"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


25 de agosto de 2007

Buscando el camino Propio


Elegir una carrera es una de los enfrentamientos más difíciles que puede haber en la vida para muchas personas.
El primer punto es que se debe realizar a una edad muy temprana. Entre los 17 y 18 años, cuando está la persona más perdida que nunca, en medio de una espectacular adolescencia, pensando en miles de cosas, descubriendo cientos de mundos, se le hace una pregunta que categorizaría de “encadenante”: ¿Qué vas a estudiar para dedicarte el resto de tu futuro?.
Es decir, en el momento que la persona se está descubriendo en su vida, sus relaciones, en la sociedad, en el que está por terminar el colegio y entrar en un nuevo “mundo”, es en ese preciso momento y lugar conceptual donde se le hace la pregunta.
Si bien la realidad obliga a que la persona se plantee semejante situación no deja de ser totalmente ridícula si tomamos en cuenta el contexto y la experiencia de vida que tiene.
Pero éste no sería todavía el mayor inconveniente. Hay algunas personas que tienen la gran suerte de tener un entorno familiar que lo han apoyado en las diferentes expectativas que le fueron surgiendo en su existencia y tienen cierta experiencia. A algunos les gustan los números, a otros la música, los negocios, etc.
Pero a mucha gente se le a ido indicando lo que le tenía que gustar según las expectativas y frustraciones de sus progenitores o sustitutos de los mismos.
“Yo nunca pude ser médico pero mi hijo, como le pago los estudios, lo será”
O en otros casos:
“Él será ingeniero como yo. A mí me tocó sufrir mucho y abrirme paso solo en todo. Pero a mi hijo no. Él cumplirá mi sueño de poder hacer “mi” carrera sin sufrir y me eternizará en la historia”
Existen muchos tipos de mensajes. Encontramos otros en los cuales se les dice que no sirven para nada, o que se “morirán de hambre" si no hacen lo que le gusta a sus progenitores.
Con lo cual llegar a una decisión en dicho momento, tiene posibilidades de que termine en una frustración a largo plazo.
Muchos son los que hacen la carrera, le dan el gusto a los padres y después se dedican a cualquier otra cosa, pero tampoco placentera y otros lo terminan logrando.
Parece ser que lo que les quedó como mensaje es “lo que a ti te gusta es un hobbie, nunca un trabajo”. Con lo cual la persona tiene internalizado que trabajar nunca estará vinculado a disfrutar, realizarse, o pasárselo bien.
“Hay que sufrir para lograr las cosas”
Esta frase, si toman atención, se escucha a diario. Inclusive se sugiere.
¿Cuántas veces escuchamos al ir hacia el trabajo que la gente expresa angustia o sufrimiento?
Esto ya los predispone a un día penoso. Se levantan, miran las noticias con su bombardeo de información: muerte, terrorismo, miedo, hambre, perder lo que se tiene, protesta, disconformidad, violencia. No obstante, tienen que ir a trabajar-sufrir.
Quizás empecemos a entender porqué a tantas personas les molesta de sobremanera que alguien ría o sonría en un trabajo. De hecho lo condenan como un pecado o algo temible, al punto de no conceder un ascenso a esa persona porque no es “seria”.
A veces, los motivos de una infelicidad o frustración, puede tener tantos factores que ni siquiera los imaginamos. Construimos vidas en base a mensajes tristes que generan insatisfacciones.
¡Ah! Pero si lograse ganar muchísimo dinero, una buena casa y esas cosas, seguro que aplacaría todo eso ¿o no? Porque en definitiva eso me dicen todo mi entorno constantemente. Y si no seré un frustrado y regaré mi frustración allí donde vaya, incluyendo, claro está, la envidia de todo aquello que veo en los demás y tengo la certeza que yo nunca obtendré.
Lo que se llega a ver en estos casos, fuera de estas consecuencias (que son sólo algunas de entre muchas) es que la persona solidifica la concepción de sí misma. Al estar cada vez más lejos de lo que le gusta empieza a optar por lo que “puede”. Inclusive socialmente te dan trabajo sólo y únicamente “de lo que tengas experiencia”. Como si fuera un estigma que no se quita con nada.
Pero el peor estigma está en la cabeza.
He preguntado más de una vez: ¿Si tuvieras un genio que te concediera deseos sobre qué hacer en tu vida, qué le pedirías?
La primera respuesta es un silencio absoluto. Otras veces cambiar de tema radicalmente. Y luego de insistir, me he encontrado que un técnico, teleoperador, o profesional, me contestan cosas totalmente realizables, pero que no tienen en su vida.
Quizás el abogado es muy bueno decorando, y lo hace muy bien, pero es un hobbie. Y confiesa que le gustaría eso y vivir en tal lugar o tener un coche o una pareja que lo comprenda. Cosas sencillas y realizables. No me han dicho: Quiero levitar.
También encuentro gente con habilidades increíbles, pero tan sepultadas y llenas de polvo, que parecen trastos viejos cuando son exquisitas antigüedades.
Mucha gente sabe hacer cosas impresionantes, o son muy buenos en algo, que sólo hacen de tanto en tanto, porque eso “no es un trabajo”.
En nuestro cerebro y vida, a más espacio le damos a lo que “no nos gusta” más espacio le quitamos a “lo que sí nos gusta”.
Un buen remedio para ello es empezar a soñar y pensar qué podría hacer como trabajo y cómo me gustaría ganarme la vida. No necesariamente tiene que ser de magnate. Con ser jardinero/a, maquillador/a, gerente o lo que sea, es más que suficiente en tanto y en cuanto nos guste realmente.
Ahora ya somos grandes y podemos dejar de pensar en “eso da dinero, eso no da, eso no está bien, etc.” Quizás si empezamos a imaginar qué nos gustaría tener o hacer sea un buen comienzo.
Quizás nos animemos de a poco a hacerlo.
Quizás pasen cosas y las puertas se abran solas si estamos a gusto.
Explorarse es un trabajo un poco difícil, posiblemente por falta de práctica nos cueste al principio y por estos mensajes del pasado que dicen: “no podrás”. Pero les aseguro que hacer cosas que nos complacen nos dará una mejor vida.
Por otro lado, piensen un segundo en “Quien se lo dijo” ¿Fue alguien que era feliz y hacía lo que realmente le gustaba? ¿O una persona que a su vez se sometió a los mismos mandatos?
Quino, el autor de Mafalda, no es un dibujante muy variado desde mi punto de vista, tiene solo un estilo de dibujo. Sin embargo es un humorista increíble y Mafalda está traducida en más de 50 idiomas.
Y si él hubiese pensado que haciendo unos dibujitos de una nena se moriría de hambre ¿Qué hubiese pasado?
Sergio Alonso Ramirez
Psicólogo Psicoanalista



1 comentario:

  1. Me ha gustado muchísmo este artículo. Me ha hecho mucho mucho eco la frase: En nuestro cerebro y vida, a más espacio le damos a lo que “no nos gusta” más espacio le quitamos a “lo que sí nos gusta"
    Gracias

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