"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


16 de abril de 2011

Conferencia: Trabajo y Psicoanálisis - ATENEO DE MADRID

Publico aquí  una conferencia que he dado en el Ateneo de Madrid el 15 de abril del 2011 que versa sobre el psicoanálisis y el trabajo. Es una introducción o una aproximación a algunos aspectos que se vivencian en el trabajo, y también como se juega la identidad en el mismo entre tantas otras cuestiones. Presentado por Jorge Gomez Alcalá y expuesta por Sergio Alonso Ramirez (es decir, yo)  


Una vez en un trabajo, en un hotel, un chico de unos 23 años que acababa de entrar y terminar  la carrera de Turismo, me confesó a las pocas semanas de trabajar lo siguiente: “- A mi no me gusta el turismo, ni siquiera la hotelería, lo que yo quiero ser es Director de un hotel -”.
Esto, evidentemente me dejó reflexionando sobre lo que significaba para él “el trabajo”.

En su caso, era un chico que usaba absolutamente toda su ropa de “marca”, pero no se trataba solamente de la posible calidad de la misma, ya que algo quedaba de manifiesto, todas y cada una de estas marcas estaban bien visibles.
Evidentemente, el trabajo, era también algo por lo que los demás lo verían a él, algo más para mostrarse.

Este ejemplo es también muy útil, porque vivía con sus padres y todavía el trabajo no se había convertido en su caso en un herramienta primordial para su sustento, no solo alimenticio, sino también como moneda de cambio para poder pagar su libertad. Porque al vivir solos, somos, y muy entre comillas, libres, pero esa libertad, implica también un coste, que es la pérdida de la misma en otros aspectos, por ejemplo, tener que sustentarnos.

Es decir, debemos cambiar de un sistema a otro, y también a los que sostienen un sistema y otro. Aunque dicho pasaje implica ciertas pérdidas y las ganancias luego se harán y se sentirán a más largo plazo. En todo caso dependiendo de culturas y momentos históricos en muchos casos no parece ser nada fácil.

Esto también nos lleva a preguntarnos sobre que es la libertad versus el trabajo. Si es que están en oposición, y libertad sobre quién. Porque parece ser que más bien lo que hay es un cambio de miradas. De la mirada materna a la mirada social. Una mirada que implica un movimiento, un cierto cambio de lugar.Y un componente importante de esta mirada, esta dada por el trabajo, y la identidad que nos da el mismo frente a los otros, que viene a ser como espejos de uno mismo.

En definitiva nos reconocemos en una serie de reflejos de lo que nos devuelven los demás. Cuando somos pequeños somos divinos, adorados, queridos y alabados en cualquier acto que hagamos sólo y únicamente por existir. En todo caso, recibimos sólo por nuestra existencia e incluso en otros casos recibimos otro tipo de cosas, como malostratos, pero con la sola existencia nuestra parece ser suficiente para recibir.

De la madre en general recibimos esa mirada especial, que nos mira y adora “tal cual somos”,porque para ella somos el Falo, aquello que colma lo que le falta a la madre. En realidad somos aquello que ella nos devuelve con su mirada.

Luego aparece papá que ya pone un límite a su mirada, a su deseo,un límite que dice “Yo te quiero si...  si te comportas, si haces las cosas, si obedeces a tu madre, etc”. Papá aparece como la ley, una mirada diferente a la de mamá, que impone reglas, que nos separa de la misma. Pero que a su vez, esa mirada es introducida por mamá con su autorización y lo es  cuando la madre le da al padre ese lugar, el lugar de “¡Cuando venga tu padre verás!”.

 En este punto cabe aclarar que esto no son roles fijos, sino que son lugares, los pueden asumir cualquier figura, inclusive de forma inversa, e inclusive, en varios casos, una sola persona, o se puede asignar a una figura que no esté presente materialmente. En definitiva ¿cuántos siguen tal o cual ideal de gente que ni siquiera existe? Aunque claro, habría que preguntarse si existir solo pasa por vivir organicamente y viceversa.

