"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


29 de junio de 2013

La piel que no tengo

Hay personas que se sienten profundamente angustaidas ante la mirada del "otro". Como si fuera algo insoportable, algo de lo cual no queda más opción que huir. Y no son pocos los que sienten dicha angustia frente a un mundo que parece rechazarlo, o quizás debería decir... reconocerlos. Algo similar a lo que les suele suceder con el espejo.
Me refiero a personas que frente al mundo sienten que éste golpea sin cesar, que cualquier agravio produce dolor. Pero cuando analizamos los casos vemos que en general el dolor no es nuevo, no es casual, sino es un dolor histórico. Como si en ese rechazo se encontrasen con algo desagradable, y a la vez propio. Como diría Freud, con lo ominoso, algo que no gusta, siniestro pero a su vez familiar. De ahí que antes use el significante "reconocerlos". Porque en esa mirada
de rechazo, angustiante, se siente dolorosamente reconocidos. Los odian por rechazarlos de esa manera, y por otro lado no pueden ver ninguna otra mirada. Se quedan hipnotizados de esos ojos que dicen algo que suponen ser y a la vez no quieren reconocer. Aparece la certeza del rechazo. Y a su vez hay un odio profundo puesto en esos personajes en el presente que terminan encarnando una historia propia.

Una vez me contó una persona, que había sufrido este tipo de maltrato, algo muy peculiar. Nunca había tenido atención de su padre. No porque fuera malo, sino que era un obsesivo compulsivo que sólo podía trabajar y aportar dinero, pero nunca pudo ser padre. Por esto, al crecer, se bañaba solo, sin saber, por no haber sido transmitido, que necesitaba echarse hacia atrás el prepucio para limpiar su glande. Y así sin esta información se bañó durante años. Al llegar a la pubertad le pasaron dos cosas. Por un lado apareció la fimosis en una piel que había perdido su elasticidad, y por otra, su glande, cuando retiraba la piel, estaba en carne viva. La sensibilidad de su glande era tan grande que no podía ni tocarlo suavemente. Pero no sólo le pasaba esto en su pene, sino también en sus relaciones con el mundo exterior.


Muchas personas, por sobreprotección o ausencia de protección, no pueden desarrollar esta capa simbólica que sería esa piel que se va curtiendo para poder pasar lo avatares de la vida. Sin esos significantes que le permitan crecer, curtirse y desarrollarse, se encuentran de golpe en una sociedad llena de gente que al más pequeño toque los hacen sufrir terriblemente. Y lo cierto es que se trata de los "sin piel". Como comenté en algún momento puede ser por padres demasiado absolutos que por amor protegieron al sujeto tanto de "peligros" que lo único que le quedo fue "peligro y carne viva", u otros que por ser absolutos y amenazantes los dejan en la misma posición.

¿Cómo no van a aparecer los aislamientos, los hikikomoris, la acumulación de objetos como segunda piel, la agorafobia, la reclusión social cuando aún no han podido hacer ese proceso de crecimiento de piel y luego curtir la misma? Inclusive, en otros casos, aparece el suicidio... Ante un mundo que parece insoportablemente doloroso algunos se plantean el dejarlo.


El otro día por una web me consultaba una chica que me decía que no soportaba la mirada de los demás, ni que le digan nada malo, ni que lo hagan con otros. Que se aislaba de todo el mundo y me preguntaba que "técnica" podía hacer para que esto no suceda. Aquí aparece el Amo capitalista que le dijo que "todo se puede comprar", inclusive el crecimiento. Pero no hay compras válidas aquí, ni operaciones suficientes, ni "artículos adquiribles" para deslumbrar a los otros y hacer sentir que valen. Porque ellos, todos ellos, significan, en el fondo, rechazo.
Lo que atiné a contestarle fue "La mirada del otro es un espejo donde cada uno ve aspectos propios. En todo caso tendrías que evaluar que te está pasando con esto a través de un análisis".

Ella como tantos otros pretender comprar una pastilla, mágica, que de golpe, haga que todo sea diferente. Pero la única que logra eso se llama cianuro... Las otras sólo alteran estados.


Las personas sin piel (simbólica) ven en los otros el reflejo de su falta de protección, de esos recursos afectivos que faltaron. Cada ataque les recuerda lo que no son, lo que no tienen, lo que no pueden. La angustia se hace insoportable y se refugian... Algunos dentro de sus casas, otros dentro de sus mentes (obsesiones), buscando desgracias ajenas para sentir que no son los únicos tomando el rol activo y otros en síntomas histriónicos e histéricos (cuerpos despampanantes, coches pomposos, marcas bien visibles) para que no vean lo que se esconde agazapado detrás, esperando el momento oportuno para volver a aparecer y recordarle al sujeto que esos eran sustitutos de lo que no tiene. Y cuando se confronta con esa realidad... puede aparecer la depresión más absoluta donde el sujeto se repite una y otra vez lo inútil que es, lo poco que sirve, y que no merece siquiera vivir.
Los síntomas se pueden multiplicar y expresar de diferente forma en cada uno.

