"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


13 de octubre de 2009

La elección, la renuncia y el compromiso

Estaba escribiendo a una amiga sobre el tema de la renuncia. Un tema tan importante en la vida y quizás tan dejado de lado. También sobre este tema charlaba con un amigo y le comentaba como muchas veces la renuncia es necesaria para construirse, para volverse adulto.
Fíjense que mucha gente pasa los años y no quieren renunciar. En este caso hablamos de los homosexuales. Cuando se los ve a los 45 con la misma actitud que a los 20. Y le decía que no aparentan 45 o 40 sino un intento de parecer “más joven” o de mantenerse en esa edad mental. Otra cosa diferente es parecer un hombre guapo y atractivo de la edad que se tenga.
Seguimos con la charla y vemos que muchas veces continúan saliendo todos los fines de semana, gozan de una libertad muchas veces envidiable, eligen a sus compañeros sexuales, mantienen la misma actitud y gestos, etc. Pero… ¿Que pasaría si el hermano de mi amigo que tiene dos hijos en la facultad, gastos, trabajo (pesado), y mantener a la familia no hubiese renunciado a todos esos placeres? Simplemente no podría tener ni una mujer, porque no podría renunciar a las otras, ni una familia porque no podría renunciar a otros placeres, ni tantas cosas. Menos que menos tener que romperse el lomo para darle estudios a los hijos y “renunciar” a todas aquellas cosas que podría conseguir para si mismo.
Claro que posiblemente el hombre quiera vivir esa etapa de libertad de la juventud donde todo estaba por ser elegido.
Pero tiene que renunciar. Porque quien renuncia elige. Toda elección implica una pérdida. Cada vez que optamos por algo debemos dejar otra cosa de lado porque es sencillamente la base de optar-elegir.

Una mujer puede optar vivir libremente e ir de aquí para allí, pero eso implica no poder tener o hacerse cargo de sus hijos.
Este tema de la elección-renuncia no tiene que ver solo con el ejemplo de un hombre/mujer “homosexual” o “sexual”, sino con todo en nuestra vida.
Sin embargo renunciar es algo difícil y a veces cruel. Porque la vida no siempre se presenta con las cosas hechas.

Mucha gente nace en familias de clase media o media alta. Y de golpe vienen con una serie de beneficios que suponen normales o comunes pero que quizás no lo son.
Los que en dichas cunas nacen, suelen vivir intentando no perder aquello que les fue dado. Aquello que suponen natural y viven toda una vida intentando sostener y suponiendo que el crecimiento, o ganar más, tiene que ver con cuestiones de la suerte. Se aferran fuertemente a aquello que les fue otorgado gratuitamente no solo como una posesión sino como parte de su identidad.

Sin embargo, como decía antes, la vida es cruel. Porque justamente aquello que pretenden de si mismos, implica la necesaria renuncia a lo que son.
Sus padres muchas veces de la nada se han comprendido como personas en falta, personas que tienen que construirse en base a esfuerzo y lucha. De la nada, han ido entendiendo la realidad para construir ladrillo a ladrillo cada una de las paredes de sus casas. Y de hecho, sin saberlo, partiendo de ser “nada” se han convertido en “constructores”.
Pero sus hijos no. Ven paredes y las entienden como partes constituvas de si mismos. Y como parte de ellos no quieren renunciar. Buscan un trabajo seguro, heredaron beneficios que su padres no han tenido pero muchos de ellos no han entendido que, justamente, para poder construirse hay que no tener nada.
Para poder lograrse como aquello que sueñan, hay que renunciar indefectiblemente a esos seres semi-completos (o totalmente completos), a esas comodidades.
Se escucha en muchos jóvenes suponer que con terminar una carrera, o hacer un curso, “ya está”. Y no se trata de eso. Se trata de saberse nada, saber que uno aprende lo que puede dentro de sus posibilidades para ir intentando construirse.
Justamente, para poder llegar a construirse aparece la renuncia como necesidad. Renunciar a ser ese niño con ese estatus, que en realidad ni es propio sino heredado, a esa casa, que tampoco es propia, e inclusive a esas costumbres muchas veces cómodas o pretenciosas que ni siquiera se han pagado.

