"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


25 de junio de 2009

No sé qué estudiar ni para donde ir

Me encuentro entre jóvenes que han terminado sus carreras. Pero lejos están de haber terminado el resultado de sus expectativas y deseos. O al menos de comenzar una nueva faceta de los mismos.
Sino más bien lo que encuentro es gente que ha estudiado “algo” que no sabían ni como lo habían elegido y en el mejor de los casos me han dicho “Lo elegí en la fila para anotarse a la carrera”.

Lo que les suele suceder es que pareciera ser que hacen una especie de continuación de la escuela. Solo van, aprueban y luego sueñan con diferentes puestos de trabajo. Con convertirse en aquellos señores afamados que llegan al podio. Evidentemente el podio en que lo ven sus padres. En la mirada de mamá y papá que ven al nene que “va a ser importante”. En muchos casos “porque tuvo lo que yo no tuve”. Como si fueran una especie de realización de un sueño perdido, nunca alcanzado, de sus progenitores. Pero que ellos, seguro, alcanzarán.

Pero claro, la pregunta es, si nunca lo alcanzaron ¿como lo van a hacer sus hijos? ¿Qué herramientas intelectuales o conceptuales tienen?

En una primer mirada, muy jóvenes entran a sus trabajos correspondientes orgullosos de ese título que tanto le han aplaudido en casa. Llegan un tanto soberbios y embriagados de tantas miradas de admiración de sus padres. Y lo único que les queda es ir a demostrar al mundo que son esas joyas. Bastará con que los vean un poco los demás para que les den ese puesto de director o gerente que se merecen.

Pero la realidad aparece como un buitre hambriento esperando su presa.
Al comenzar les hacen hacer sus prácticas, periodos eternos de prueba, etc. Y ellos, entusiasmados y gustosos acceden a todo eso. Para darse cuenta en algunos casos que se han recibido no de lo que les gustaba, sino de las expectativas del otro.
Que lo que prometía el cielo puede transformarse en un calvario. Que aquel que tiene el poder de decirle que no se ha equivocado, se toma un largo tiempo y una extensa lista de demandas para poder hacer que su sueño se vuelva realidad. Aunque, en el propio atravesamiento de esa demanda, el sueño, si llega, lo hace en pedazos.

He visto esto en primera persona con mucha gente que estudia Turismo por ejemplo y que entran a un hotel a trabajar por las mañanas o tardes o noches, con un solo fin de semana al mes. Lejos esta de sus sueños esto.
Y para colmo no presenta grandes áreas en las cuales moverse. Queda como opción ascender a Director. Pero eso tiene un precio.

Pero este no es el tema principal. Sino que con sus veintipicos de años se dan cuenta que han estudiado por estudiar. Porque les parecía genial atender a gente alegre que va de vacaciones. Sin haber podido pensar que esa gente se cabrea y molesta como… la gente en general.

Pero ahora el problema es mucho más angustiante. Muchos están ejerciendo de sus respectivas carreras, no ganan mucho, no tienen posibilidades de vivir solos, y si lo hacen renunciando a muchas cosas, y encima haciendo algo que al cabo de un año los agobia.
Pero como dice el refrán, “lo que se mama no se quita”, y la mejor solución que se les ocurre es hacer alguna otra especialización de aquello que no les gusta y repetir nuevamente la historia, hundirse más profundamente, o coleccionar más títulos de lo que nos les gusta para ver si logran llegar a ese puesto soñado que, evidentemente, no conocen, ni les interesa. Pero lo sueños necesitan un reservorio, y si va a tener nombre de “directo/Gerente”, ¡pues así será!
Otros como si fueras gallinas descabezadas empiezan a optar por todo puesto que tienen “a mano”. Es decir, comercial, webs, administrativo, todo como si fuera un “ascenso” siendo siempre puestos del mismo nivel o mas bajos, pero… ¿quien va a discutir de categorías con el único que puede tener la salida a mi situación? (¡el jefe!).

Lo peor de esta situación es que encima hay algo que parecen desconocer: Una profesión no acaba en el título, sino comienza en él. La formación en cualquier profesión suele ser constante, hay que realmente atrapar el deseo propio y estar cubierto por el para poder seguir en el camino.

Ahora bien… y… ahora ¿Qué hacer?

La primera opción que suelen tomar es seguir llenándose de títulos sobre lo que nada les interesa. Como si justificaran a mamá y papá en su mirada idílica. Suponen que el gran negocio de las mil formaciones tienen razón cuando dicen que “da más salida laboral”. Si… más salida, pero ¿a qué?
Estar a otro nivel no quiere decir que estar a flote, se puede estar mas enterrado aún.

