"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


13 de marzo de 2008

Eutanasia

Eutanasia

Escrito públicado en: http://blogs.periodistadigital.com/eldivan.php/2008/03/10/eutanasia-4

Un tema que recorre el discurso social de forma polémica es la eutanasia o muerte asistida.

Básicamente es acabar con la vida de una persona que esta agonizando y que su única meta posible después de su agonía es la muerte.

Hay diferentes formas de aplicarla. Ya sea de forma directa, indirecta, pasiva o activa. Es decir, dejando de administrar los elementos externos que permiten que siga con vida, o por otro lado administrando sustancias que pondrían fin a su vida.

Pero lo que nos trae hoy aquí no es el medio sino el fin, y porque no decirlo, el fin de la vida y lo que esto conlleva.

Diferentes argumentos hay sobre si se esta “bien o mal” dicha práctica. Sin embargo acabar con la vida es algo puramente cultural.

Si usted va por la calle y mata a una persona, es un asesino, pero si esa calle se encuentra en un país que está en guerra y sus vestimentas son de bandos diferentes, usted puede llegar a ser un héroe. El mismo acto, dependiendo las circunstancias puede merecer un castigo o un premio.

En este caso nos planteamos que pasa frente a la muerte de un ser que sufre. Y no quiero hablar de “muerte digna” ya que ninguno de nosotros conocemos dicho estado. Podemos hablar en todo caso de un final de vida digno.

¿Por qué una persona en un estado terminal, que sufre espantosamente, debe continuar así hasta que las máquinas y medicamentos actuales no surjan más efecto?

Si fuera responsabilidad de dichos aparatos o sustancias químicas podríamos definirlos de perversos. Pero dichos elementos no son quienes toman las elecciones.

Lo que nos lleva a plantearnos:

¿Bajo que conceptos pretendemos mantener “vivo” a un ser sufriente?

¿Qué se nos juega frente a pérdida irremediable de la vida?

¿Qué es lo que realmente intentamos retener frente a la pérdida?

Quizás todas estas preguntan nos remiten a una sola, que habla sobre la resistencia de dejar ir al otro.

En realidad, cuando hablamos de eutanasia no estamos hablando del enfermo terminal, sino de quien los rodea. La vida suele ser sabia, y cuando el sufrimiento es muy grande la propia persona solicita morir. Sin embargo se le niega dicho derecho sobre su vida.

Hace poco murió la abuela que crío a una conocida mía y recuerdo sus palabras claramente: “Estaba al lado de mi abuela, en su cama, tomándola de la mano. Y en un momento suspiró. Ya no había más vida en ese cuerpo. Una sensación rara. Pero a pesar de dicha sensación yo no podía aceptarlo. Mi padre me dijo que ya se había muerto, y yo con rabia y dolor se lo negaba y la acariciaba dulcemente”

Y sus palabras me hicieron pensar que lo que mantiene al otro en vida, no son esos aparatos, son nuestra propia transferencia hacia esa persona. Es esa falta que intentamos llenar con su compañía. Es esto que nos hace ilusionar con que “estamos un poco más completos”. Es el otro en tanto falo, es decir, es todo aquello que el otro me da que yo no tengo, por ende, yo también fantaseo con que soy un poco el otro, o que el otro es un poco yo.

Pero cuando el otro se muere, también se muere ese poco de mí que se completa en ese espejo. Y es quizás, cuando no puedo verme reflejado donde aparece la falta, aquella que se escucha traducida en “Desde que no está, me siento tan vacío”.

¿No aparece la eutanasia, acaso, también en las relaciones de pareja? ¿No intentamos acaso mantener, vanamente, algo que ya está condenado a morir, y sin embargo seguimos como anestesiados en las relaciones? Y aún así, cuando se produce el corte-muerte se siente dicho vacío, dicha angustia, como reflejo de aquello que ya no se refleja, de aquello que no me complementa, de aquello que ya no puedo encontrar fuera y por ende tengo que confrontar con angustia.

