"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


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13 de abril de 2022

Relaciones Simbióticas

 


Las relaciones simbióticas refieren a un tipo de unión particular donde se va difuminando la separación entre un integrante de la relación y otro. Es allí donde el sujeto se entiende como parte del otro y no soporta la separación, pudiendo entrar en estados de desorganización psíquica. 

Hoy tocamos este tema en relaciones, que no solamente tienen que ser amorosas. 


Saludos

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo - Psicoanalista (atención online)

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19 de septiembre de 2021

Nos queremos mucho, pero de a ratos

Normalmente no nos paramos a pensar que el bienestar de la mayoría de las relaciones tiene que ver con la cantidad de tiempo y privacidad que mantenemos con los demás. 
Es más fácil llevar mejores relaciones con quienes compartimos tiempos más limitados, exceptuando cuando hay “intimidad”, ya sea con pareja, hijos o conviviventes con quien la tenemos. 
Si nos paramos a reflexionar, con pocas personas tenemos mucho tiempo de interacción, sino más bien temporal y encuadrado en contextos. Incluso en el ámbito laboral son una cantidad de horas al día y aún así hay más posibilidad de roces a mayor interacción. 
Es decir, no nos es tan fácil como creemos llevarnos bien con el “otro”, con nuestro semejante. 
De ahí podemos pensar en la frase “si quieres perder a un amigo/a vete a vivir con él/ella” o la frase más célebre “convivir no es tan fácil”.
Si bien en nuestras mentes pensamos que nos sería fácil (en definitiva somos seres sociales) en la práctica no. En mayor o menos medida nos puede gustar, necesitar o encantar el encuentro con el otro, pero durante un tiempo limitado y encuadrado en contextos específicos. Hay atenuantes como circunstancias, edades, caracteres, etc. Pero la “intimidad” no es algo tan fácil como nos gusta creer.
Incluso las visitas tienen un tiempo donde nos gustan y si se pasan de cierto límite no dicho, ya empieza un escozor.
Creo que una de las cosas que influyen es justamente que al otro, como siempre decimos, lo completamos con lo que fantaseamos y a más podemos interactuar más podemos descubrir aquello que nos aleja. 
Paradójico ¿no? Nos buscamos en el otro pero no tanto. 
Sin embargo hay relaciones que rompen con lo dicho: las parejas. En esa intimidad, que también está mediada por el tiempo que los separa y los contextos, parece ser que podemos acomodarnos un poco mejor. 
No faltarán los comienzos de las vacaciones con peleas y discusiones, fruto de un cambio de escenarios y tiempos que traen a la luz cuestiones antes ocultas. Pero ahí nos adaptamos, parece ser que a pesar de todo, nuestra psique así como no soporta tanto al otro hace de tripas corazón para poder estar con quienes quiere y más o menos aguanta.
Quizás tenga que ver con las famosas pulsiones de Freud y la libido que siempre busca satisfacerse y si no la de muerte elimina a quién o qué lo impida. Y cuando estamos mucho con alguien en algún momento se convierte en quién lo impide, no sólo la satisfacción pulsional, sino esa identificación que siempre buscamos con el otro en donde la diferencia tanto nos molesta. De ahí que con un poco de muchos cada cual se hace un mundo más o menos soportable y a al vez más o menos ideal.

Sergio Esteban Alonso
Psicólogo Psicoanalista 

20 de noviembre de 2020

La Matrix, la cultura y la existencia antes y después de la vida

 


El sujeto esta precedido por el lenguaje. Existimos ¿antes? ¿después? ¿Cómo? ¿Hasta dónde somos quienes somos y por qué?


Sergio Alonso Ramírez

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16 de septiembre de 2020

Demonio o Superhéroe

 



Anoche veía una película del 2010 donde se quedan atrapadas una serie de personas en un ascensor. El truco (spoiler) es que uno de ellos es el demonio. El mismo viene a llevarse a todos. Pero no porque eran buenos y santos sino porque todos eran gente bastante jodida y que había hecho el mal. 

Esto me llevo a pensar en algo interesante. 

