"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


24 de marzo de 2019

Tan difícil es amar y educar para que el otro se haga cargo de su falta?

Tan difícil es amar y educar para que el otro se haga cargo de su falta? - pregunta Mar en un comentario de Facebook (www.facebook.com/Psicosujeto)
La cuestión es que generalmente al amar en los hijos no solo se pone el narcisismo de uno y se ama uno en ellos sino también se ponen ideales, frustraciones, deseos insatisfechos pero a su vez se deposita un yo ideal que no quiere que al hijo/a le pase nada, que no sufra, que no le falte nada. Ponemos a su vez algo de perverso al pretenderlo sin faltas. Simplemente que siga las normas y que le vaya bien y a la vez que continúe siendo eso tan preciado. Sin embargo él también se ve con esos ojos y es una mirada de un ego que pretende encontrarse sin falta. Incluso hoy en día ya no es común escuchar las palabras esfuerzo, dedicación, paciencia, tenacidad, ahínco y resignación. Sino logro, éxitos, tu puedes, si te lo propones lo lograrás, etc. Como si viviésemos en un mundo sin empleados, taxistas, meseros, enfermeros, gente mediocre, común y corriente, gente que no son eso especial que ahora parece que está al alcance de todos pero sólo muy pocos, como siempre, alcanzan. 
El otro día posteaba una frase con la palabra inferioridad y a la gente le picaba, le jodía, le molestaba, porque cuando reclamamos, chillamos y pedimos nos creemos importantes, sublimes, con “derechos”, etc pero no queremos decir “pedimos porque estamos en inferioridad con respecto de a quien pedimos”, eso no, eso jode. 
Y eso también es asumir la falta, es aceptar y aprende a vivir con lo que se puede y se tiene y que no todos seremos Mozart, Steve Jobs o presidentes la nación.
Pero quizás aprendamos de la falta como Ceverino, mi vecino del pueblo, que ya cuenta con 81 años y le cuesta caminar. Hoy mismo me contaba como de pequeño con unos 5 años se levantaba temprano a cuidar las ovejas con su padre. Como llego a este pueblito (que es más bien una aldea) sin nada más que 30 pesetas. No tendría estudios ni ayudas ni grandes derechos ni beneficios pero él tenía en claro que estaba en falta y que tenía capacidad de trabajo. Y así, trabajando, ahorrando, invirtiendo en su realidad y no sus fantasías narcisistas, fue comprando un pedacito de tierra, un corral, su casa y así acabó teniendo sus cosas. Con esfuerzo con trabajo y sin baño. Sí, aquí se iban al campo y eso era el baño con 14 grados bajo cero en pleno invierno. 

Por eso me gusta tanto escuchar las historias y la economía de los abuelos de pueblo y del campo, porque, al menos para mi, son de gente que se logra. Primero asumen su falta, saben lo que tienen y lo que no, y han luchado y logrado superarlas e ir más allá en muchos casos. Quizás no han inventado el iPhone pero ellos nos recuerdan como ser felices. Porque mientras el joven que nada tiene más que narcisismo y fábulas de lo que quiere hacer pero no de lo que puede hacer, los mira con desprecio, ignoran que esa gente aprendió siempre a ser feliz porque supieron alimentar el hambre y no las fábulas. Porque para quien sabe que no tiene, quien lo asume, cada logro es un logro. Pero quien en una fábula vive... los logros son para los desgraciados y no para los dioses como ellos que todo quieren y poco hacen. 
Quizás la pregunta de Mar es mucho más profunda de lo que creemos porque por un lado queremos que a nuestros hijos nada les falte, pero si nos les falta nada, lo que les faltará son logros y felicidad. Difícil equilibrio ente nuestro narcisismo proyectado, el sufrimiento y la felicidad. Porque desde el psicoanálisis sólo conocemos el placer a partir del displacer y el deseo a partir de la pérdida... y la felicidad con el reencuentro de lo perdido.
Habrá que estar dispuesto a perder, a reencontrar y a la humildad para poder vivir en falta y feliz. 
Entonces a la pregunta original de la dificultad de que el otro se haga cargo de su falta, tendrá que ver con dejar a los hijos que vayan a la vida a perder y ganar.

Sergio Alonso Ramírez 
Psicólogo Psicoanalilsta 

1 comentario:

  1. Es así Sergio
    Sabernos siempre en falta y hacer cada uno de nosotros lo que sea necesario para intentar cubrirla (aunque claro está nunca lo logremos) sin pedir a un otro que lo haga
    Gracias!
    Hermosa reflexión

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