"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


26 de junio de 2015

El tercero en “discordia”: El hijo


-   ¡Santa inocencia! – se suele decir en Argentina cuando alguien hace algo sin darse cuenta de las consecuencias. Pero quizás entre la inocencia y la publicidad que vende ideales perversos, no termine siendo tan santa como parece.

Los hijos aparecen en general en los medios de comunicación como algo celestial, divino, donde todos se miran con complicidad amorosa en una imagen esfumada por los bordes que inspira un final feliz. Sin  embargo, el único final que realmente tenemos es la muerte. Nuestras vidas, siguiendo la analogía, se parecen más a episodios consecutivos donde el final de uno anuncia el principio del otro. Y los hijos no siempre significan lo que se relata tanto en medios como en el discurso social.

El tercero en discordia, como anuncia el título, se refiere al hijo que aparece en la discordia de la pareja. En muchos casos el hijo no aparece para cubrir esa falta, ese agujero libidinal donde viene a recibir todo eso que los padres ya no pueden depositar en otros lugares de sus vidas, sino que aparecen en medio de una disputa. La pareja está en conflicto, y parece que la última esperanza es que aparezca el hijo que venga a unirlos y reparar algo que parece que sólo no puede sostenerse. Y aquí es donde hace su terrible efecto la santa inocencia y los cambios de los tiempos. Antes un hijo aparecía y el hombre tenía que (generalmente) quedarse, incluso por más que no quisiese, y ese hijo, finalmente, es el que pagará el precio de ser una cadena de algo que ya no está unido.
Pero la inocencia pasa por otro lugar. Los integrantes de la pareja estiman que este tercero que aparece va a ser motivo de unión y lo que no saben es que es exactamente lo contrario. Si el vínculo entre los dos estaba deteriorado, imaginen ahora que hay un nuevo objeto que se lo rellena de amor, de libido y así se hace un sujeto. Si antes los vínculos fallaban, con el hijo tienen asegurada la derrota, ya que allí donde había poco, ahora el niño necesita torrente de cuidados, cariños, atención y amor. Y donde si la mirada era pobre con la pareja, ahora con el hijo pasa a ser nula.
Incluso en matrimonios que no pasan por una crisis, el hijo aparece como una crisis. Es, efectivamente, un tercero que el sujeto ama, pero que la pareja también, ergo puede aparecer la discordia. Más que unir, el hijo separa ya que su naturaleza precoz demanda la total atención de sus padres. Ahora él ya no la mira casí, está atento a su hijo/a. Ella ya casi ni le pregunta por su trabajo, sino le cuenta como van las caquitas del niño o si ha comido. De golpe aparece la escena donde ella ve, como en la tv, que él mira con amor a su hijo, pero no a ella… (y viceversa).Y ahí donde había discordia, aparece el tercero.

Es justamente luego del primer hijo que Freud dirá que suelen haber divorcios ya que la madre tiene su falo. Pero podríamos agregar que también aparecen las separaciones en aquellas relaciones donde la mirada entre los integrantes de la misma estaba debilitada y ahora con la presencia del hijo se termina de anular. Es decir, si el hombre no es lo suficientemente fálico para ella, el hijo, por seguro, cubrirá su lugar rápidamente perdiendo interés en su pareja. Pero “ellos” tampoco se salvan de esto, ya que les sucede otro tanto de lo mismo. Y así, en ocasiones, el hijo aparece como una “distracción” de lo que ya no se soportaba ver.
Y de esta manera aparecen los dramas. Con suerte una separación sincera a partir de darse cuenta de que lo poco que había quedó barrido por la nueva escena. Pero hay otras que se vuelven más oscuras y siniestras donde el hijo se convierte en diana de celos y envidias, de reproches encubiertos de lo que nunca le correspondió al niño, sino a la cobardía de sus progenitores.
Por eso, cuando hay discordia y aparece un hijo, no salva ninguna relación, sino denuncia con su demanda de amor el poco que había entre sus progenitores.

En definitiva, un hijo es un significante que cobra diferentes significados para quienes lo gestan. 

Sergio Alonso Ramírez

Psicólogo Psicoanalista. 

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