"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


26 de noviembre de 2015

¿Por qué explican para que no les entiendan?


Arte: Igor Morsky
Hay una pregunta silenciosa, e incluso vergonzosa, que es: ¿Por qué muchos psicoanalistas explican para que no se les entiendan?. 
Obviamente esta pregunta no se hace en voz tan alta porque implica admitir o que el que supuestamente sabe se explica mal o que quien está intentando saber, no es capaz, pero quizás no sea ninguna de las dos. 
La respuesta es más compleja que lo que se supone porque hay muchos factores que se juegan en quien explica y en quien escucha dicha exposición. 

Por un lado entramos por la parte más lógica: Explicar tiene que ver con hacer algo con el discurso para que el otro pueda entender y a partir de ello pueda avanzar en su comprensión hacia nuevos entendimientos. Sin embargo aquí ya nos encontramos con la primer barrera donde muchos profesionales piensan que poner acertijos casi imposibles hacen que el sujeto vaya a comprender mejor sin saber que sin las primeras pistas no se puede comenzar una investigación. Es como los juegos, si son demasiados difíciles, se suelen abandonar. Y uno podrá pensar “bueno... pues será para los mejores”, pero este es otro conflicto, porque un sujeto tiene una multiplicidad de capacidades frente al otro y no por entender más rápido será mejor analista, hay otras cuestiones que se ponen de relieve y por otro lado, puede que una persona al sortear las primeras barreras logre  avanzar mejor en otro estadio y viceversa. 

Sin embargo nos encontramos con esta primer premisa del discurso “místico” en tanto muy dificultoso, del propio narcisismo de quien habla ¿Se pregunta a quién habla o para qué lo hace? Por un lado está quien lo hace para poder llenar su ego, para pertenecer o ser aceptado por otros círculos de psicoanalistas pero no por quienes los escuchan. Incluso algunos se sienten profundamente satisfechos con sentir que ellos entienden y el otro no. Es decir, puro narcisismo, pero del primario, no del que se satisface a través del otro, sino por sí mismo y para sí mismo. El otro, quien explica para ser entendido, también satisface su narcisismo, pero a través del amor, es decir, de aquello que pone en el otro y le vuelve. 
Pero esto nos lleva a otra conflictiva con respecto a la religión. El sujeto no está liberado de la religión, incluso sus mayores detractores terminan siendo profundamente religiosos pero puestos en otras instituciones que no lo parecen, pero sí lo es el tipo de vinculo que establece. Hay muchas personas que necesitan de alguien que hable de un saber superior, que no se le entienda del todo, pero que se entienda que él/ella sí sabe (sujeto supuesto saber), y así admirarlo/a, seguirlo/a y quedarse en posición de reverencia eterna. Justo el tipo de audiencia que necesita quien explica de forma bien compleja, no para ser comprendido, sino ser parcialmente comprendido pero sí adorado por su saber. Es decir, no es padre que hereda, sino quien le dice al otro que no llegará nunca a ser como él o que para serlo le llevará muchísimo tiempo, tanto como una vida entera prácticamente. Ahí aparece la relación neurótica, al igual que en las religiones, donde el seguidor siempre será seguidor de un amo. Es decir la relación de sumisión neurótica, e incluso psicótica muchas veces, aparece presente en esta práctica igual que aparecería en cualquier otra. Cada uno le reasegura al otro la posición. 
Y aquí también se hace presente el que escucha, que no quiere sólo escuchar, quiere admirar, adorar, quedarse en posición infantil frente a alguien que estima que le da “algo”. Quien, como el obsesivo, se queda como un mero mortal frente a un dios. Uno que, paradójica y cómicamente, le habla de la falta y castración...
Entonces, como siempre aparecen tipos de dialécticas, que no son nuevas, pero si los escenarios donde toman lugar. 
Quizás podemos hacer una división entre lo que es ser profesor-padre que hereda y un Dios que muestra su poderío. 

Luego tenemos la conflictiva discursiva. En muchas ocasiones, el discurso se va complejizar  en función de resumir conceptos y explicaciones. Entonces en la medida que se va avanzando en dicha materia el discurso se va alejando del coloquial para entrar en lo más específico. Y es ahí donde cada profesional también se tiene que plantear a la hora de escribir o dar una conferencia a quién le quiere dirigir el discurso. Por un lado lo puede realizar con más tecnicismos, y los menos avezados en la materia quedan fuera, y por otro hacerlo más simple pero tener que sacrificar tiempo en explicaciones y manejarse en un plano más imaginario y menos simbólico. 
También aparece quien escucha que piensa que el psicoanálisis se va a entender porque uno tiene ego y no como fruto de una larga formación, inversión, hacer su propio análisis, supervisión de casos y vivir elaborando y reflexionando dependiendo del lugar conceptual en que se encuentre. 

A su vez el sujeto y su psique no es algo simple y por más que una persona comprenda una serie de cosas hay otras que puede no saber a pesar de comprender más profundamente diferentes conceptos. Porque comprenderlos tiene que ver con entenderlos en el plano simbólico para reconocerlos en el plano imaginario (en la vida cotidiana).  Esto es justamente lo que hace el analista en la consulta. 

Es por ello que hay contradicción en las personas que pretenden seguir el psicoanálisis como una religión, es decir, que suponen que para ser psicoanalista hay que repetir a un autor u otro - como si se tratase de un salmo en latín -  sin saber ni de qué se está hablando ni poder bajar eso que dicen al plano imaginario. Es decir, no sirve de nada hablar de la falta o la castración si no se puede reconocer en la vida cotidiana. Hay en el acto repetitivo y sin comprensión una posición religiosa con respecto al saber, justamente en una materia que tiene que ver con el pensar (y también sucede con quien sí lo comprende, y sigue a un autor u otro ciegamente, es también del orden religioso).  

Dicho todo esto, mi percepción personal es que muchas veces se habla “complicado” para poder sostener un semblante fantasmático (y narcisista) del que habla, en especial cuando no está tomando en cuenta al otro...  Porque cuando no lo estamos haciendo al que tenemos en cuenta es sólo a uno mismo. 

La clave para quien escucha está en preguntarse “¿Esta persona que habla, me da la confianza de preguntarle lo que no entendí o me hace sentir un idiota que mejor callarse la boca?”. A partir de la respuesta podemos saber sobre nuestro interlocutor e incluso de su transferencia.
(Ojo, también podemos pensar, dependiendo de como nos posicionamos: “¿Me sentí idiota porque intenté demostrar saber algo que no entiendo y me di  cuenta que no lo sabía?) 

Sergio Alonso Ramírez 
Psicólogo Psicoanalista 

Pd: En todo caso el discurso psicoanalítico trae un saber para dudar, porque en la duda encontramos nuevas respuestas.... pero claro... dudas que podamos comprender.

1 comentario:

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