ellos

Así el sujeto con aspectos perversos "nunca tiene dinero a pesar de ganar bien", se pone mal cuando "a la novia a la cual siempre engaño ahora esta con otro", como si se le fuese la mami con un hombre adulto de verdad. Y esto, repito, aparece en todas las estructuras. Porque todos de alguna manera mantenemos aspectos infantiles de nuestra vida y personalidad, pero digamos que se contienen en el aspecto afectivo. 

Así aparece los aspectos perversos, cuando el sujeto no quiere pagar por lo propio.
Hay un momento donde cada uno no solo entiende lo que le cuesta a uno, sino lo que le cuesta al otro. 

Los más jóvenes intentan a toda costa de no perder sus "derechos perversos", es decir de recibir todo gratis.
Pero digamos por ejemplo que el sujeto intentan trucar sus aparatos para conseguir gratis las aplicaciones y juegos que dan trabajo y esfuerzo a muchas personas. Dicen que son "empresas" y creen, como si fuese una proyección, que los precios son "a capricho". En otro momento de la vida el sujeto, si puede, claro está, entiende que tiene que pagar, así como él cobra por su trabajo. 

¡Tantos comentarios perversos!...

Una vez decía un hombre, ya en su treintena, que las empresas que consiguen mejoras tecnológicas tendrían que dejar que los empleados se vayan antes y sigan cobrando lo mismo porque lo hace una maquina. Y sí, lo decía en serio. (Sin calcular que dichas máquinas tienen costes, mantenimiento, consumo, etc. Sólo pensaba en lo que a él le concernía) 

El pensamiento perverso produce eso, poner siempre la falta, el coste, en el otro, con cierta prepotencia de la infancia y capricho de defender "su derecho a que el otro pague por sus faltas". 

De ahí la fantasía en el capitalismo que "todo se compra". Pero no todo se compra, y ahí aparecen por un lado las fantasías como brujos y promesas absolutas, y por otras las frustraciones y aceptaciones de la realidad que tanto molestó. O, también, los ataques de ansiedad y de pánico cuando una realidad, largamente negada, toca la puerta. 

La cuestión es que ahí está el tema, en donde pretende poner la falta cada uno.

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista
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