Con lo cual mientras estamos en la casa de los padres, bajo la mirada materna e indefensos, está bien claro quien somos. Luego viene una etapa como la adolescencia donde nos empezamos a familiarizar con otras miradas. Aprendemos si somos gordos, flacos, sí somos guapos o feos, o si somos “de la media”. También nos enteramos si somos simpáticos o no, todo según lo que nos empiezan a devolver los demás. Esos “demás”, esos “otros” son los representantes de las primeras miradas. Son aquellos que nos van a reasegurar nuestras relaciones objetales, los que nos van a asegurar ser queridos, aceptados y amados. Creo yo que en esta etapa de la vida los sujetos nos empezamos a formar una identidad social frente a los demás. Tomamos roles que nos cuajan y encajan frente a los otros. Claro está, en mayor o menor medida.

Pero también me podrán decir, “¿Y qué pasa con el marginado?” o “¿Qué pasa con el que se automargina?”. Y podríamos comentar que más allá de casos patológicos, puede haber un rechazo de esa mirada del otro, para no renunciar a la de los padres, y de hecho para realzarla: “Ningún hombre me querrá como papá”, “No hay ninguna mujer como mamá”. O como dice el tango “Las mujeres son todas putas, menos mi madre y me hermana”. Aquí ya entra a jugar el sexo, que también forma parte de nuestra identidad. Pero también que estén transfiriendo en los demás aspectos familiares. De ahí que en los colegios cuando ven que el niño o adolescente tiene una conducta particular, se piensa también en los padres. Porque algo de aquello donde se constituye, lo refleja en otro escenario.

Como los niños en el juego. A veces me parece paradógico que ciertas corrientes reniegan del psicoanálisis y a su vez utilizan “técnicas proyectivas” para evaluar a la gente. Parece ser que nos reflejamos constantemente.

Pero... ¿ La pregunta es por qué les estoy hablando de todo esto si la conferencia versa sobre el trabajo?

Pues el trabajo es el escenario que le sigue a la adolescencia. El sujeto, ya sea hombre o mujer, se tiene que instalar en un nuevo escenario. Y bien nuevo diría yo. En la adolescencia les bastaba con la reacción ante el cuerpo, rasgos físicos, o de la personalidad. Enfatizar unos y opacar otros. Pero ahora tenemos que entrar en un ámbito nuevo, ya no nos vale solo el cuerpo, ni ser más simpáticos, ni ponernos ropa de marca. La mirada del otro es diferente. Es más parecida a la mirada paterna. Es consecuente con ella diría yo.Ya no se nos quiere porque “sí”, porque existimos, porque hacemos “monadas”. Sino que ahora hay que cumplir para poder ser premiados.

Pero claro, ese premio esta vinculado también con la mirada del otro, y esa mirada con nuestra identidad. Esto no quiere decir que cambia todo. Porque también es cierto que cuestiones como la apariencia física, el nivel de rendimiento escolar, la responsabilidad, también se refleja. Pero en un trabajo, hay que construirse nuevamente. Uno viene de saber “perfectamente quien es” de “ser completo” a tener que entrar en un lugar donde ya de por si uno es el “último panoli” “el que acabo de entrar”, “el que tiene que aprender”... Y eso no es muy agradable para nadie en especial cuando venimos de ser “completos” o “completados” por las miradas de nuestra historia.

Por otro lado lo que uno es ya depende totalmente del otro, de su deseo y de que uno lo pueda satisfacer o no. Pero también del nuestro, que ha crecido a lo largo de estos años y avatares.

Fijensé algo muy llamativo. En Macdonals los ascensos son con pegatinas, y he visto y escuchado a empleados sumamente contentos con sus pegatinas, lo muestran como medallas, como símbolos de honor frente a un sistema dado y la mirada del otro que lo reconoce. Inclusive la lucha por ser el empleado del mes y que se cuelgue la foto de la persona para que todos lo vean. Entonces ¿Lo único que se juega es el dinero como muchos pretenden? O mejor dicho: ¿No será que se juega el dinero como representante de las medallas que nos podemos comprar para que nos vea el otro?