Creo que el primer problema principal es el poderse despegar de la mirada donde “el nene es fantástico y se merece todo”. Y aprender que realmente para lograr algo en la vida hay que pringarse, mucho y con la mejor calidad posible. Y aún así no hay garantías.

Pero digo… ¿No será, quizás, interesante, intentar hacer todo esto sobre algo que realmente nos guste y motive?

Pero ahora tenemos otro problema: ¿Qué nos gusta y motiva?

Aquí hay que ver diferentes aspectos. Primero en entender que todo lo que hagamos tiene un precio. Si queremos trabajar en un trabajo “popular”, de esos que hay muchos, seguramente lo tendremos, pero al precio que no nos paguen mucho. Si nos gusta realmente, estimo que no estarían leyendo esto. Si queremos llegar a ese lugar conceptual de trabajo y desempeño, seguramente habrá que esforzarse (no necesariamente sufrir ni mucho menos).

Lo primero es entender que hay que castrarse, limitarse, aprender a seguir un camino. Y forzarse por el mismo.

El otro día habla con un chico de 24 años que me decía que le gustaba dibujar. Le pregunte si publicaba en un blog – “No” -. Si quería exponer – “No” –
Que en realidad “nunca terminaba ningún dibujo”.
Luego me contó un amigo que se le da muy bien la cocina. Pero… trabaja de teleoperador.
¿Intenta obtener los conocimientos complementarios para hacer lo que le gusta? No
¿Intenta ponerse una meta? No
¿Intenta? No
Solo lo fácil, vivir con papá y mamá y tener un trabajo que en breve lo reemplazará una grabación.

¿Por qué pongo este ejemplo un tanto extremo (y a la vez típico)? Porque son muchos los que cuando piensan en que hacer con sus vidas laborales dejan completamente de lado sus habilidades, y sus dones (en algunos casos) y sus gustos. Ellos simplemente escuchan la vocecita de sus padres que les dicen “eso es un hobbie, tu estudia algo importante y útil”.

Esa vocecita parece ser tan sonora que no les permite escuchar eso que sí podrían hacer. Eso que tanto les gusta.
Como si lograrse en la vida fuera desobedecer los mandatos paternos. O quizás, como decía Freud en “Los que fracasan al triunfar” sentir culpa de superar a los padres al lograrse como individuos.

Parece un chiste del destino cuando se ve a una persona que sabe lo que le gusta y cuando se le pregunta dice: “es que no se lo que me gusta”.
¿No sabe o no le conviene saber?

Creo que nunca es tarde para re-comenzar una carrera, pero esta vez sobre algo interesante.

Y si se tienen dudas, los psicoanalistas no solo atendemos para las angustias, fobias, histerias, obsesiones, etc, sino también se puede tener una serie de entrevistas para poder explorar ese aspecto, el vocacional, que por otro lado es tan importante como que vamos a estar en ello seguramente el resto de nuestra vida.

El vivir en un trabajo insatisfactorio evidentemente nos deja un apetito, un hueco para llenar con otras cosas. Intentamos comprar y tener cosas como si necesitásemos justificar esa existencia aburrida o sin sentido.

Pues no es raro luego encontrar abulia (falta total de interés) en la juventud que se encuentran atrapados entre el deseo de los padres y una realidad no muy prometedora. Es claro que “si no voy a ser tan maravilloso como lo soy para ellos, no hago nada y me aseguro este puesto de amor frente a ellos”

Pero les aseguro que aquel que camina su camino poco necesita de ni de grandes riquezas ni grandes cosas, porque ya tiene lo que quiere… El resto, son solo complementos.

Sergio Alonso Ramirez


4 comentarios:

  1. Gracias por este articulo. En verdad se requiere mucho valor para asumir una vocación, sobre todo si esta representa que no vamos a obtener los suficientes recursos para mantenernos en esta sociedad. Una observación que me gustaría agregarle es que el aspecto social no puede dejarse de lado, vivimos en un sistema capitalista que para funcionar requiere de funcionarios útiles que no pregunten el porque de lo que estan haciendo, que simplemente cumplan sus funciones. Lo que tu propones, seguir la vocación contiene en si un germen de desadaptación a un sistema, no seguir el juego, pero ello lleva renuncias.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Totalmente de acuerdo. Quizás es lo que descubre Freud desde el comienzo. Que la obediencia al otro en pos de sepultar los propios deseos es lo que enferma al sujeto. Pero a su vez que el sujeto siga su deseo puede implicar la subversión sobre el deseo que le han puesto encima al sujeto.

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  2. si pero que pasa si mi sueño es tener mi propia escuela de danza y no tengo dinero con que ? tengo que salir a trabajar como ingeniera ya que o dependo de mis papas o de la suerte sino y no quiero que mi sueño dependa de la suerte . no todo es tan facil

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