"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


21 de junio de 2014

Ayudar y Responsabilidad

Jorge Matheus
www.jmatheus.es
Parece muy propagada en la sociedad una idea que resulta peculiar: “Ayudar a quien lo necesite”. Pero parece ser que este es otro de los significantes que se tienden a vaciar en su contenido para fijarse sólo en las formas.
Entre otros surge la idea que a la persona que necesita “ayuda” hay que "darle". Pero no sólo aparece desde el que se satisface narcisísticamente desde el acto activo, sino del necesitado.
Ahora si la cuestión es darle la ayuda a quien lo necesita podríamos pensar en diferentes necesidades:
  • Un nazi necesita ayuda para terminar de golpear a su objeto de odio
  • Un hombre necesita ayuda para que su mujer no lo denuncie por maltratos.
  • Una mujer para secuestrar a sus hijos y que no los pueda ver el padre.
  • El adicto necesita ayuda cuando no tiene su droga.

Todos necesitan de algo, necesitan ayuda ya que por sus propios medios no pueden tener aquello que necesitan. Entonces ¿Hay que ayudarlos?
Esto nos lleva a pensar en otra cosa ¿Qué es ayudar? Y es aquí donde la cosa se complica. Porque parece que tenemos metido un chip que ante la petición de cualquiera debemos “ayudar”. Pero la pregunta que uno se hace, y empezando por el final es ¿Ayudar a qué? ¿Cuál es el propósito de ese acto? Y muchas veces, si no es que siempre, nos encontramos con el sujeto que ayuda por un motivo: Narcisismo, por sentirse bien consigo mismo. Pero a veces es tal el narcisismo que ni siquiera la persona tiene la decencia de plantearse si lo que hace está bien o mal o si es valioso para "el otro". Lo hace y se dice, muy satisfecho de sí mismo, “he ayudado, y el que ayuda es bueno. Soy bueno”. Digamos que se maneja en el binomio necesidad-ayuda y de allí no se sale. Ese binomio puede esconder múltiples cosas como co-dependencias narcisísticas (que se dan particularmente en parejas, amigos y familias entre otros).
Pero avancemos un poco más. Cuando vivía en París se veía algo particular. Chicos (franceses) de unos 22 o 23 años, con idioma, nacionalidad, seguridad social, ayudas del gobierno, etc, pedían por la calle. Sí, y todos los días, pedían desde una moneda o cigarrillos, lo que pudiesen conseguir les valía. Pero no era sólo estos chicos, que de pobres nada parecían tener, sino que había como una cuestión con el pedir por todos lados. Y, no podía ser menos, pedirle al estado constantemente. Pero ese pedir no era para ir hacía ningún lado, sino justamente para quedarse en el confort de su sistema gozoso.
Hay un proverbio chino donde un hombre tiene hambre y otro le dice que no le va a dar el pescado, sino que le va a enseñar a pescar.
Sin embargo Monty Python en su película “La vida de Brian” da una respuesta muy realista de este proverbio.
Brian (Jesús) pasa por todos los leprosos y se le ocurre curarlos. Los mismos lo persiguen a pedradas por la ciudad ya que ahora no tenían forma de sustentar a su familia, su forma de vida era mendigar, no estar curados.
Entonces la ayuda no es algo tan superficial como se la toma hoy en día, ni tiene que ver realmente con la demanda de la persona. Si fuera así los médico solo darían tranquilizantes, los dentistas anestesias y los analistas haríamos psicología “positiva” (enajenamiento narcisista).
Ahora nos toca adentrarnos en otro escabroso tema: La responsabilidad.
La gente suele estar de acuerdo que cada uno tienen que pagar sus facturas, y que cuando no se pagan luego vienen con intereses. Los mismos por no pagar lo propio. También se muestran de acuerdo que cada uno tiene que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, tanto positivos como negativos. Pero luego aparece este aspecto perverso en la sociedad donde toda esta lógica se anula frente al sufrimiento del otro. Es decir, si alguien te pide dinero, se le da porque “lo he ayudado”, lo que no se preguntan es que se quedó sin dinero por gastárselo todo en el casino por ejemplo. Y que esa consecuencia, incluso volver caminando hasta su casa, es la consecuencia de su acto, del cual debe hacerse cargo y aprender de él (al mejor estilo estímulo-respuesta).
Se ve que muchas personas evitan cuestiones en su vida, y lo hacen durante mucho tiempo, años, inclusive casi toda una vida. Pero siempre digo lo mismo, el límite del delirio es esa pared llamada realidad donde el delirante se estrella y parece no entender por qué (ya que negaba la misma). Entonces personas que se han hecho los “distraídos” con algo propio, ya sea negando, poniéndolo en los demás, etc., pretenden, ahora, que alguien se haga cargo de su malestar. Inclusive se ofenden si no son “asistidos” en su “necesidad”. Pero un asistir sin hacerse cargo, un recibir porque sí, por su mera necesidad. 
Pero claro... ¿Qué es lo que pretenden realmente? Pretenden ser asistidos para poder seguir igual. No es que han caído, o se les ha caído la consecuencias de sus actos en la cabeza y luego piden ayuda para levantarse, sino que la piden para sostener eso que se cae y a la vez no quieren saber nada.
El concepto de responsabilidad parece que se va esfumando del discurso, como un engaño de la sociedad para generar perversos que hacen lo que quieren. Total, todo puede ser culpa del Otro: El gobierno, la conspiración, la genética, la herencia, Dios, la suerte, el cosmos, el universo o lo que fuera.
Aparecen formas neuróticas viejas con nuevos ropajes. Ahora no se le pide a “dios que me dé” o “me ayude” sino se le pide al universo ( y también al médico, genética, etc.).
¿Por qué una persona no debería pagar el coste de sus actos y elecciones?
Incluso más, porque no debería hacer un pago, real o simbólico por aquella ayuda que pretende. En definitiva es comenzar a aceptar la falta y saber que para recibir tenemos que dar algo... algo más que nuestra miseria, sino hacernos cargo. 
Si los ayudamos en ese momento particular, tan angustiante, si le quitamos el peso (consecuencias) de sus propios actos, es cuando realmente no la estamos ayudando. Y sí, claro que sufre, pero sufre como quien mete los dedos en el enchufe (como consecuencia de algo que ha  hecho).
Esto es como si a un bebe cada vez que meta la mano en los enchufes cortamos la luz. Entonces no entiende desde el discurso, ni el acto, que algo está prohibido. El día que no estén atentos ese niño morirá.
El sujeto no quiere pagar por sus actos, ni por su sufrimiento, es el primer rasgo neurótico, más bien perverso infantil, donde le pide al otro que lo ayude “porque lo necesita”, pero ayudar no tiene que ver con la necesidad, al menos con esa. El sujeto necesita aprender, esa es la real necesidad y a veces ayudar es justamente no hacerlo sino dejar aprender al sujeto las consecuencias de su actuar. Entiendo que hay situaciones que pueden ser nefastas, pero… ¿Quién las fue generando? y aún más ¿La persona quiere aprender y salir o tapar y seguir igual?
Me comentaba un paciente que la familia está feliz por su regreso así “los puede ayudar”. Y le dije que ojo con las “ayudas” y con los compromisos de co-dependencia. La gente no quiere ayuda en general: - si quieren ayuda ve a quitarle a un adicto su objeto de adicción y verás lo que te pasa. Dile a alguien que nunca se esforzó que está donde está a causa de su falta de esfuerzo y que ahora tiene que hacerlo y verás, nuevamente, lo que te contesta…-