Bruno Bettelheim en su libro Psicoanálisis de cuento de hadas da cuenta de un proceso en los niños sobre la concepción de los buenos y malos. En todos los cuentos los buenos son unos y los malos otros. Para ellos no hay todavía una integración clara de los grises de las personas. Entonces los buenos son todo buenos y los malos todo malos. La hada madrina será la mamá toda bondadosa y amorosa y la bruja la que tiene los sentimientos despiadados. 

Ahora bien, la visión de un Dios y de un Demonio es igual a esta mirada. Pareciera ser que, depende de las época y del discurso, uno es todo amor y el otro odio. Pero también se observa que “el que se lleva a los malos al infierno” es el Diablo. Y uno se queda pensando… y entonces ¿El diablo es el malo o el héroe? No es que viene Dios y le dice “por jodido te vas a ir al infierno”. Sino que el “todo bueno” se desentiende para que se entienda el “todo malo” pero que a la vez viene a traer una especie de justicia, un tanto sádica, pero la trae al fin y al cabo. 

Y de golpe, en este hilo de pensamiento digo: ¿No somos acaso nosotros los que anhelamos que el malo pague por sus maldades y el bueno reciba el premio? ¿No somos acaso nosotros los que al desear lo peor para el villano, somos los que, de alguna manera, invocamos al héroe justiciero que aparece como un demonio? 


¿Será el demonio tan sádico como los deseos de los humanos recubiertos de la ética y moral de cada época?


Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista

7 de junio de 2020

Expectativas divinas - Realidades Humanas


Estamos en una época donde parece que los dioses tienen nombres, apellidos, empresas o habilidades. Ya no están en el cielo, parece que están al alcance de la mano y los mundanos humanos podremos alcanzarlos. Pero esto genera expectativas que no son para nada gratuitas comparadas con realidades que nos rodean. Abordamos entonces cómo se nos juega esto en nuestras vidas y en la percepción de felicidad que podemos tener. Sergio Alonso Ramírez Psicólogo - Psicoanalista (atención personal y online) sergioalonso2000@gmail.com Psicosujeto www.psicosujeto.com Consulta: psicosujeto1.blogspot.com Facebook: www.facebook.com/psicosujeto citas: (0034) 647 81 81 38

6 de mayo de 2020

El peligro de la Soberbia - Psicoanálisis



Nos preguntamos sobre la soberbia, también la solemos confundir con el orgullo. Pero en definitiva ¿qué es y qué mecanismos y peligro conlleva? Quizás no sea algo tan inocente como la suponemos y pueda generar estragos en el sujeto. Sergio Alonso Ramírez Psicólogo - Psicoanalista (atención personal y online) sergioalonso2000@gmail.com Psicosujeto www.psicosujeto.com Consulta: psicosujeto1.blogspot.com Facebook: www.facebook.com/psicosujeto citas: (0034) 647 81 81 38

10 de abril de 2020

Dejar de esperar para empezar a cambiar - Coronavirus

De alguna manera entre las diferentes sesiones los pacientes van aportando su mirada y pensamientos al respecto de la crisis del coronavirus. Y en resumen les compartiré lo que discurre entre todos:

