"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


30 de junio de 2007

No quiero que TÚ hagas…


Todo tipo de relación está expuesta a lo que yo llamo “la demanda neurótica”.
“No quiero que veas tanto a tus amigos”
“No me gusta con la gente que te rodeas, déjalos”
“No me llamas todo lo que yo deseo”
“No me gusta como eres, tienes que cambiar”
“Quiero que cambies, no me gusta lo que haces, te lo pido por tu bien”
“No me gusta que trabajes en eso”
“Me has hecho sentir mal”
Estos son algunos de los ejemplos donde alguien le pide al otro que sea diferente porque no quiere que EL OTRO no sea como a ÉL/ELLA le gusta o conviene.
Fuera que pueda suceder en todo tipo de
vínculo, esta situación puede aparecer en un momento dado de toda relación. A veces hay relaciones que viven constantemente reclamándose lo que se dieron o hicieron cosas “por el otro”.
Estos reclamos siempre son neuróticos. Por el simple hecho que en el momento que estoy pretendiendo que el otro sea algo que yo quiero, estoy intentando romper con la barrera de los artículos: YO – ÉL/ELLA.
Lo llamativo es que mucha gente cae fácilmente en el juego de la demanda, y suponen (lógicamente) que haciendo lo que el otro solicita las cosas se calmarán o solucionarán. Sin embargo es un arma de doble filo. Uno no puede dejar de ser quien es porque a otra persona no le convenga. Uno simplemente es en base a su situación y circunstancias.
Lo que parece darse en estos casos es que nadie quiere tomar una decisión. En especial el demandante.
Cuando estamos diciéndole al otro lo que tiene que hacer o “ser”, es una forma de no querer aceptar la realidad que se nos está presentando y de esta forma no confrontarnos con nuestros propios conflictos y realidad.
En el caso de las parejas se da mucho. Si la situación de uno de los dos cambia por diferentes motivos se escuchara la frase “quiero que vuelvas a ser el/la mismo de antes”.
¿Cómo podemos pretender que el otro sea diferente por nuestro simple deseo?
En todo caso lo que nos pueda suceder es que así no nos gusta como es porque nos encontramos perdidos en ese nuevo escenario o nos da miedo tener que tomar decisiones según esta nueva realidad.
Pero parece ser que el humano tiene la acérrima tendencia de pretender cambiar todo el mundo exterior antes de plantearse como cambiar el propio.
He presenciado una charla de 3 horas donde un componente de una pareja “intentaba” explicarme (convencerme) sobre todas las cosas que su novio tenía que cambiar y que a él no le convenían. Cualquiera que lo escuchara podía pensar que podía tener razón (o no) en sus elaborados argumentos. Exceptuando en uno: Si tan convencido estaba que la otra persona tenía que ser diferente ¿Por qué no la dejaba?
Pues ahí estaba el tema. El contrato tácito que habían firmado en su pareja era “Yo no puedo cambiar y necesito demandar constantemente a alguien absolutamente todo. Y tú tienes miedo a la soledad y piensas que eres un montón de cosas malas. Con lo cual ninguno de los dos estará solo. Yo te exigiré y tu te sentirás en deuda eterna”.
Ese contrato se había roto y la pareja buscaba por todos los medios hacer entender a su novio que tenía razón y que debía cambiar.
También se da mucho entre padres e hijos. No me gusta tu ropa, tu pareja, tu trabajo, tu carrera, etc.
Pero lo cierto es que cuando logramos darnos cuenta, esto es simplemente ridículo. Porque cada uno tiene SU vida para gestionarla lo mejor posible. Cuando estamos poniendo el ojo en plato ajeno, es una forma de no ver el propio.
La respuesta no neurótica seria:
“No quiero que veas tanto a tus amigos” – Si no te gustan mis amigos no los veas TÚ y encuéntrate con los tuyos.
“No me gusta con la gente que te rodeas, déjalos” – Me rodeo con la gente que me a MI me gusta. Tú puedes hacer lo mismo con la que a TI te agrade.
“No me llamas todo lo que yo deseo” Es verdad, te llamo todo lo que YO deseo
“No me gusta como eres, tienes que cambiar” Yo soy lo que ves. Si no te gusta deberías replantearte las cosas.
“Quiero que cambies, no me gusta lo que haces, te lo pido por tu bien” Mi bien es hacer lo que me gusta.
“No me parece bien que trabajes en eso” A mi sí.
“Me has hecho sentir mal” Te has sentido mal por algo que paso en TU realidad.
Entonces muchos de ustedes dirán: Vale, pero ¿no me comunico más con nadie? ¿Y si realmente me siento mal porque mi pareja viene muy tarde todos los días?
Ahí radica la diferencia. En el reclamo neurótico, no sólo estoy tratando de manipular al otro, sino de no confrontar la realidad. Primero hay que preguntarse porque uno se está sintiendo así y no vale la respuesta neurótica de “POR EL OTRO”. Sino que me pasa a mí con ese tema. Pero cuando nos hacemos cargo de nuestra situación, podemos plantear las cosas de otra forma:
“No quiero que veas tanto a tus amigos” – Te voy a confesar que me gustaría estar más tiempo contigo, ¿sabes?
“No me gusta con la gente que te rodeas” - La verdad que no voy a ir porque no me gusta mucho tus compañías, pero tú ve.
“No me llamas todo lo que yo deseo” – Me encanta hablar contigo y te voy a llamar más yo.
“No me gusta como eres, tienes que cambiar” – Has cambiado y me siento un poco perdido/a, pero ya veré como me adapto.
“Quiero que cambies, no me gusta lo que haces, te lo pido por tu bien” – No me gusta lo que estas haciendo, con lo cual me yo me plantearé que hacer de ahora en más.
“No me gusta que trabajes en eso” – He encontrado un trabajo nuevo
“Me has hecho sentir mal” – El otro día cuando dijiste eso, me sentí mal, no fue tu culpa, pero me sentí así.
Aprender a diferenciar el TÚ del YO es una tarea difícil en algunos casos, pero es lo único que nos puede salvar de entrar en un espiral de demandas y reclamos que solo apuntan a que el otro sea lo que yo no me animo a ser o aceptar de mi mismo.
La cuestión es no hacer el juego perverso donde se le hace al otro cargo de la angustia propia y se lo manipula para acarrear con aquello propio.

Sergio Alonso Ramirez
Psicólogo Psicoanalista






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