"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


13 de julio de 2014

El problema de curarse una enfermedad

Igor Morski
http://www.igor.morski.pl/

A medida que avanzamos en el tiempo otras corrientes científicas van “descubriendo” aquello que Freud empezó a enunciar hace más de un siglo: “Que la psique se posiciona en el cuerpo”. Es decir que no hay una diferencia tan grande entre psique y soma (cuerpo). Los estados de ánimo y psíquicos pueden ayudar a generar una enfermedad, potenciarla, hacerla mortal, o utilizarla como vía de expresión.
Una persona puede tener una gastritis y ciertas cuestiones del orden psíquico pueden utilizar esa vía para descargar y así transformarse en una úlcera por ejemplo (siempre a nivel inconsciente).
Pero vamos más allá y hablamos de cuando se desencadenan enfermedades que están íntimamente vinculadas con estados psíquicos. El cuerpo tiene una serie de formas de defenderse de agentes que están a nuestro alrededor. Unos cuerpos más deprimidos enferman y otros no. Pero muchas veces esos cuerpos están deprimidos porque su sistema se está defendiendo y/u ocupando de un desgaste psíquico importante de la persona (obsesiones, estados de alienación, alteraciones del cuerpo  como descarga, relaciones tóxicas, etc.). Y ahí es donde aparece una doble problemática, porque la enfermedad no aparece como el principio de algo, sino como la gota que desborda el vaso y se derrama. Entonces la tendencia defensiva del sujeto es pensar en la gota, pero el problema es que hay un vaso lleno y una fuga que no cesa de gotear. Ahora el cuerpo no es depositario de la psique, “es la psique en sí, hecha carne”.

Cuando nos adentramos en la historia de los sujetos encontramos que la enfermedad, en muchos casos, no aparece como problema, sino como solución. El sujeto puede quedar atrapado en su propia tela araña sintomática que fue construyendo y pudiendo sostener a través de los años. Ahora se encuentra atrapada en una situación particular en el trabajo, con la familia construida, heredada o relaciones próximas, contexto, etc. Es decir llega un momento que queda tan presa de un lugar subjetivo que no logra salir.
Para entenderlo fácilmente lo podemos pensar así. Una persona se comporta en general como una mosca cuando quiere salir por una ventana que está cerrada. Se da de bruces una y otra vez contra el vidrio sin plantearse que si se moviese un poco encontraría una parte entreabierta para poder salir. El sujeto hace lo mismo. Se queda atrapado en una escena que no logra concretar, entonces la vuelve a repetir suponiendo que el problema son los actores, el decorado o lo que fuese de “afuera”. Lo que no puede ver es que repite es una escena que terminó mal y al repetirla sin cesar nunca termina de cambiar el guion completamente.
Llegamos al momento donde ni siquiera esta escena la llega a satisfacer pero no sabe quién es fuera de la misma.  No puede ni tuvo el lugar de poder subjetivarse de otra forma, pensarse diferente… ¿Cómo puede escapar de ese sueño vuelto pesadilla? Pues enfermando. Desarrollando algo que ya tenía, o no pudiendo “repeler algo de afuera”.
Ahora el sujeto ya no necesita decir que no a todos los otros integrantes de su escena. No podía antes, pero ahora hay un arma infalible: “no es que no quiera, es que no puedo” (es “superior” a mi).  Ahora puede poner un límite entre aquello de lo cual no podía zafarse de “su realidad” y su propia persona. La relación con la enfermedad es de compromiso en tanto ayuda a la persona temporalmente a separarse de lo que realmente la enferma (una realidad insostenible).
Sin embargo no es lo único. Porque no enferma por mala o por solamente no saber decir que no. El problema es que la persona, como se ve en la consulta, si dice “no” a la enfermedad tiene otro problema peor: ¿Cómo volver a aquello de lo cual escaparía con la enfermedad? Aparece el agujero negro angustiante de entenderse diferente. Eso no se tejió, no se pensó, no se elaboró. Es ahí donde entra en juego el análisis donde la persona no sólo trae su historia sino en el propio discurso empieza a tener una posición diferente, protagónica, y a su vez elaborar lo que quedó perdido. Empieza a ver(se) desde otra perspectiva, a subjetivarse diferente.
Pero antes que esto suceda, está la gran conflictiva. No le gusta su realidad, no sabe cómo tener otra, son demasiadas cosas de su historia y su forma particular de gozar (inconscientemente) que la atan a esa construcción.
Y ahora entendemos el título de este escrito, en una pregunta que le hice a una persona hace poco:
- “Tu problema no parece el tratamiento para curarte, ni siquiera el dinero ¡ojalá fuese sólo eso! la pregunta real es: ¿Para qué curarse?” -
Porque no nos dejemos engañar por lo superficial. Si el sujeto se cura, tiene que volver donde se angustia. Entonces ahora se queda atrapado en dos cuestiones angustiosas, la enfermedad que libera y la salud (entendida como su realidad) que enferma.
Una dicotomía nada fácil para el sujeto.
El sujeto no quiere curarse las heridas para no volver a recibir latigazos, pero tampoco se logra entender como una persona fuera de ellos.
La cura no es sólo del cuerpo, sino que está vinculada a la relación subjetiva de la persona con sí misma y su mundo.

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista 

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