El coronavirus deseamos que "se" pase. Pero no "se" pasa. Lo que pasará es la cuarentena pero eso no significa que se vaya a ir el virus. Al menos de momento. Esto nos trae a la luz que debemos ser nosotros los que tengamos que adaptarnos a poder funcionar y volver a hacerlo pero diferente. Quizás pase un año hasta que estemos a salvo. Sin embargo esto es una buena oportunidad para cambiar. La psique individual y la grupal no cambian fácilmente. Quieren pequeñas modificaciones a sus formas de satisfacción pero no cambiar. Incluso si el cambio es favorecedor, nos cuesta la incorporación de nuevos sistemas. Una especie si no se adapta a tiempo se extingue. Y aquí debemos ser capaces de aprender a adaptarnos, desde el comerciante, el trabajador independiente y las empresas, pero sin dejar de lado las formas sociales de interaccion. No podemos tener el lujo de quedarnos "esperando". Hasta ahora la mayoría estaba expectante, pero ahora tendremos que pensar cómo cambiar la forma de discurrir social y laboralmente. Es más, la crisis económica tampoco es tan central ahora como el "cómo volver a discurrir como sociedad".
Muchas cosas que a veces veíamos como lejanas deberemos aprender a hacerlas cercanas si nos sirven para ponernos a funcionar. Y quién tarde en darse cuenta (como los países con el coronavirus) pagarán por su negación, como siempre.
Quizás debemos empezar a dejar de estar temerosos y angustiados y comenzar a pensar, por más que sea lo nuevo, lo desconocido (y angustiante frente al vacío), a preguntarnos cómo podemos seguir, diferentes, pero seguir. Y creo que el real desafío de toda psique individual y social es esa.
Esta gran pandemia traerá cosas horribles, dramas y penas, pero también es la oportunidad de descubrir cosas nuevas.
Creo que los empresarios, creativos y todo sujeto tiene que empezar a salir de la espera y empezar a decir "¿Y esto no lo podré hacer diferente de momento?". Quién sabe ¿no? Quizás todo esto nos traiga novedades que de otra manera tardaríamos mucho. Hay empresarios que están reduciendo personal, ERTES y demás... bien... pero eso es un simple paliativo, un seguir igual a ver qué tal se resuelve. Tenemos que comenzar a pensar en lo nuevo lo diferente lo creativo para seguir adelante, de contrario... no sobrevivirán esas empresas.
Yo por mi parte, como siempre, los podré atender a distancia, como comencé hace mucho, cuando todos se agarraban la cabeza ante lo nuevo, y posiblemente ahora lo tengan que hacer todos... somos chistosamente contradictorios. Pero en realidad es la resistencia a nuevas formas de satisfacción, lo nuevo no suele ser tan bien recibido hasta pasado un buen tiempo... Salvo que haya una tragedia y lo nuevo sea la salvación. 
Dejar de observar y comenzar a cambiar es la propuesta que dejo sobre la mesa.


Saludos a todos
Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista
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5 de diciembre de 2019

La crítica cotidiana y la pulsión de muerte

Hoy pensamos sobre la crítica cotidiana, tan largamente criticada a su vez pero enraizada en nuestro ser desde siempre ¿Tendrá algo que ver la pulsión de muerte en ella? ¿Qué se juega en la crítica? ¿Cuáles son los confines y límites de la misma y dónde nos puede llevar? Pero principalmente pensamos para qué lo hacemos, qué satisface, que se pone en juego en esto que siempre sucede



Sergio Alonso Ramírez Psicólogo - Psicoanalista (atención personal y online) sergioalonso2000@gmail.com Psicosujeto www.psicosujeto.com Consulta: psicosujeto1.blogspot.com Facebook: www.facebook.com/psicosujeto citas: (0034) 647 81 81 38

16 de octubre de 2019

El Águila, el Pez y el Caballo

La semana pasada apareció una metáfora que voló como un pájaro entre diferentes pacientes y me parece que quizás el compartirla aquí le sirva a alguien:

El águila vuela por los aires, el pez nada en el rio y el caballo galopa en el prado. 
No le podemos pedir al águila que nade ni al pez que galope ni al caballo que vuele. Simplemente morirían por no estar en su elemento. De esto se desprende que muchas veces nos pasamos años e incluso vidas enteras no aceptando que el otro es un águila, un pez o caballo. Y le pedimos al águila que se meta en el agua o al pez que galope o al caballo que vuele. Tanto nos cuesta aceptar que el otro, quizás no está enfermo, no es un síntoma, sino que es lo que es que sufrimos en cambiar lo que no se puede cambiar (y al otro que tampoco puede dejar de ser quién es).
En una segunda mirada a esta metáfora se puede leer que nos podemos pasar muchos años o una vida entera no aceptando que, nosotros mismos, somos lo que somos y que a más lo neguemos más lo sufrimos. Es aquello de aceptar la falta también. Pero en una tercera mirada podemos pensar que hasta que el pez no vuelve al agua, el caballo al prado y águila al aire ninguno no va a estar feliz porque no está en su medio. Y que justamente es allí dónde podrá desarrollarse mejor y ser quien es. Porque en definitiva creo que un factor que nos hace sentir más felices es en abandonar los ideales del otro y poder encontrar en propio medio que nos hace más felices. No creo que sea algo fácil, aunque cuando se encuentra se ve sencillo, pero sí creo que aquellos que encuentran sus lugares es allí donde se pueden sentir realmente mejor e incluso pueden desarrollar su galope, su nadar o su vuelo.

