"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


4 de enero de 2008

Te deseo, te quiero, pero te odio y no te quiero.

El otro día observaba el caso de una persona conocida y estaba evaluando como se le jugaban la transferencia con los hombres.
Digamos que la transferencia es aquello que desplegamos en el vínculo con otro que está ligado a sentimientos y emociones reprimidas como las que no. Con lo cual esos sentimientos que están ahí, sin lugar donde depositarse, ni persona, en cuanto encuentran un representante, sin pasar por el consciente, se transferirán al otro.

La cuestión que esta persona es un hombre en sus 30 y pico de años. Suele tener mucho éxito con las personas de su mismo sexo, pero nunca quiere formalizar con ninguno de ellos una relación estable. De hecho tiene un ritual muy interesante para interpretar.

Primero los conoce, y tiene muchas artimañas histéricas para seducir al otro. Sabiéndose con buen cuerpo y trabajando arduamente en él, lo utiliza para el acto de seducción. Pero en este caso le gusta simular que no está al corriente. Es como para un heterosexual encontrarse con un “sex simbol” y que esta no sepa ni siquiera que es linda.
Una vez realizado todo el cortejo de seducción llegan al acto sexual. Y después de estar unas horas con la persona no la vuelve a ver nunca más, salvo alguna vez donde puede llegar a repetir pero en esta segunda oportunidad siempre termina decepcionado.

Lo llamativo es que con sus tres parejas, de tres años de duración cada una, siempre fueron en extremo tormentosas. El rol que cumplía él era el de la culpa. Sus parejas eran los fuertes, los que podían, los que traían “más dinero”, los dueños de los apartamentos o titulares de los servicios. Y nuestro protagonista cumplía su rol como si fuese un niño pequeño, al cual se lo podía culpabilizar en todo momento, y en sus ataques de ira reclamaba a sus parejas que eran “egoístas”, como si de un niño se tratase, o como que hubo algo que nunca le hubiesen dado (claro está que no tenía que ver con esa persona lo que estaba transfiriendo). Pero las situaciones siempre llegaban a puntos asfixiantes, donde se sentía totalmente “culpable”, y la otra persona transfería también su demanda constante. Uno se posicionaba en el lugar del niño que busca protección pero que es “culpable de algo”. El otro, hacia contra-transferencia y le vivía diciendo a su pareja “todo lo que no le había dado”. Como si cada uno estuviese frente a su propio padre, pero sin verlo conscientemente.

Finalmente cortó la relación y vive en un apartamento. Sin embargo a muchos hombres les sucede algo similar que al de este relato. Por un lado existe el deseo de encontrar ese hombre “que me va a dar todo lo que no me dio papá”, va a ser fuerte, guapo, con dinero, protector, y con él podré realizarme, contarle a la familia que me gustan los hombres, etc, etc. Lo que buscan en el otro es intentar cubrir la falta. Pero el problema surge cuando justamente lo encuentra. Porque una vez que tiene al hombre soñado, que le dice que “lo desea y lo quiere” se activa automáticamente la transferencia. Y lo que se encuentra en el hombre “soñado” es el “padre real” (real llamaremos al padre interiorizado). En el proceso transferencial pasa de ser el “papa ideal que no tuve” a “el papa que si tuve” y es cuando comienzan a repetirse una vez más los mismos problemas de siempre, pero un poco más enmascarados para que no sea tan obvio para el consciente. De ahí que en cuanto se encuentra frente a la posibilidad de una relación no se la aguanta, aguanto, ni aguantará.
Porque detrás de la cara de la moneda del deseo, del placer de sentirse deseado, alabado, e inclusive la fantasía de ser querido por una ventana del Chat, se encuentra la contra-cara, que es justamente la de la relación con su padre (interiorizado) que lo ha hecho sentir, justamente, todo lo contrario. Con lo cual detrás de su deseo, esta justamente su angustia. Cuando lo desean transfiere al padre que hubiera querido tener, el que lo acepta, el que lo quiere, el que lo apoya, pero cuando forma un vínculo transfiere no ya al padre deseado sino al real.
¿Solución? Su solución ha sido, por el momento, cubrir con un manto de muchas seducciones a muchas personas que le digan efímeramente lo contrario a lo que se encontraría en una relación o mejor dicho, a lo que repetiría en ella (transferencia).
¿Pero siempre será así? En tanto no haga análisis y explore a aquél padre interiorizado que sigue siendo “así” y “lo mate” (simbólicamente) en le transcurso de la terapia, posiblemente siga repitiendo la misma escena pero con direrentes actores y escenarios.


Para ilustrar este artículo me gustaría recomendar el artículo TROFEOS del blog "http://www.metacatarsis.blogspot.com/". Con valentía y sinceridad este escritor se abre desde lo profundo de su ser y nos revela sus sentimientos y pensamientos.

Es muy interesante como presenta al "otro" como un objeto de satisfacción narcisista, pero efímero y que concluye en la conquista que satisface el ego, pero que a la vez prohibe la aproximación más allá la propia necesidad. La misma que revela la imposiblidad de ver al otro como un objeto diferente al protagonista, es decir, ver al "otro" como otro. Sino que en este caso se convierte en un objeto de placer propio.