El problema no es solamente que no tengan esa piel, ni que no la hayan podido desarrollar por los motivos que tuvieron a lo largo de su historia... El problema radica en que lo único que tienen es su historia y su falta de piel y no saben, ni siquiera sueñan, con llegar a tenerla.
Entonces ¿Qué les queda? El síntoma como refugio, angustiante, pero menos que el dolor por el contacto con el otro y su mirada:

A mí no me mires... yo miro el suelo
A mí no me mires... yo me refugio en mi casa
A mí no me mires... yo soy perfecto y tengo todo en "orden"
A mí no me mires... mira mis tetas grandes y seductoras
A mí no me mires... mira que coche fabuloso tengo
A mí no me mires... mira mi profesión y mi colección de títulos
A mí no me mires... no valgo la pena...
A mi no me mires... sólo me mira mamá (o papá)

Pero, aquel que le pase esto, y así se sienta, también tiene que saber que hay esperanza... Parece que no, todo en su vida y su mundo indican lo contrario. Inclusive su presente da claras y empíricas pruebas de que es un/una idiota que nunca logrará nada. Pero no es así... El tema es poder volver a tratar estas cuestiones y de a poco (muy de a poco en estos casos) ir reconstruyendo esta piel, que al principio es súper sensible pero que se va fortificando con el tiempo.

Por eso, en el trabajo analítico no se trata sólo de "interpretar" lo que dice el paciente. Es decir, devolver aquello que trae. No... Porque en ese ir y venir discursivo se va tejiendo algo también, algo que llamamos transferencia, una forma diferente de vincularse, de transmitir, de escucharse y escuchar. Y en esa dialéctica, si el sujeto se sostiene lo suficiente, empieza a tejerse esta otra piel que le permitirá encarar el mundo. Porque en definitiva, la mirada del analista, es otra mirada donde cada paciente se refleja también, sin embargo, por su formación, sostén y transferencia, el analista le devuelve algo diferente que el otro transmite y que ni siquiera se daba cuenta. Y cuando eso se comienza a establecer, cuando el sujeto se empieza a reflejar diferente, los otros ojos serán solo nuevos espejos donde poder verse, pero ya no sin piel, sino protegidos.

Sergio Alonso Ramirez
Psicólogo - Psicoanalista



5 comentarios:

  1. Fabuloso artículo, Sergio. La música de La Pobrecita de Raúl Medina me llevó a tu vídeo y luego a la conferencia sobre la crisis de los 30 (que espero haber superado después de decidir que la enfermedad no me valía la pena para obtener amor, ni aun consiguiéndolo) y ahora llego a tus artículos, una mina de oro. Entre el tiempo que dedico a cantar y hacer deporte, el que dedico a trabajar, el que dedico a estar abierta y presente con los demás y el que dedico a descansar, ¡buscaré ratos para seguir leyéndote! Muchas gracias por tu labor, tu pensamiento y el modo en que lo expones me parecen extraordinarios.

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    1. Hola Clara, creía que te había respondido pero he visto que no. Te agradezco mucho tus palabras ya que hacen que tenga sentido aquello que hemos realizado. Se trata de eso, de caer en el momento justo a la persona que de alguna manera le hace "tilín".
      Muchas Gracias por tus palabras. Te mando un saludo

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  2. Uy, este artículo me toco muy de cerca! Me sentí muuy identificado, es más, era algo que siempre quise leer, sobre la mirada del otro! La lecturas varias me ayudaron a ayudarme, aunque todavía me afecte a veces esa mirada del otro. De hecho en uno de mis peores momento hace 1 año, a través de una experiencia psicodélica, cerraba los ojos, y veía unicamente ojos que me observaban! Después me desesperé y me desmaye. Te agradezco Sergio porque tus artículos y videos ayudaron a analizar mi historia, y a generarme mejor esa "piel". Pero tengo muchas ganas de analizarme, y lo voy a hacer! Es más, si tuviera una independencia económica, te eligiría a vos!je Gracias! Un saludo.

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    1. Somos a partir de la mirada del otro, la cuestión es como nos relacionamos con la misma, ya que en definitiva es un espejo que devuelve lo propio.
      Cuando estés listo, estaré aquí.

      Saludos!

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