"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


25 de septiembre de 2015

Éramos más inocentes

En la smart TV estaban pasando una serie de vídeos musicales de los 80´s y 90´s. Está claro que son de Youtube pero transmitidos por la TV. Justo ese mismo día transmitían un especial de investigación donde se iban a fiestas realizadas al aire libre en las cuales corrían las drogas y el alcohol como el viento. En las imágenes se ven grandes cantidades de personas jóvenes completamente alcoholizadas y drogadas. 

Este contraste hace pensar. Y le pregunto a un amigo ¿Qué crees que cambio? y contesta:
- Éramos más inocentes - 

Buena respuesta que nos abre otra pregunta ¿Inocentes de qué?. Ya en los 70's las drogas habían tenido un auge como quizás no se había visto nunca, y sin embargo no todos están destruidos.  Algo me dice que en esa década la gente era aún más inocente...

Entonces... la inocencia no tiene que ver con el objeto "droga"... Quizás tuviese que ver con lo que significaba, en cada momento, esa droga. Porque parece que en los 70´s era la expresión de una juventud más relajada, abocada al amor, al intento de un mundo mejor, más pacífico y hermanado. 

Luego en los 80's y 90's también habían drogas, en el ocio, como adicción, como exploración de los mundos prohibidos, pero seguía sin ser el punto central de la noche (o el día). Estaba la pasión, el deseo, introducirse en un mundo que se abre a nuestros ojos de adolescentes, los sueños, la esperanzas, la incertidumbre, etc. Habían muchas cosas. 

Pero sigue resonando la frase "éramos más inocentes". 

En las décadas mencionadas había un futuro. En los 70´s habían grandes ilusiones y miedos. Pero existía la posibilidad de hacer algo fructífero. En los 80 y 90´s no era para "tanto" pero aún así seguían la expectativas, tanto propias, como heredadas de una familia que al luchar logró salir adelante. Es decir... Había una forma de satisfacer el narcisismo, poner la libido en proyectos allí fuera que nos devuelva una imagen de nosotros mismos desde la mirada del otro. Una puerta para que todo eso que se soñaba de adentro encontrase algún lugar allí fuera. Es decir, por más que la cosa fuese difícil, también había futuro. 

¿Será eso lo que se perdió? ¿Se habrá perdido la inocencia en tanto ilusión de futuro? El otro día decía un economista que no habrá trabajo para todos. Algo así como "sálvese quien pueda". Luego el planeta se calienta, la polución, los alimentos puede que escaseen, ubicarse en el mercado laboral es muy difícil, y quien lo logra puede que sea en condiciones muy displacenteras sin siquiera la ilusión de que eso pase a algo mejor, la política cae, los que protegen se aprovechan (perversión), aparece la "pederastia política", conseguir un lugar para vivir será muy difícil, y por otro lado venden, como norma de marketing, que todo será fácil y rápido... Quizás se perdió, como dice mi amigo, la inocencia. Quizás se perdió un mundo donde el sujeto puede satisfacerse y entonces encuentra uno alternativo (su propio cuerpo) que si bien no le da una posibilidad de futuro, le da una de presente donde ingresa al mundo de los placeres adictivos narcisísticos de la droga (u otras ingestas) y puede escapar de ese mundo escabroso y poco prometedor del exterior. 

Como dije en otro escrito: Si bien el inconsciente no sabe del tiempo, el consciente se esfuerza por perpetuar el presente. Y así el sujeto se libera de pensar en un futuro, al menos durante un tiempo de su vida. Mientras tanto vivimos la compulsión a la incorporación de eso que se nos escapa en todo momento. 

Sin embargo en este presente que pretende ser perpetuo, hay algo que sigue sonando: Son las facturas de la vida que se acumulan y que luego pueden volver con intereses. Ya que a la realidad, poco le importa de las triquiñuelas de los humanos para evitarla. 

¿No será que el sujeto, frente a un discurso de consumo, narcisismo y ausencia de futuro vendió la inocencia en pos de la obediencia?

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista 

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