"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


23 de julio de 2013

Indagando en un "Príncipe Azul"

(Escrito del año 2007)El otro día tuve la oportunidad de conocer un Príncipe Azul. Su apertura se debió a que a un amigo se le ocurrió decir que era psicoanalista, con lo cual me planteó su “pregunta” ¿Por qué siempre se juntaba con gente que terminaba mal? Obviamente no soy vidente y empecé a preguntar. Fue una charla muy larga, con lo cual intentaré reducirla lo mejor posible:
Era Francés, se crió en África, vivió 10 años en España, y actualmente en Inglaterra. Era una persona de mundo.
Tenía un puesto de trabajo importante en un banco  en Inglaterra y ganaba mucho dinero.
Vivía en un chalet en Notting Hill que es una zona costosa de Inglaterra.
Tenía 33 años.
Su relación más
larga fue de 2 años.
Su actual relación era con un chico al “que le pagaba cosas”, pero que “nunca dejaría que entrera en su casa, o en su vida amorosa”
Demostraba ser una persona no sólo inteligente para retener datos y reproducirlos, sino también a nivel personal.
Su historia básicamente era que conocía a un chico, lo trataba como un rey y le compraba cosas todo el tiempo. Lo invitaba a comer y disimuladamente mostraba sus suntuosos aposentos y todas las posibilidades. Y para poner el lazo al regalo, se entregaba totalmente a ellos. O sea, un hombre que lo tiene todo, se arrodilla ante tus pies…
Una Frase de él fue “Ellos siempre quieren que las cosas no cambien, y yo, siempre busco el cambio”. Luego aclaró que se trataba de que las otras personas buscaban asentarse y él buscaba algo nuevo, diferente, algo más. Como que nunca terminaba de estar satisfecho con nadie.
En un análisis más profundo, salieron a la luz cosas muy interesantes. Su padre había muerto cuando tenía 18 años. Su madre se había vuelto “dura” para suplir la imagen del padre. Con lo cual él lo vivía como una falta importante de afecto por parte de la única persona cercana que tenía.
Gracias a sus capacidades, lo que este el príncipe este hizo fue construir su castillo. Con idiomas, preparación e inteligencia, logró construir su Bunker económico donde ya no se sentía indefenso. Tenía lo que muchos sueñan. Pero paradójicamente este refugio a la vez se le convertía en una suerte de cárcel.
Si bien lo protegía por fuera, por dentro seguía siendo un bebé indefenso y desprotegido. Así propuse una metáfora: “había vuelto al vientre materno”. Allí dentro estás cómodo, nadie te puede hacer nada, tienes todo lo que necesitas y los demás sólo pueden ver la panza de la embarazada pero nunca podrán molestar al feto (Aparte de recrear la protección y afecto que sintió que no tuvo de su madre cuando era mayor).
Lo que hacía el príncipe con sus “amadas-víctimas” era un juego un tanto particular. Les mostraba sólo "la panza de la embarazada". Es fuerte, protectora, cálida y nunca falta alimento. En un mundo donde la gente no suele sentirse valorizada, cuando aparece este príncipe es, evidentemente, como ganar la lotería. La contradicción es que estas parejas eran parte de la panza de embarazada, parte de la capa protectora, porque buscaba individuos que justamente no sean muy inteligentes, básicos, de buen corazón y que no puedan lastimarlo. Pero que, en definitiva, nunca lo verían realmente a él, sino su fortaleza. De ahí que el buscaba el “cambio”, el poder ser diferente, salir de su castillo, y “los otros” querían desesperadamente entrar. Estructuralmente sus parejas nunca llegarían a buen término. Con lo cual antes de comenzar con una pareja había un reclamo (afectivo). El reclamo se traduciría en hacerle notar a la pareja lo que tenía que cambiar, cuando en realidad, esto es lo que le gustaría decirle a la madre. Porque si no hubiese sido así, él tampoco se tendría que haber refugiado. Y a su vez se repetía la historia de este hombre. Al principio les daba toda la protección que necesitaban, como si fueran niños indefensos, se comportaba como un padre complaciente, y luego les demandaba a los mismos que sean adultos, viviendo en ellos aquello que le había pasado a él pero ahora proyectado en sus parejas.
Lo interesante era como jugaba a reflejarse y verse en los ojos de adoración de la gente a la cual le daba todo. Pero el que da todo, lo pide todo ya que se posiciona en el lugar fálico, el lugar de completud del otro. Es decir, cuando él le "daba todo" a ese que atrapaba en su escena, si bien el otro se sentía adorado, el que terminaba siendo la fuente de adoración era él mismo. Y en ese momento, donde se sentía deseado, aparecía la demanda... La demanda de "deja de ser un niño y se mi hombre"...  Pero claro... el los conocía como niños, los ponía en ese lugar para él ser adorado. Era como quedarse atrapado entre dos espejos y no saber cual de todas las imágenes era él mismo, si el otro que recibía todo de él (y luego él lo demandaba) o si el que daba todo al "otro" pero con la demanda oculta en cada regalo. Lo angustiante para este hombre, es que a pesar del poder de seducción que ostentaba caía el mismo en su propia escena y terminaba estando solo y repitiendo una y otra vez lo mismo.