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo - Psicoanalista

11 de octubre de 2019

Quizás terminar todo tan rápido no sea lo mejor

Hay como un frenesí, una carrera porque todo se terminé antes dada la fantasía que a antes se empieza se llega más lejos o mejor... Sin embargo aparecen otro tipo de discursos a partir de los 40's de los que han terminado todo muy temprano...



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13 de septiembre de 2019

La fijación antagónica con el padre en la obsesión

Hay algo que aparece interesante en los casos de obsesión que es la fijación antagónica con el padre. Esa pleitesía que se le rinde y a la vez resquemor. Todos sabemos esto porque aparece siempre, en diferentes formas, incluso en idealizaciones odiosas. A su vez aparece la imagen de la madre empobrecida en el discurso. Sin embargo la pregunta esta pendiente ¿Cómo se genera estos rasgos?



Sergio Alonso Ramírez
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29 de mayo de 2019

Hablar como analista para ser entendido, admirado o una mera repetición?

El otro día me dijo otro analista que debería dar una charla o libro que se llame "las cosas como son". Se refería a la forma directa de expresarme que tengo. Y a su vez me he dado cuenta que Linkedin ha aprendido algo de la forma de expresión de los psicoanalistas:
Dicen por ejemplo: Experta/o en manejo de moneda, gestión de cobro, balance de caja y control de mercancía a través de la tecnología correspondiente con contacto directo con el cliente de forma efectiva y expeditiva (Traducción: Cajera/o de supermercado).
Una vez pregunta una persona en una conferencia esta frase que, de alguna manera mística, se puede pensar: "El inconsciente existe sólo en la sesión de análisis"...
El analista tan pulcro en sus decires le dice que hay cuestiones que se juegan en lenguaje que se ponen de relieve y develan a través de encontrarse con ese otro que de alguna manera deja un espacio para que surja aquellos significantes que no aparecen... y así...
Traducción: Esto es como una nevera, uno anda con la caja blanca de aquí para allí y de golpe cuando vas al analista te das cuenta que la caja tenía puerta y que adentro habían un montón de cosas. Y que eso surge en las sesiones a partir de preguntas o puntualizaciones (también interpretaciones) que te dice el analista con la respectiva sorpresa del sujeto que, como un mago, va sacando cosas de su "galera-nevera". Vamos, que tampoco sabemos a ciencia cierta qué tripas tenemos pero si pudiésemos ver una operación nuestra nos asombraríamos de aquello que llevamos dentro. 
Y uno se pregunta ¿Tendrán que ser aquellos que tanto hablan de poder seguir su deseo y asumir la falta, iguales a modelos-ídolos a seguir? ¿Entenderá la libertad aquel que tan fiel es al Otro? ¿Se puede pensar mientras no se puede pensar en otra cosa que el Otro dicta? Podrá el analista descubrir y descubrirse sin tener que ser el próximo gran pensador?
En definitiva, podrá el analista animarse a ser quien tiene que ser a partir de su historia, sus características, su estilo y su saber?...

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista

5 de abril de 2019

Video: Después de la carrera, ¿Qué?



Todo parece muy recto, muy programado e incluso evidente. Sin  embargo las personas terminan sus estudios y se encuentran frente a un gran vacío en el mundo exterior, de si  mismo que a su vez produce preguntas, angustias y algo de desesperación también. En este video pensamos sobre esta situación al terminar los estudios y dejar de ser "estudiante" para pasar a ser... algo más.