 Por supuesto que no dejamos de lado el dinero como medio de sustento, como representación de poder,porque es algo primordial y un cambio que sucede una vez que los sujetos pasan a la independencia económica de los padres. Pero está claro que no es el único beneficio que se puede llegar a obtener del trabajo.

Inclusive recuerdo que un día viendo la Tele había una chica muy jóven, había dejado los estudios y se dedicaba a vivir de los padres cual sanguijuela. El programa se trataba justamente de esto tan en auge de la juventud que pasa de todo, es decir, la generación ni-ni. La cuestión es que se tenía que ir a vivir a una casa – Ahora recuerdo que se llamaba “De patitas a la calle” – y tenían que sustentarse. Pero la chica no parecía preocuparse en lo  más mínimo de nada. Ella era un máquina de gozar. La cuestión es que en un momento dado le dan un trabajo, y le dicen que tenía que podar el césped de un jardín (cosa que en su casa no hacía), pero no podarlo con los dientes uno a uno, sino con una máquina. Es decir, empujar un carrito con motor y listo. Pues contestó cual condesa magnifica de alto standing “Yo no estoy hecha para estas cosas”. Y en ese momento es cuando a uno le explota la cabeza y se queda en estado vegetativo. ¿Quién la hizo? ¿Qué hizo? ¿Cuándo?. Pero desde su perspectiva, sí tenía razón. En su casa, se hizo de esa manera, recibía por el mero hecho de existir y obedecer alguna que otra regla. Pero principalmente era como la reina de Inglaterra y no tenían que hacer nada por ello, mas que quedarse en casa. Para ella, eso era todo un trabajo... o al menos el ideal infantil. Gozar a cuenta de alguien y preservar mi identidad sin tachas, sin ninguna falta.

Lacan decía que el trabajo puede que no de la felicidad pero da identidad.

Ustedes fijensé algo. El “Quién”, el ¿Quién soy? esta dado por los padres. Yo soy Sergio Alonso Ramirez. Pero el “Qué”, es decir ¿Qué soy? ya tiene que ver con la mirada externa y con el trabajo o con lo social. “Soy gerente, artista, director, psicoanalista, psicólogo, barrendero, empresario, etc”.
Inclusive miremos un poco en como hablamos: “¿Quién es?” Es “fulanita o fulanito” y ¿A “QUE” se dedica?.
De hecho suele importar primero el “Que” desde una mirada social, y recién luego el “Quién”. Claro está que se fusionan y luego se dice “¿Quien es?” “Es el gerente de tal cosa” “Es la que limpia”

Entonces el trabajo ya no es simplemente un recurso para obtener alimento - como la madre en los primero años por cierto - sino que es también un escenario donde suceden muchas cosas, y entre ellas una fundamental, que vamos construyendo nuestra identidad.

Supongo que casi todos no la habrán visto, pero hay una serie Argentina que se llama “Todos contra Juan”. Se trata de un adolescente que lo eligen para trabajar en un programa de la televisión cuando era un niño  y esto es su única intervención en la misma. Pero la serie habla de cuando él se hace grande, y queda con un estado de adicción por volver a ser famoso, volver a ser mirado, adorado, deseado y querido por los demás. Y de hecho he conocido personalmente a alguien que así lo vivía. Y también, en este caso la persona vivía con sus padres y nunca se tocaba el tema de lo económico, sino todo lo contrario, el tema más bien de la identidad.

Inclusive he tenido la oportunidad de hablar con mucha gente joven que entraban a trabajar en hotelería, y digamos que en un 99%, todos y cada uno de ellos me decía lo mismo, que querían ser directores. Ahora, algo esperable, es que por ejemplo se entrevistasen con un director de hotel, que supieran de que se trata, lo que disfrutan, lo que sufren, lo que viven y como lo viven. Pero ninguno de ellos lo había hecho. Todos confesaban en su fuero interno que querían tener ese lugar, esa identidad. Ser director es obtener poder, ese poder que de niños otorgamos a nuestro padre, que de esta manera se constituye en nuestro ideal. Nuestro padre puede ser otro, un otro a quien otorgamos ese lugar y esa función.