La eutanasia, en definitiva, es la gran negación de algo que sucede en cada minuto que pasa y que nunca más volverá. Porque cada segundo que pasa, es algo que ya no vuelve, algo perdido, algo sin retorno, pero que intentamos suplirlo para nuestro alivio, con el que vendrá. Pero en la muerte no hay ningún “vendrá” sino un “se va” un “no hay” un espejismo de nuestra propia muerte, de nuestras propias faltas, y de lo que intentamos día a día obviar… la muerte.

“Hay hijo mío, no mueras.

Te lo pido por favor, no mueras.

Porque si mueres, yo muero contigo.

Si tu mueres, algo de mi muere en ti.

Haré lo que sea para mantenerte vivo.

Haré lo que sea para mantenerme viva”

Sergio Alonso

2 comentarios:

  1. La eutanasia es un tema muy pantanoso. Se habla de legalización de la eutanasia para casos límite. Pero en Holanda, donde lleva legalizada años, no es así; se va haciendo habitual y va calando la mentalidad de que si estás enfermo lo mejor -para todos- es pedir la eutanasia, en detrimento de los cuidados paliativos

    Preguntar a un enfermo si desea pedir la eutanasia es ponerle ante un dilema y ya tiene consecuencias en él. Si pide la Eutanasia, se le quita la vida y acaba el dolor, claro. Pero ¿y si pidiera medicina paliativa? Algunos dirán, con tono comprensivo, que no pasaría nada, todo sigue como siempre, se le cuida hasta que muera. Pero no. Ya nada es como antes. Si elige seguir viviendo, siempre tendrá que explicar por qué ha optado por una solución que supone más sacrificios a sus cuidadores, más dinero al Estado por gastos de la Ley de Dependencia y gastos sanitarios. El mismo personal sanitario que le cuida es el que le hubiera quitado la vida. Y como el enfermo no ha querido, hay que seguir cuidandole. Y total, para seguir sufriendo. Y los familiares, que quizá le sugirieron la eutanasia, son los que deben seguir viniendo a verle no se sabe cuantos meses o años más. Y quitando tiempo de dedicación a los niños, y con la hipoteca que les agobia, y en vacaciones, a ver que pasa... Los médicos o los familiares, no va a decir así las cosas, claro. Pero no somos tontos y sabemos cuando algo que hemos decidido no ha caído bien o resulta un engorro.

    Encima, el Estado es parte interesada. Aunque los políticos se indignen, saben perfectamente que cuanta más eutanasia, más millones de euros para otros gastos sanitarios. Cuestan mucho menos dinero los trámites de defunción que un día más de cuidados paliativos. Para un contable sin prejuicios morales la mejor solución está bien clara: animar a pedir la eutanasia a todos. Sin embargo, nuestros mayores y nuestros enfermos, que con su vida han colaborado a hacer un mundo más humano, se merecen la mejor solución aunque cueste más. Si alguien quiere tener más reflexiones de interés sobre este tema en la etiqueta “EUTANASIA”: http://opinionciudadano.blogspot.com/ se encontrará unas cuantas

    Gracias por ofrecerme la opción de opinar,

    Santiago

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  2. Muchas Gracias por tu opinión. Y es verdad que es un tema muy pantanoso y con muchos ángulos de observación. Uno de ellos es justamente el que comentás. Dar la posibilidad de la vida y la muerte a los humanos. Que también lo podemos pensar como darle una navaja a un mono. Es como la pena de muerte en USA o como familias adineradas que en algunos paises hacen pasar por locos a los cabeza de familia para heredar y encerrarlos en nosocomios de enfermos mentales.
    El árticulo este solo y únicamente apunta a la libertad de elección propia del enfermo y si este lo demanda. Pero tenes muchísima razón en lo que planteas sobre las cuestiones de poder, económicas y políticas que se juegan en dicho caso.
    Ayer me comentaba una chica que a su jefa le hicieron una entrevista para ascender de puesto, y su jefe, con toda la cara dura del mundo le pregunto "¿Y usted tiene pensado quedarse embarazada?"
    Pues ahí tenemos un ejemplo bastante claro y peligroso porque los humanos con respecto a la vida y la muerte somos un peligro de por si!.
    Gracias por opinar

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