Sergio Alonso Ramírez
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11 de noviembre de 2018

Al sadismo le encanta disfrazarse de justiciero



El sujeto no es ajeno al sadismo, a la pulsión que se satisface en el dolor del otro, que también la podría vincular a la pulsión de muerte, destrucción. Necesaria para afrontar o cambiar situaciones y otras para generar guerras, destrucción, enfermedad y sufrimiento. Pero el humano, como sujeto y sociedad, siempre encuentra un grupo en el cual saciar su sadismo y pulsión de muerte. Cambian de objeto, pero no el sadismo en sí y dicho afán de destrucción. Incluso  el sujeto se siente "que lo hace porque tiene razón" y se enzarza con un grupo o característica del mismo. Cree que está del lado bueno, y cuando alguna ideología de turno que atraviesa la cultura en ese momento lo habilita a descargar su sadismo, su insatisfacciones y frustraciones, lo hace contra otro sujeto que pueda encajar ahí. Cuando Freud hablaba de pulsión de muerte la gente se agarraba la cabeza. Ahora es tan fácil verla... no hay guerras pero buscamos afanosamente donde ver demonios para matarlos, exorcizarlos y torturar al otro en pos de su bienestar: Mujeres poseídas, brujos y brujas, gays, negros, judíos, mujeres, extranjeros, hombres, inmigrantes, emigrantes, machistas, gente de derechas, izquierdas, diferentes, etc, etc. Ahora las formas neonazis aparecen disfrazadas de ser "comprensivas y abiertas" pero te pueden perseguir, acusar e incluso realmente perjudicar (sin mayores investigaciones) por una multiplicidad de cosas, desde cómo hablas, de qué hablas, si no hablas como unos u otros, si no piensas "como ahora dictan nuevas corrientes", si te gusta una cosa u otra, incluso si eres más tradicional. Hay tantas formas de joder a los demás en pos del "progreso"  que más que una corriente de pensamiento y demás, se congrega como una forma de justicieros sádicos que te pueden acusar de todo y así destruirte... porque ellos son buenos y tu no. Son, efectivamente, formas neonazis (por llamarlo de alguna manera) pero con los formatos a veces invertidos, similares o iguales. En USA hasta te pueden maltratar, perseguir, perjudicar por tu color... Blanco. Observamos que es una forma de racismo también pero encubierto por el pasado que "justifica" que ahora se deben vengar y ser igual de sádicos que sus predecesores. O el que fue reprimido reprime al otro (porque se siente habilitado a ser igual al que acusa pero del lado opuesto). O incluso no se puede levantar la voz ni mandar a cagar a nadie. No, eso no, no está bien y eres una mala persona... salvo que pertenezcas al grupo que sí puede gritar. Ahora se pone de moda que todos pueden (especialmente la gente más frustrada en sus vidas personales)  tomar la justicia en sus manos, la agresión o persecución. El sujeto, ahora, "por las redes" puede unirse con otros a saciar su sadismo y pulsión de muerte "justicieras" y descargar toda su frustración en el otro. Se mueve sigilosa la pulsión de muerte y la sádica y toma al sujeto que ni siquiera se entera. En fin... Al sadismo, le encanta disfrazarse de justiciero

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista

19 de octubre de 2018

Breve explicación de las resistencias

Bueno, ahí esta el tema, las resistencias. Justamente cuando el sujeto se acerca a algo o tiene que revelar algo y sabe que lo sacará a La Luz de su análisis, la psique se protege para mantenerlo reprimido. Con lo cual cuando se aproxima a salir lo que hace es evitar el análisis mediante olvidos, situaciones donde se hace difícil hablar o escuchar, es decir, pone de manifiesto resistencias que justifica como casualidades, olvidos, circunstancias, confusiones (aparentemente lógicas y otras extremadamente absurdas), enojos e incluso apatía (como que no pasa nada). También se puede ocultar en un supuesto rasgo infantil “ser colgada/o”, que es como decir que no es muy responsable y enmascarar lo que le sucede detrás de ello. Ahí hay dos salidas, que el paciente sea fuerte y las trate de vencer y poder seguir su análisis o que el síntoma lo domine y “tome la decisión “ de huir (haciendo caso omiso a todas las resistencias como evidencia de que algo le sucede.

Para que sea más fácil de entender: el adicto tiene mil excusas para dejar de drogarse pero ninguna para ir a buscar más droga

Sergio Alonso Ramírez 
Psicólogo Psicoanalista

17 de septiembre de 2018

La trampa del algunos sufrientes

Te demanda, te pide, te acosa, te acusa, te quiere, te promete, te traiciona, te abandona, te odia, te pide que entres en el infierno, te dice que se te dará todo y te quita todo. Llora y apunta con sus lágrimas acusatorias a tu persona. Sufre, anhela y pierde todo el tiempo, pero intenta secuestrarte en su dolor, su angustia, su pérdida...
Y luego de todo esto te mira y te dice: "cruel". Representa una y otra vez lo que le han hecho, pero ni se da cuenta que ahora se lo hace a los demás enarbolando la bandera del victimismo. Y así va por la vida, llorando lágrimas de veneno que dará a probar a quien se acerque a preguntar qué le sucede. 