Que en realidad se trata del ideal del yo, el lugar que “deberíamos tener”, “deberíamos ser”.
Incluso en el ejemplo del chico que mencione al principio, a los pocos días de trabajar decía muy convencido “Yo no voy a esperar un año para que me asciendan”. Como si ese lugar, idílico, le perteneciese. Como si en el trabajo, sus jefes deberían comportarse como sus padres y reconocerlo. Y digo esto porque aún nada había demostrado con respecto a sus capacidades, habilidades, sino más bien la demanda frente al otro de mantener su identidad previa. De ser el guapo de la casa, el chulo del barrio, y el “mejor de entre sus amigos”. Como si el trabajo le pudiera dar, como los objetos, esa idea banal de completud. Como si el trabajo le pudiese devolver esa mirada de amor y admiración que perdió en la infancia cuando se dio cuenta, vía castración, que él no lo era todo, que no podía tenerlo todo, que ya no era completo, por ende era un sujeto en falta, algo le faltaba con respecto a su completud.

Como podrán ir viendo otro tema que se deriva de éste es como se transfieren nuestros primeras relaciones objetales al trabajo. Es decir, como  de alguna manera aquello que tuvimos, lo volvemos a repetir, y escenificar en el nuevo lugar. Porque así como transferimos en nuestra vida cotidiana, con nuestros analistas, etc, también lo hacemos en nuestros trabajos.
¿O es que ese señor o señora del cual depende su aprobación, el reconocimiento, el ascenso, las normativas, el sustento, etc, no se nos hace similar a las normativas de nuestro hogar?
Inclusive el reconocimiento de la ley, del padre, de una nueva ley la cual se acata, no solo para sobrevivir, sino ser aceptado, amado o deseado y reconocido.

Justamente y ante esto algunos parecen en extremo incrédulos. Porque suponen, quizás, que lo que transferimos son los sentimientos positivos y no los negativos. Y yo me atrevería a decir que transferimos de los dos pero dado que no se trata de los objetos originales, en este caso las personas, podemos identificar odios y rencores en esas imágenes de poder. Deseos de ocupar su lugar, identificaciones, etc.

Recuerdo una amiga que me decía, rápidamente, de hecho, demasiado rápidamente, que a ella no le sucedía nada de todo esto. Sin embargo su madre había sido siempre una mujer opresora, demandante y agobiante. Y paradógicamente, con la jefa que tan bien se llevaba pero a la vez odiaba, al igual  que a su madre y su relación con la comida, poseía características, desde su perspectiva, muy similares a la de su madre.
Por momentos nada decía, y por otros explotaba exclamando que ya no la aguantaba más, que era insoportable. Pero al hacerlo ella de golpe, yo no podía saber nunca si se trataba de su madre o de su jefa. También, paradógicamente, con las dos, aprendió técnicas para no llegar al conflicto grave. O en otro momento se quejaba durante varios días sobre el agobio del trabajo, cuando en general no lo comentaba, y luego de analizar un sueño, surgió que estaba realmente agobiada por las demandas actuales de sus padres (a través de la madre). Pero claro, parece ser que es más fácil emplazarlo en el trabajo que confrontarse, o simplemente quejarse de los mismos. Esto es lo que se llama trasnferir y proyectar.