Por si no queda claro: "Vos no sos Vos, sos algo que me enaltece a mi. No existis como individuo sino como un premio por mis propios méritos. Si existieses no te podría soportar porque tampoco te vería a tí, sino a mis insorportables fantasmas proyectados en tu persona, y es aquí donde pierdo. Por eso te veo poco. Veo lo que quiero y sigo con el próximo trofeo. Porque en mi competencia, siempre gano actuando así".


Sergio Alonso Ramirez

Pd: Si bien esto es un caso relativo a un hombre con otro hombre, el artículo no esta atado a la homosexualidad, sino a las relaciones entre los sujetos independientemente de sus objetos de deseo sexual. ( traducción: Que le puede pasar a cualquiera que este vivo y tenga una historia)

4 comentarios:

  1. Me ha encantado este artículo y, no sin poca sorpresa, me he visto retratado si bien no de manera exacta. No voy de seductor empedernido sino más bien de lo contrario, y además, algo que es también muy frecuente, tengo una fuerte disociación, porque mi madre me proporcionó goce, pero no afecto, y transferí a mi padre la afectividad porque ahí al menos no había rechazo (sólo indiferencia que, para más inri, al final de su vida se volvió aceptación y reconocimiento). Es decir, tengo un edipo mal resuelto y una atracción por el padre que ha necesitado eliminar varias capas para salir a flote. También me relaciono con algunas frases del artículo sobre la eutanasia: Necesito "matar" a mi madre pero eso me enfrenta aún más con mi falta.
    Yo al menos, tras bastantes años de análisis, veo estas cosas con claridad, pero es cierto que la mayoría de los que están afectados por el síndrome de "te deseo pero no" no son conscientes de ello y lo niegan con ferocidad. Una prueba: contad cuantas veces dicen la palabra "no" cuando conversan, sobre todo si es de un tema emocional.
    Interesantísimo el blog, Sergio.

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  2. Muchas Gracias Ritts por tu comentario.
    Y como bien has dicho "después de años de análisis, veo estas cosas con claridad", creo yo que poder "ver" lo podemos tomar como un gran paso, en realidad, enorme, para poder desear y querer.
    Veo, a menudo, como a muchos hombres les sucede esto una y otra vez. Y suelen imaginar que se trata siempre "del otro". En realidad no están tan equivocados... es con un "otro" con quien no pueden comulgar, pero un otro que se lleva dentro. Y si un sujeto no es capaz de saber/ver esto, está difícil el tema, no?.

    Me voy a hacer el poeta (que de eso nada tengo) e intentaré transmitirte algo:
    "Hay hijo mio!! Donde estás??? Donde estás que no te veo??? No te encuentro!. Mi dios!! Donde está mi pequeño para que lo cuide y abraze para que nada le pase?.
    eh! usted quien es señor? Yo a usted no lo conozco!. Ha visto usted a mi niño??!! Donde está??? Por favor, digámelo, yo soy una MADRE.
    Señora, tranquilícese, su busqueda es en vano, su pequeño ya no está más, ya no puede volver.
    Pero como me dice eso usted??? Acaso lo ha secuestrado? Acaso le ha hecho algo??? Que haría yo sin mi niño??? A quien cuidaría y daría todo mi amor?? Que sería yo sin él?.
    Mi querida señora, yo no sé que sería usted sin él, eso lo tendrá que averiguar por usted misma. Y esto se lo digo con certeza, porque el que fue un niño, se convirtió en hombre, y ese hombre soy yo.

    Saludos
    Sergio

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  3. Pues después de buscar tanto, creo que he encontrado lo que me sucede en este artículo. La verdad la relación con mi padre siempre fue demasiado complicada, el solía maltratarme de niña y muchas veces era injusto, pero él no lo aceptaba así que fuí guardando mucho rencor. Poco a poco dejo de hacerlo en cuanto crecía, pero mi rencor seguia latente, hasta que llegue al punto de tenerle repulsión excesiva, no dejaba que se me acerque para nada, lo evitaba, además que para hacerlo enojar lo contradecia con buenos argumentos que al final no eran lo que de verdad yo pensaba. Aún sigo llevandome así con él y no se como pararlo. Todo esto se volco en la relación con mis amigos, siempre trato de que se fijen en mi, en si gustarles. Casi siempre consigo mi objetivo y hago como si no lo supiera, como si yo no hubiera hecho nada y si esa persona trata de acercarse más en el sentido romántico, lo alejo lo más posible, se me hace la persona más repulsiva del mundo a pesar de yo ser la culpable de todo. Solo en una ocasión estuve de verdad con una persona, comenzó bien, pero al final termine rechazandolo. Terminé viendo mi futuro, de la manera más negativa posible: A mi pareja con sus rasgos negativos aumentados y a mi odiandolo y abandonandolo.
    Tal vez todo esto no sea grave, pero pasa el tiempo y se repite como si le hubiera yo puesto un molde, no encuentro forma de salir de ese círculo y lo más grave, hago daño y bastante.

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  4. Ahhhh. Esa imagen de la película infidelidad, me pareció muy injusto lo que ella hizo.

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