Parece un cuento,  una metáfora, pero es una patología. 

Y lo patológico ni siquiera es el sufrimiento, sino el bucle en el que se encuentra del cual no puede salir pero quiere que tú entres. 


Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista

20 de agosto de 2018

Cuando no hay verdad



El otro día iba por la carretera mirando un águila volar. Y me imaginaba que un niño la veía y preguntaba qué era eso. Un cazador le diría que es una presa, un ecologista que es un ser vivo respetable, alguien de ciudad una cosa y alguien de campo otra. Aún más, si el niño estuviese en Japón, quizás le explicarían que es un espíritu del bosque con ciertas facultades, pero un biólogo le contaría otra cosa. El niño se daría vuelta y preguntaría cual es la verdad. Y la respuesta sería "Todas y ninguna". Todos los humanos necesitamos sujetarnos a alguna verdad, algo que nos organice, que nos de un basamento sobre la realidad. E incluso el intelectual tiene su verdad y es que no hay verdad, sino verdades. Sin embargo esto, también es una contradicción pero a la vez una verdad. Por eso algunos eligen que su verdad es aceptar que no hay una verdad, y así también son sostenidos por la misma.

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista

16 de agosto de 2018

Cuando la verdad también es una mentira




"Él trabaja se esfuerza y le va bien. Pero no admite qué le pasa ni por qué se esfuerza sino que se justifica y piensa que es un campeón, un ganador y que tiene lo que le corresponde, lo que se merece. No ha renunciado a una mirada narcisista infantil, no admite la falta y que justamente porque está en falta se esfuerza, se logra y obtiene grandes o pequeñas metas. No parte de la premisa que como ha perdido (la falta) tiene algo que ganar, sino que intenta hacer cosas que justifiquen que no ha perdido nada, mantener un estatus narcisista absoluto e infantil. Entonces los logros son mentiras que niegan sus faltas. De ahí que pueden perderlo todo, porque supone que lo que tiene se lo merecen por su existencia y no por su esfuerzo y trabajo ya que con su mera presencia no es suficiente. Quien logra aceptar la falta entiende que le falta, que debe hacer algo en la vida porque está en falta y por eso lucha. Y es ahí donde el logro es fruto de lo que le falta. En cambio cuando el sujeto niega su falta y quiere lograr para sostener la mentira de que no le falta nada, es cuando sus logros son mentiras. La misma situación al sujeto se le puede jugar como remedio o veneno, como verdad o como engaño. Es así como en el psicoanálisis las cosas no tienen un valor absoluto sino dependiendo desde donde se vivencian subjetivamente". Entonces cuando alguien tiene un logro pequeño o grande y lo usa para pensar que no ha perdido nada, que no se ha castrado, que no esta en falta, es un engaño, una mentira, una forma no aceptar que sus faltas no son pasajeras sino estructurales y siempre las tendrá. 


Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo - Psicoanalista

5 de mayo de 2017

Te odio por dejar de ocultar mi realidad



Ella le reclama, lo odia, se quiere vengar de él. Después de la separación está muy dolida. Pero no tanto por la separación como ella cree. Si no porque mientras estuvo con él ella "esperaba" que le llegue el estrellato, "no conseguía trabajo", iba al gym y a yoga y cada tanto hacía alguna cosita "de lo suyo". Mientras ella esperaba como un princesa a que se le diera el reino, él trabajaba 12 horas al día, de lunes a viernes, mantenía su existencia, la de ella y sus delirios de niña adorada.
El padre le dijo "si te vas a ser actriz no te mantengo más". Pues ella cambió de padre y listo. 
La cuerda, de tanta erosión, se cortó. Y ella ahora lo odia, pero lo hace porque ve que su trabajito para "colaborar" del fin de semana no sirve de nada, que ahora tiene que trabajar la semana entera, que no hay tiempo de ensayos, de yoga, de gym, sino que tiene que comer y pagarse el alquiler y que el peso de su existencia se calcula en la moneda corriente de su país. Ahora lo odia, como un adolescente odia a los padres cuando los invitan a ser realmente adultos.

