"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


6 de octubre de 2015

¡Materialista!... ¿O humanista?


A grito de guerra muchos sujetos levantan sus dedos sacros para señalar a los herejes del materialismo, aquellos que aman los objetos. Sin embargo esa acusación por momentos parece real y por momentos absurda. 
Para poder hacer una diferencia quizás podamos poner dos ejemplos donde comprendamos que lo que cambia es el significado de ese significante-cosa (el material en sí). 
Hace poco pude ver una película de una señora que termina reclamando a Austria, nada más ni nada menos, que una obra de Kimt (el retrato de Adele). Era de su propiedad, o al menos lo fue cuando los Nazis irrumpieron en su hogar y les arrebataron absolutamente todo, y en ese todo también su dignidad. Esa obra retrataba a Adele, su adorada tía. Sin embargo para recuperarla tuvo que enfrentarse con un país entero que albergaba dicha obra como si fuera la Mona Lisa en Francia. Lo único que la dueña pretendía a nivel monetario de esa obra multimillonaria era poderse comprar su nuevo lavavajillas. Ella sólo necesitaba eso y tener nuevamente a su tía con ella y poder recuperar lo que era propio reparando la violación de sus derechos de posesión. No veía el valor económico en ellas, sino el valor afectivo. (Spoiler) De hecho al recuperarla la cede gratuitamente a un museo sin recibir nada a cambio. Pero el acto de darlo no es lo  mismo que de ser arrebatado.(fin de spoiler) 

Desde el psicoanálisis sabemos el enorme valor que tiene un objeto para  un sujeto, o lo contrario, un valor nimio. El sujeto frente a cualquier objeto lo envuelve con sus pulsiones, lo llena de significado, le da vida e historia. El objeto se hace parte del sujeto, su casa, sus pertenencias, esa vieja foto de la familia,etc. (Así como la cultura con sus monumentos). Ya no hay sólo materiales, ahora esos elementos (significantes) tienen un significado. El sujeto, con su aparato psíquico mediante, produce la magia de la transformación, de convertir una cosa en algo para sí mismo (incluso en sí mismo). Un pedazo de metal dorado en  un dedo se convierte en el símbolo de unión de una pareja. Y más aún, lo convierte en único ¿Cómo no va a ser el humano materialista, si en ese mismo material esta él mismo? Es entonces también podemos decir que de esta forma el sujeto es humanista en el objeto. Las madres guardan los escarpines de sus hijos durante toda la vida, ya no son lana, sino recuerdos de ese bebé que tuvieron en sus brazos y criaron a lo largo de la vida. Bueno... ni que hablar de lo que los humanos ponemos en otros humanos. 
Incluso un objeto estático, se hace parte del sujeto, al verlo,  como si fuese un espejo simbólico, se siente reflejado. Por eso sentimos pena cuando perdemos o se rompe ese objeto que estaba ahí expuesto, sin hacer aparentemente nada, pero ya no está. La estructura de la personalidad es la paranoia decía Lacan, y la función primordial de ella es la proyección y la vuelta de la misma hacia el emisor. 

Hasta aquí tiene todo una lógica, pero sin embargo nos encontramos con algo que en apariencia es lo mismo y que significa lo contrario: Con la compulsión de obtener/incorporar objetos. En realidad la explicación es la inversa a la dada anteriormente. Es ahí donde aparece esta acusación sobre el material que parece tener cierta lógica. Y se trata cuando justamente el sujeto no está poniendo cosas en el objeto, sino que hace su opuesto, se lo pide (intento de introyección). Y es eso lo que no puede parar de proyectar, su agujero, que espera llenarlo una y otra vez con lo que supuestamente significa el objeto para los demás (y pretende para sí mismo) e intentar interiorizarlo sin llegar nunca a lograrlo, con lo cual comienza nuevamente el ciclo de adquisición/incorporación fallido. 
Una vez conocí una persona que estaba llena de marcas, cada una de sus vestimentas estaban con una etiqueta conocida, cara y a la vista. Esa persona necesitaba que el otro viese que “tenía un valor añadido”... al menos añadido (parecía un armadura simbólica).

El objeto tampoco está exento de significación, cuando el sujeto intenta incorporar constantemente algo, tendrá que ver qué es lo que significa para el sujeto eso que incorpora, y mediante análisis, poder expulsar, desde la palabra, eso que falta y no tragarlo.  

En definitiva todos incorporamos de afuera lo que no tenemos, el conflicto sucede  cuando a pesar de ello seguimos sin poderlo adquirirlo. 

Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista 

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