Inclusive fijensé que en todos los trabajos siempre hay un reclamo sobre el reconocimiento. La gente no suele estar contenta, no se siente reconocida como debieran. Ahora pensemos lo siguiente, el niño frente a la madre recibe amor incondicional, se le da sustento, y tiene que obedecer ciertas normas. Pero por ello ya recibe todo, amor, comida, reconocimiento e identidad. Pero en el trabajo no hay tanta satisfacción. Porque uno va, hace su trabajo, lo hace bien, y cobra el salario. A veces puede tener suerte y ser reconocido, pero nunca se le reconoce como antes... uno no se siente amado. Creo que en ese punto hay un quiebre que puede perseguir a la gran mayoría en sus puestos. Que por mas que les paguen un poco más, o les den un salario más elevado, lo único que obtendrán es solo una mirada que ayuda a constituir parte de la identidad, pero no se llega a ser amado como con los primeros proveedores.
Aparece la Falta, donde antes la mirada lo completaba todo, donde antes uno recibía por la mera existencia, ahora uno recibe algo... pero ya no todo. Den lo que nos den parece que no nos podemos completar, siempre deseamos más, siempre buscamos completarnos de alguna manera y siempre es inalcanzable.

Otro caso es el de una chica que su padre nunca la había terminado de aprobar o al menos ella así lo vivía. Ella pretendía otra cosa de él.Y se la pasaba corriendo de aquí para allí para intentar complacerlo. Pero esto lo repetía ya en el trabajo. Lo extraño, al principio, es que ella hablaba de su “Jefe- padre” como alguien difícil pero en el fondo con cariño. Cuando otras personas, bajo el mismo mando de ese jefe, lo definían como un ogro, como alguien inaccesible, insatisfecho, irascible, etc. Hasta que luego se veía mas claramente como ese jefe hacia el semblante necesario para que esta chica pudiera reconstruirse un padre similar, pero nada más que en este caso encontraba aprobación. Claro está, después de un arduo trabajo constante la cual la dejaba siempre atada a esa mirada, que por un lado es desaprobatoria, pero que por otro aprueba estar buscando aprobación.

¿Pero la repetición es exacta? Parece ser que es similar, pero a la vez más reconfortante, como que algo nuevo aparece en la repetición, con lo cual ya no es lo mismo. Es decir, no nos podemos escapar a repetir, al menos sin un análisis por medio. Digamos que la repetición es funcional, porque de esta manera podemos recrear un escenario tal que podemos dar curso a lo reprimido, como si de alguna manera pudiésemos crear o recrear una escena donde poner en juego nuestras cuestiones pulsionales, dicho de otra manera, nuestros vínculos inconscientes, a nosotros mismos, nuestras historias irresueltas y nuestros traumas.

En realidad si pensamos en nuestra vida como un juego de espejos, donde nuestro reflejo está dado por el otro, y en ese reflejo nos reconocemos, es también lógico que en un ámbito de trabajo encontremos una identidad. Esto, no quiere decir que sea la que nos guste, a veces nos puede ser satisfactoria y otras no. Al menos concientemente.

He visto casos que a priori parecen dispares, pero luego en un plano diferente son similares. Como en los trabajos un compañero es solo un compañero, pero en el momento que lo ascienden todos empiezan a ver en el cualidades que antes no tenía o al menos no se decían. Desde el propio discurso el otro es transformado en algo nuevo, modificado. Ya es ese que “se veía claramente que iba a ser ascendido porque siempre tuvo características muy positivas”. Pero antes nada de esto se decía ¿Es por él, es por el lugar, o es por como lo miran y como lo “dicen”? Al contrario, también he visto lo mismo pero a la inversa, como ese sujeto se convierte en objeto de odios y rencores. De beneficios que le correspondían a unos y se los llevo otro.

A veces me sorprende que la gente suponga que en un trabajo, es solo un trabajo. ¿No han visto absolutamente todas las propagandas que por comprar una fregona, una juguera, o un aparato para hacer abdominales, donde lo que realmente venden es que la gente lo admirará, amará, querrán acompañarlo y uno será feliz? La vida que era en blanco y negro, al comprar el producto, es a color, se ve diferente, se dice diferente, nos dicen diferentes. Basta con extrapolarlo a un puesto de trabajo, y ahora entenderemos al chico que dice claramente y sin tapujos que no le interesa trabajar en un hotel, o en turismo, a pesar de haberlo estudiado, sino que le interesa “ser director”.