Lo que ella tampoco sabe, es que ahora pone todo su rencor en una nueva forma de evadirse de su realidad, que siempre fue la misma, pero ahora lo responsabiliza a él. Ahora él es el causante de tantas desgracias, él es el que ha producido su falta... En realidad ella siempre puso todo en él y no lo sabe. Los litigios legales que les esperan estarán sustentados ni menos que en la no asunción de sus faltas, que ahora tiene que hacerse cargo de todas, de las de ahora y de las adeudadas en su vida. 

Y mientras siga reclamando lo propio a lo ajeno, se seguirá quedando sin nada... O al menos con la ilusión de que hay un Otro que es responsable de ella y evitarse el dolor de saber que ya no es así. 

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista

20 de febrero de 2017

Los positivos, los odiadores y los delirios sociales




Diferentes analistas encuentran que lo que se ve en los consultorios hoy en día no es tanto la histeria y la obsesión, sino las misma pero con nuevos formatos, más precisamente de boderline (trastorno límite de la personalidad). 
Pero no como un boderline excesivamente grave sino más bien como estructuras que colindan entre lo psicótico y otra estructura del tipo neurótica. Pero el aspecto delirante que se aproxima a lo psicótico es más bien un discurso social que facilita que el sujeto entre a vivir una especie de irrealidad absurda y descontextualizada donde realmente pretende creer en una vida sin falta y que todo se puede incorporar desde fuera. El sujeto se entrega como un tributo al otro, se convierte es un objeto de consumo, es mirado, tocado, observado y, según parece, es la única oferta que se le da, especialmente a los jóvenes. La realidad es de color rosa o celeste y los unicornios son casi existentes. La vida es como estos programas americanos donde todos tienen blanqueados los dientes, cada palabra esta medida, incluso en los supuestos realities de diferentes tipos. Es más, tan evidentes son que todos hacen lo mismo. No hay ninguno que les baje los dientes a trompadas, les prenda fuego la casa que no les gusto, les diga que es una mierda y como lo van a compensar, etc. Es todo una realidad “ideal”. 
Es como vivir en esas películas americanas de un pueblo de los años 70’s donde nada sucedía y todo era perfecto. A pesar que luego había drogas, racismo, machismo, injusticias, etc, etc. 

Esto nos da cuenta de sujetos que llegan muy angustiados, pero a su vez, perdidos en sus propios deseos y valores. 
Cuando en psicoanálisis hablamos de la caída del nombre del padre, es la caída de esa figura-función que da un soporte al sujeto y que luego le permite aferrarse a ciertas leyes, imágenes o guías que lo acompañan en su andar. Al caer dichas figuras el sujeto queda expuesto a un mundo con normas muy proyectivas como la compulsión a la incorporación, a la repetición de ideales impuestos, o al menos mostrados por autoridades comunicativas, y así intentar repetir, no sólo formas de vida sino obligarse a sentir de una manera particular. 

Porque aquí no se trata solo de que se nos muestren idioteces sino de que el sujeto estima que también debe mostrarse idiota, sentir de forma idiota, y ser, principalmente, infinitamente feliz, alegre, completo e... una vez más, idiota. 

Incluso lo veo en profesionales de la salud mental que suponen que nosotros, que transitamos las penurias del sujeto, los sufrimientos, los celos, odios, envidias, alegrías, amores, deseos de aniquilación, etc, tenemos que estar, como si fuésemos nuevos religiosos o animadores de hoteles, hablando de felicidad todo el tiempo. Entrando en estos bucles de “te muestro como ser feliz” o “como valer más”, y dan “técnicas de como manejar tal o cual trastorno”, “técnicas para ser más feliz con tu pareja” e “instrucciones” varias, ya que cada persona, pareja o grupo tiene sus peculiaridades, sus glorias, penas, cosas positivas y negativas. 
Parece, que incluso los profesionales, se hacen impermeables al sujeto de verdad y en pos de pensar que también van a ser consumidos, se convierten en aquello que el delirio social pide “una alegría infinita y motivadora”, que lo único que hace es darnos, más tarde,  trabajo a los que tratamos con la ansiedad.
Y no confundamos los conceptos. No es que no hayan muchas cuestiones alegres o positivas, pero cuando se niegan las cuestiones del sujeto, las entrañas, proponemos una forma de adicción a la negación. Presentamos que la sanidad es un sujeto que vive en una propaganda de colores saturados. 