Sergio Alonso Ramirez
Psicólogo - Psicoanalista







4 comentarios:

  1. OSOM! Alguna vez tuve una relación "principe azul", cuando terminamos comencé a ir a análisis en el cual llevo poco más de dos años. Al final él me decía que "estaba muy chiquita" (me llevaba 10 años), después de que terminamos me enteré que al poco tiempo empezó otra relación con alguien menor que yo.

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    1. Muchas veces suelen tener un patrón de conducta repetitiva donde hacen lo mismo una y otra vez. En el mejor de los casos la persona sufre, en el peor hay intentos de suicidio porque hacen sentir a la pareja como la más especial de la tierra... pero con el detalle que el día que se van... se cae del podio y puede ser muy dura dicha caida.

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  2. Sergio, me he leído el artículo un par de veces, pero me ha quedado la duda de dónde encontraba el sujeto esa adoración que lo satisfacía gracias al síntoma; supongo que de algún modo también podemos llamarla deseo. Si bien el sujeto no hacía sino reproducir su historia en los demás, ¿la hallaba viendo la manera vigorosa en que él mismo había sobrevivido a las circunstancias? ¿Acaso el hecho de proyectar sus penurias sobre una tercera persona era lo que le proporcionaba satisfacción? ¿O era el adoptar la función de sus progenitores lo que le satisfacía? Gracias de antemano.

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    1. Hola Quint,
      Mira, esto fue una larga charla en una noche. Sin embargo hacía como una trampa. Primero embelesaba al otro, lo trataba como si fuera un padre cariñoso, o quizás un madre que lo da todo. Eso enamora a casi todo el mundo. Ponía al otro en el lugar del narcisismo. Sin embargo, una vez que obtenía su objeto, luego de un par de años, le reclamaba que cambie, que haga algo. Había como una cuestión un tanto sádica, ya que le daba el “caramelo” y luego les decía que no lo coman más. Creo yo que su satisfacción, su goce, era repetir su propia historia. Refería que su madre no le prestaba atención y lo demandaba. Quizás podría pensarlo, como hipótesis, en el famoso repetir para no recordar. Pero repetir en el otro ser el objeto deseado y amado y luego abandonado y reclamado.
      También es cierto que en todo momento era él mismo quien se ponía como objeto fálico del otro. Hacía como un juego especular. Donde el otro se pensaba objeto fálico, era también él mismo quien lo creaba, por tanto fálico. Entonces creo que el goce pasaba por esta repetición donde él se sentía objeto fálico del otro, y una vez amado y deseado, lo rechazaba, lo demandaba pidiéndole que no sea quien era. Cabe aclarar que este chico se juntaba con hombres que eran medio pobres, o venían de situaciones precarias (como el niño frente a los padres). Él era el príncipe que los convertía en reyes, pero luego… se los quitaba. Algo muy similar a lo que refería en su historia personal. El tema es que con el dinero que ostentaba y tenía le gustaba seducir a todo el mundo y sabía cómo hacerlo.
      Fijate como sería su cuestión transferencial que me llamó algunas veces para invitarme a "comer" (a lugares muy caros) para intentar embelesarme también, sin darse cuenta que justamente, como analista, hay un encuadre... pero todavía estaba muy lejos de castrarse (parecía que soñaba con la prepotencia infantil de poder obtenerlo todo).

      Te mando un saludo cordial

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