Llegar a ser un profesional, o intentar ser uno bueno, no pasa solo por un título o la formación necesaria, pasa por abandonar la idea de que “con eso ya está” y seguir adelante en la profundización, en el esfuerzo, en la especialización y en todo aquello que implica ser aquello que uno quiere llegar a ser.
Necesariamente tiene que haber una renuncia a esa comodidad de la que venimos, de ese estado de tranquilidad y placer que muchos intentan sostener a como de lugar. Y ese lugar es la identidad también, a conocerse a si mismo como personas en falta.
Y no hablo de “un esfuercito” o un “esfuerzo de años” para luego volver a echarse en el sofá.
Sino de entregarse a si mismo a la idea de que uno se tiene que construir día a día. No se llega nunca a la fama o el reconocimiento, eso es un sueño para el narcisista que no renuncia a la meta sin trabajo (como cuando lo aplaudían de bebé por existir) y una consecuencia exterior de muchos que luchan a cada instante.

El otro día un joven de 21 años me decía que el suponía que Rafael Nadal (Tenista) llegaba donde llegó para recibir aplausos. Y no podía ver los años de esfuerzos, de prácticas, de momentos de frustración, flaqueza, de fuerza, y que luego, por caminar su camino, luchar en su deseo, recibe un aplauso. Pero que no es el premio ese. Es el simple hecho de vivir su vida. El hombre no recibió un premio y se fue a “opositar” como tenista.

Entiendo que mucha veces los padres, en su afán que no se le haga el camino tan duro a sus hijos le den en bandeja muchas cosas por las cual ellos lucharon muchísimos años de su vida. Y no creo que este mal, pero quizás también sería conveniente que los padres pudiesen de alguna manera transmitir esa renuncia necesaria para poder elegir.
Quien intenta mantener todo lo que tiene, no elige, esta atado.
Quien se construye, lo hace allí donde está.

¿No han visto en programas de TV o charlado con los jóvenes que muchas veces no quieren hacer nada, solo gozar, seguir siendo pequeños perversos que se satisfacen y punto?
O también los que hacen aquello que más o menos les parece y luego están perdidos, no saben que quieren, ni para donde van… más bien como apáticos.

Escucho a muchos jóvenes en estados adormilados, es como que quieren la comodidad, tomar una cervecitas, trabajar lo menos posible y ya (en tanto esperan que “alguien” los descubra… como si fura a aparecer mamá en el mundo exterior).
Y esto, es lo más parecido a una vuelta a la infancia. Esa, es también otra renuncia, y muy difícil de realizar, dejar atrás al niño.

De ahí, supongo yo, el éxito de tanto libro de auto-ayuda que te dice que todo lo soluciones pensado “lindo” y “fuerte”. Es decir, que si uno se repite 4000 veces que va ganar dinero, o tener un ascenso, o que le va a ir bien, es suficiente…
Pues entonces que le vayan a preguntar a un arquitecto si cuando piensa fuerte se levantan los edificios.
¡Claro que va a tener éxito estos libros! ¿Quien quiere como un profesional comerse toda una carrera, especializarse, luego hacer años de practicas, seguir siempre estudiando, para llegar a algo? Es mil veces más fácil “pensar fuerte”
No hablo de tener una perspectiva positiva, o de intentar eliminar cuestiones fantasmagóricas en nuestras vidas. Hablo de esta cultura donde todo es fácil, rápido y sencillo.
¿Que se siente mal? Pues una pastillita
¿Qué no duerme? Otra pastillita
¿Qué esta un poco drepre? Otra pastillita.
¿Contracturas? Otra pastillita

No. La vida es una construcción donde hasta que uno no se entiende como arquitecto u obrero de si mismo, tiene que cargar o intentar no sentir el peso de los ladrillos.

Y observen que justamente estamos en una sociedad a nivel mundial donde cada vez obtenemos más y más información gracias a avances tecnológicos. Donde la “formación” cada vez será mas prolongada porque cada vez queremos y sabemos más.
Con lo cual tendremos dos opciones, no saber nada de nada e intentar sostenernos en lo que se nos dio, o sumergirnos en el mundo del auto-desconocimiento, de la propia ignorancia y humildad, para poder aprender o intentar captar todo aquello que esta frente a nosotros.

Para finalizar citaré parte del mail a mi amiga:

“Quizás todo esto se trate la renuncia, renunciar al chico que vino de tal o cual cuna, al que es tal o cual cosa, y saberse nada... un “piringundin” (Don Nadie) que sabe algo y debe aprender mucho. Quizás con alguna habilidad o algún carisma, pero que sin pulir sigue siendo un trozo de piedra ordinario. Y recién cuando caiga, cuando se entienda como ese pedazo de piedra, y deje de intentar de ser ese pequeño rubí heredado pueda llegar pulirse y ver que hay. Quien sabe… Quizás no haya ningún rubí, pero muchas grandes obras en el mundo, grandes monumentos se han hecho también en piedra... de la piedra a la obra.”


Sergio Alonso



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