Digamos que esta falta del nombre del padre, que es algo profundo y social, no sólo se expresa psiquicamente en falta de estructuración en el sujeto frente a la adversidad, sino también en la construcción del mundo sin faltas, y como mucho con pequeños detalles incómodos, pero no con cagadones atómicos que angustian de verdad. 
El otro día, en un programa, un chico decía que trabajaba con chicos con síndrome de down y la chica contesta, automáticamente, “que bien!!!! – con todo alegre y condescendiente – que lindo debe ser”... ¿Qué sabrá ella de esa labor? Pero cómo se dice que eso es de gente buena... ¿Y ella qué sabe si no lo hace por puro narcisismo para que le digan eso? ¿O que lo hace por culpa de odiar a su hermano down que le quito gran parte del afecto de la madre y padre?. En todo caso hay que decir que es algo “genial”. 
Yo siempre digo que un ejemplo de la diferencia  entre un psicólogo y un psicoanalista es que si alguien llega llorando a la consulta y dice que es fea/o, el psicólogo lo intentará convencer que no es así y el psicoanalista le preguntará: ¿Como es eso? Cuénteme. 
No hay un obturar aquello que trae, ni sofocarlo, sino ver de donde viene esta cuestión tan subjetiva, que se ha construido a través del Otro. 

Sin embargo, frente a esta tendencia social donde todo es super genial, especialmente en todas las redes sociales, aparecen otras corrientes muy interesantes, políticamente incorrectas pero que, a pesar de parecer los “delirantes” son los que traen un poco de contraste a esta “presión de cheerleader americana” (animadora) que se ejerce en la gente. 
Son los llamados Haters (odiadores), que justamente dicen todo lo prohibido, lo que no hay que decir, los que se animan a no mostrarse perfectos y aún así aguantar si no son “amados por parecer como se espera de ellos”.
Parece que el delirio en las redes sociales viene con su contrapuesto. A amantes de “seres de luz” y “que tengas un día radiante” aparece su contra cara que dice “puede que tu día sea una mierda, y te aguantes como todos”. 

Aunque parezca cruel, el aprender a joderse, es importante. Es aprender de la falta y que hay cosas que hay que aguantar, te gusten o no, pero “es lo que hay” (como dicen aquí en España). Es poder asumir la falta, es saberse no completo, es, a la vez, separarse de la mirada materna que ama a su hijo/a completo/a. Es poder entenderse como todos en falta y poder realmente ser más empático. También se trata de que cada sujeto a partir de sus faltas y de sus capacidades pueda construirse la vida más feliz posible, pero no, como se propone, negarla. 

Hasta parece un chiste, pero no se dan cuenta que cuando se muestran tan perfectos, tan idílicos, como en estos programas americanos donde todo es lujo, dinero e idiotez, hacen que mucha gente se lo crea y se sientan muy mal con sus vidas. Hay gente que realmente se cree todo ese discurso. Ahora imaginen qué pasa cuando eso se les cae. Ahí aparece el sujeto disociado de la realidad, uno que vive en un mundo que ni siquiera existe y que ahora la labor terapéutica es mas profunda aún. 

Recuerdo cuando nos enseñaban que luego de los programas “Dinastía” y “Dallas”, el ratio de robos en USA se disparó. El sujeto vio allí delante una realidad que no podía alcanzar, pero que podía intentar robar. 

Aquí les dejo un vídeo de una “Hater” que si no nos quedamos en aquello superfluo podemos escuchar que lo único que hace es expresar algo que le puede suceder y sentir a mucha gente pero que ahora no se dice porque “hay que ser positivo”. 




La negación no es una forma de vida, sino una forma sintomática de chocar con la realidad de cada uno.

Sergio Alonso Ramírez 
Psicólogo - Psicoanalista.

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