"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


27 de junio de 2013

Fin de análisis: Continuar creciendo

A veces se puede volver muy complicado explicar con palabras lo que puede suceder en la clínica psicoanalítica. Digamos que el sujeto ha ido distribuyendo sus pulsiones y líbido en diferentes aspectos de su vida, que pueden dar como consecuencia algo que, como resultado, le resulta díficil, doloroso, o angustiante. Como si de alguna manera parte de su "energía" estuviese distribuida en cuestiones que justamente le hacen mal, pero no puede ni sabe vivir su vida de otra manera. Claro está que los motivos ya se encuentran lejanos de su conciencia y lo único que puede hacer es intentar sostenerse y funcionar con los síntomas a cuesta y otorgando su líbido, incluso, a las cosas que le angustian.
Un amigo me contaba algo muy significativo e interesante
que sirve para poder entender un poco cómo funciona la clínica y el fin de un análisis.
Así relataba mi amigo su historia con respecto a la botánica:

"Yo no quería podar ese arból, pero mi amigo me dijo que había que hacerlo. Y le dije que quedaría horrible. Al contestarle esto me explicó que justamente ese árbol al haber comenzado a crecer mal ha distribuido su savia en todas las ramas, y que ahora en vez de parecer un árbol se había convertido, prácticamente, en un arbusto. En la medida que no podamos las ramas que lo convierten en arbusto, las mismas seguirán tomando savia y no podrá crecer hacia arriba como un árbol que es. Si bien es verdad que cuando lo podemos se verá más feo y no lucirá el paisaje como antes, es un proceso necesario para que pueda empezar a crecer hacia donde estaba destinado y la savia dirigirse hacia lo que necesita para crecer y que se vea finalmente en todo su esplendor"
Quizás aclararía que desde una perspectiva psicoanalítica, los síntomas no es el arbusto, sino las hojas del arbusto. Quitarlas no harán que se convierta en otra cosa, más que en un arbusto podado, la metáfora es que, el sujeto, a partir de poder ir reconociendo sus formas pueda ir renunciando a estas "ramas" (formas de goce) que toman de sí una cantidad de energía (savia) y pueda irla poniendo en algo diferente. No sirve anular un síntoma si el arbusto sigue siendo lo que es. Puede que sea un arbusto más cómodo, pero la cuestión es que pueda, cada sujeto, comenzar a reconocer aquello que, a través del tiempo, hoy se ha convertido en algo y podarlo para poder desplazar dicha "savia" hacia nuevas formas de vivir en su vida.

¿Significa esto, acaso, que será perfecto? No, significa justamente que tendrá que aprender a vivir como lo que es, un árbol, pero no ya arbusto.

Muchas veces me preguntan sobre el final de un análisis, si hay un alta, o si es algo eterno. Y es verdad que muchas veces, por los motivos que fueren, algunos analistas se muestran algo reacios a responder esta pregunta.

El ejemplo del árbol es muy bueno. Me gustaría definirlo así: El árbol-arbusto se cree efectivamente que es arbusto, y viene porque se siente aplastado. Entonces el primer momento es un período de reconocimiento. Donde el empieza a ver sus formas y empieza a descubrir y a contar que hay una serie de aspectos que nunca le han gustado (¡claro! es un árbol, no un arbusto). Luego hay otra etapa, que a cada uno le lleva su tiempo, que es de abandonar esas ramas que le permitían existir de una manera particular, quizás no con el placer que pretendían, pero al menos les permitia existir. Ésta es complicada, porque aún el arbusto no sabe ni cómo ser ni será como árbol. Finalmente comienza a crecer como árbol y ya va dejando su vieja vida de arbusto.
En ese momento en el momento que el sujeto empieza a vivir una vida de otra forma, que la demanda va cayendo porque va poniendo su savia en su crecimiento, es el momento en el cual el propio árbol (se y le)plantea dejar de visitar al jardinero (uno que no poda, sino que le muestra un espejo). Y ahí, en ese momento, ya es hora de continuar siendo lo que se es, pero con un conocimiento diferente, una forma de afrontar la vida diferente, y ya no como un arbusto sino como un árbol.
¿Y esto implica que nunca necesitará volver? Y bueno, puede que en algún momento de su vida necesite ver otras cuestiones, o no. Ya eso dependerá de cada sujeto y sus circunstancias.

Pero no hay que confundir ciertas cuestiones con otras. Es bueno que esto del fin de análisis el sujeto se lo pueda comentar al analista. Porque en algunos casos puede ser que quieren dejar de ir por una cuestión sintomática. Justamente porque les da miedo dejar de ser arbustos, porque se están por dar cuenta de ello, o porque están tan acostumbrados a sus pesares que ahora los cuidan como tesoros. Otros porque suponen que al dejarlo serán "perfectos". No hay que confundir un fin de análisis con una huida puesta en acto.
En algunos casos, por ejemplo, personas que tienen conflictos repetitivos con sus relaciones, luego de este proceso terminan dándode cuenta que están en pareja, de forma saludable, felices, y que han aprendido a aceptar algo bueno. Y ya no necesitan ir más. Otros que finalmente formaron la familia que tanto deseaban, que se pueden relacionar con su vida y el exterior de forma diferente, o dejan de estar con quien no quieren estar, y todos, en definitiva, que están viviendo de acuerdo a su deseo (que muchas veces aparece o sepultado o contrariado).

Y no hablo de síntomas, porque los síntomas son la "cara visible" de otras cuestiones mucho más profundas en los sujetos. Me animo a llamarlos "un recurso para demostrar que otra cosa anda mal".

Y así, cada uno, luego de su análisis particular y personal aprende a ser un tipo de árbol, con sus cuestiones, claro está, pero ya sin vivir en la angustia repetitiva sino con las vicisitudes de la vida cotidiana, una que ya poco o nada tiene que ver con la de un árbusto.

En definitiva se trata de seguir creciendo, pero poder hacerlo diferente.

Sergio Alonso Ramirez
Psicólogo - Psicoanalista







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