Claro, habría que pensar que piensa él de lo que es un director, gerente, etc... Me refiero a lo que realmente implica. Pero él sí estaba seguro de algo, de como él los veía y como lo veían los demás a través de su mirada. Porque en definitiva estamos compuestos por la mirada del “otro”. Imaginensé que si le regalamos un cerdo y tres gallinas, para él implicaría tener mascotas y limpiar cacas. Pero en una tribu, este regalo puede que signifique un símbolo de riqueza.
O como hablábamos el otro día sobre los tonos de piel. Donde en el occidente es “guay” estar con color tostado, en Oriente no lo es. Porque aquí estar tostado significa vacaciones, también que la gente que tiene mucho dinero puede estarlo todo el año, pero en oriente significa lo contrario. Y es que la persona trabaja en el campo y es pobre. ¡ Rehuyen del sol como si fueran vampiros!

Inclusive, sin el trabajo, en un época en España me comentaban que ser un “Parado” era un estigma. También en la comparación de “trabajador-no trabajador”  se revela la identidad. Como si uno fuera parte de una categoría social. Y lo es pero sólo a nivel de lo imaginario.

Ahora bien, hay gente que a este respecto me afirman que el trabajo no les da ninguna identidad, o al menos la reniegan. Pero sí es cierto que no lo viven como otros. Es decir, parece ser que de alguna manera pueden despegarse de esa mirada. No del todo, porque al fin y al cabo, una mirada es una mirada.
Entonces ¿qué les pasará? ¿qué opera en esos casos para que no queden tan sujetos a ese escenario y no validen esas miradas como constitutivas?
Pues lo que he visto es que simplemente su identidad la encuentran  en otros aspectos, en otros lugares y con otras personas.
Por ejemplo un estudiante que está en un trabajo y sabe que es temporal y no quiere ni ascender ni nada porque su prioridad son sus estudios, le puede interesar poco aquello que en su trabajo puedan decir de él, pero no así en su universidad o los que lo rodean. En otros casos están más centrados en la mirada de otros afectos como amigos, y en otros puede haber una cuestión edípica muy fuerte, en el cual el trabajo es un recurso para mantenerse en el escenario familiar, es decir, trabajo para subsistir, pero yo sigo siendo aquello que soy en casa, a pesar de vivir solo. Aunque es cierto que esto se suele transferir en los trabajo comunmente.

No a todo el mundo le gusta su trabajo, ni lo disfruta, algunos pueden vivir en ellos como calvarios, y otros como un lujo. Es evidente que quien lo viva mal pondrá sus lugares placenteros fuera, y quien lo lo disfrute lo viva intensamente.

Recuerdo que una semana me dice un empleado que estaba por pre-jubilarse en unos meses: “Sergio, la verdad es que no aguanto ni un segundo más en este trabajo, no veo la hora de irme” y sin embargo en la misma semana me comenta otro profesional “¿Sabés? Estoy contento porque me enteré que en España uno se puede jubilar pero aún así seguir ejerciendo. Y la verdad que yo no quiero jubilarme, mi trabajo a mi me gusta” y en otro momento me comentaba “¿Vos me ves a mi de jubilado?”. Interesante las dos perspectivas sobre su situación. Los dos hombres en edad de poder jubilarse, los dos trabajando prácticamente toda la vida en sus respectivas profesiones, y uno quería rehuir, y el otro quería mantenerse en ese lugar. Uno no quería volver a verse en ese lugar y otro no quería verse como jubilado.

Es verdad también que cuando una persona elige su trabajo, encuentra en él un sentido en su vida, un horizonte, una forma de formarse como sujeto y como persona, posiblemente poco quiera dejar su trabajo, aunque no son la mayoría a los que les sucede.
No es fácil renunciar a una identidad cuando uno se identifica placenteramente con ella.

Hace no mucho me preguntaban si suponía que esta persona volvería a pasarse por el trabajo y muy a pesar que nada lo quería. Y le dije algo que me comentó mi analista en Paris “ - Es normal que te sientas raro al haberte venido aquí. Nadie te conoce, en ninguna mirada te podés reflejar. Con lo cual, de alguna manera tu propia imagen se te hace borrosa - ”. Y es por eso que cuando a alguien lo cambian de sector vuelve durante una época a su viejo sector, a su viejo trabajo, porque es ahí donde se lo re-conoce y se constituye como sujeto, hasta que finalmente en el nuevo puesto se empiece a sentir reflejado.