Pero… El significante ayudar existe ¿no? Claro que sí, pero tiene que ver con poder ayudar a otro en aquello por lo que está luchando conseguir. No por lo que está luchando por evitar. Una cosa es ayudar a alguien de forma puntual a que pueda alcanzar su objetivo, y otra muy diferente a que continúe no haciéndose cargo de aquello que le corresponde (y colaborar a la repetición).
Un día un joven muy perverso me pregunto cómo podría ayudarlo la madre. Él vivía con ella, no estudiaba, no trabajaba y encima era agresivo y robaba. Obviamente no pagaba nunca por sus actos, los pagaba el Otro (perversión). Y le contesté: echándote de su casa y te busques las castañas y pagues tu por tus actos.
Obviamente le dije lo que no quería escuchar, él, encima de ya tenerlo todo, se preguntaba cómo obtener más… del otro.
Ayudar creo que tiene que ver con que el otro pueda lograrse, no en lo que uno quiera, sino en lo que el otro luche (su deseo). Ayudar tiene que ver con el logro, no con la desidia perversa. No porque alguien “necesita algo” se le tiene que dar. Porque hay que ver que es lo que necesita subjetivamente y por qué y para qué.
Pero queda un último e importante resquicio ¿Por qué circula tanto el tema de ayudar? Muchos dirán rápidamente que tiene que ver con la iglesia católica y demás. Que no se equivocan tampoco. Pero tiene que ver con la cuestión neurótica del sujeto frente al Otro. Hay como un contrato tácito donde el que da sin más, no lo hace (como es habitual) gratuitamente. En el momento instantáneo recibe la idea de su buen corazón y voluntad, pero hay algo más, algo más siniestro que se anida en ese acto: Doy sin saber, para que me den sin enterarse.

Cuestiones, como siempre, infantiles. Mamá, papá, denme porque necesito y ustedes son mis proveedores… ¿de qué? De mi preciosa existencia ¡obviamente!

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista

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