Pero esto también me hace dudar... porque... Hay gente que cuando tienen vacaciones muy largas, o están en el paro durante mucho tiempo, se angustian, se aburren, se sienten perdidos. Esto, dentro del marco que hoy aquí tratamos es completamente lógico. Porque justamente, las vacaciones serían la excepción que confirma la regla. O lo que esta dentro de la regla.

Muchos pensarán “sí, pero existe la depresión post-vacacional”. Y yo les contestaré que existe mucho más la angustia a estar despedido. Porque las vacaciones, o el despido, es en definitiva una separación, un volver a reconectar las pulsiones a otros aspectos, y toda separación conlleva angustia. La diferencia es que ante un despido aparece la angustia frente a la libertad y a lo incierto, por supuesto, sumando a esto la cuestiones económicas que refuerzan aún más dicha incertidumbre. Es más, posiblemente con el tiempo se pueda llegar a pasar por un supuesto luto. En definitiva, el trabajo da un lugar de consistencia al sujeto, por mas que reniege de él, que odie, que ame, pero a la vez está abrazado al mismo, de forma placentera o pasivo-masoquista, y porque no, de forma sádica. Es  parte de nuestra historia, y nosotros somos una historia vivida en presente. Si no, veamos que para conocer a alguien, le pedimos el curriculum vitae. Queremos verlo en su historia, a pesar que no nos asegure el futuro, pero esperamos que se pueda llegar a repetir, o al menos dilucidar algo de ella. Pero en el propio CV somos una historia viva, aunque muchas veces fantaseada.

Ahora está el otro tema... ¿Y la gente que se siente estupenda fuera del trabajo? ¿La gente que con el sustento necesario es feliz sin ese trabajo? Yo mismo, me he tomado en una época 9 meses de paro para poder re-conectar con mis propios deseos, conmigo mismo, porque en algunos casos del ocio y del aburrimiento surge la creatividad. Como si bajásemos resistencias y dejásemos salir a esas pulsiones que buscan placer, como si encontrásemos formas placenteras de gozar inconscientemente, o simplemente, que dejamos de responder a un Amo puesto fuera y escuchamos al Amo que llevamos dentro.

Y eso les sucede a muchos en sus vacaciones. Se re-encuentra diferentes, en nuevos escenarios aparecen nuevos conductos de satisfacción. Hay como una re-conección con uno, un desligamiento con el Amo-trabajo, que nos permite explorarnos ¡y claro! como no angustiarse ante la castración de volver a un trabajo que coarta esa libertad... Y otra gente, en cuanto esta desempleada atraviesa lugares similares. Re-conectan con otros aspectos. Algunos pueden conectar con aquello que realmente les gusta y tomar diferente decisiones para su futuro. Otros, sin embargo, pueden hacer como una especie de regresión a la infancia, donde no hay responsabilidades, donde se era feliz, y también nos puede indicar lo que a esa persona le cuesta la adultez, o que no la puede asumir, sino sufrir.

En todo caso, el trabajo es un lugar donde buscamos el sustento, la supervivencia, en ese sustento y  supervivencia nos recreamos, nos reflejamos, transferimos aquello de antes, que ahora es hoy, nos construimos o nos cristalizamos, creamos y destruimos. Y en todo eso, somos, nos identificamos, y constituimos un aspecto importante de nuestra identidad. Pero, claro está, no es el único, ya que no es solo este lugar en que transita nuestra vida, pero sí uno de los principales, uno donde pasamos mucho tiempo.

Basta con oírnos, soy Ama de casa, y de un momento a otro, soy jubilada. Soy aprendiz, y luego experto, soy esto, soy aquello... aquello que me refleja ese lugar en el me posiciono y posicionan...

Gracias!

Sergio Alonso Ramirez



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