"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


15 de junio de 2012

Conferencia LA CULPA 12-06-12


Cátedra de Psicoanálisis del Ateneo de Madrid
Artista: Jorge Gomes Matheus

LA CULPA

Reflexionando sobre diferentes cuestiones uno se puede preguntar sobre la perversión. Es decir aquellos sujetos que de alguna manera satisfacen sus pulsiones "CASI" directamente. Es decir, hay poco de represión y por ende muchos de estos no se adaptan a una sociedad que tiene una serie de normas y leyes.
Sin embargo el otro día veía un pequeño trozo de un capítulo de un programa de asesinos.
Uno puede entender que a un punto céntrico, por ejemplo, puerta del sol, se puede llegar desde diferentes caminos. Y a ser un asesino también. Sin embargo en este pequeño fragmento que vi del programa aparecían dos hermanos que lo tenían, en apariencia, todo.
Familia de dinero, estudios, inteligencia y cualquier capricho que quisiesen. Sin embargo había un deseo, un capricho que no había sido satisfecho. El matar a alguien.
Y ahí me tuve que ir.
Pero esto me dejó pensando. No hay un rival odiado y proyectado, no es producto de una pulsión agresiva en la cual se mata porque esa persona es un obstáculo para satisfacerse. Tampoco objetivando al sujeto como si fuera el medio para conseguir otra cosa... Entonces... ¿A quién y por qué podrían matar?.

Algo en todo esto era clave... Esos muchachos lo tenían todo...

Pero el todo se relaciona con la nada.

Esta pequeña introducción nos servirá para pensar que "el sujeto es un conflicto, una lucha constante entre lo que las pulsiones demandan y el exterior".
¿Qué quiero decir con esto?
Desde el psicoanálisis hablamos de pulsiones y no de instintos. Los instintos son impulsos que vienen configurados con un conocimiento. En cambio las pulsiones son "impulsos a", mociones que buscar satisfacerse. Podemos decir, que son salvajes.

Ahora seguimos con otro ejemplo. Hace un tiempo he visto el Remake de "El retrato de Dorian Gray", dónde el protagonista, gracias a adquirir un retrato de si mismo puede evitar cualquier consecuencia sobre sus actos. Esto, digamos, es como quitar el superyo, es decir, llegar a un nivel de perversión suprema. Con lo cual el sujeto comienza a tener relaciones sexuales con mujeres, hombres, robar y matar cuando así le apetecía o necesitaba. Ya no habían barreras para su deseo. Digamos que en esta película, se verían las pulsiones en estado casi puro (ya que hablamos de un adulto) y una caída del superyo interno y externo. Pero, al final de la película, luego de satisfacerse una y otra vez, el protagonista quema su retrato y con él muere.

¿Por qué se suicida? ¿Acaso no lo tenía todo?

Es que justamente, porque todo lo tenía, su vida ya no tenía sentido. Porque si todo se satisface, pierde el sentido. Por eso dirá Jacques Lacan, psicoanalista Frances, que el deseo es deseo de otra cosa. Es decir, que aquello que se satisface ya no se desea, sino que ahora el deseo buscará una nueva forma de satisfacción.
Y en esa frase nos está diciendo que mientras deseamos, vivimos.

Justamente, somos ese conflicto que está entre las pulsiones y el exterior. Somos esa lucha por obtener aquello que no tenemos, por alcanzar las metas no alcanzadas, por tener aquello anhelado. Todos esos deseos y todo lo que emprendemos para lograrlo, incluyendo las barreras que se interponen, son lo que le dan sentido a la vida.
Porque como dirá Jacques Lacan "Un sujeto puede vivir en la peor de las miserias, pero no puede vivir una vida sin sentido".

El sentido está dado por todos aquellos impedimentos internos y externos que hacen que luchemos por satisfacernos, que en definitiva es vivir. Porque justamente, cuando todo está satisfecho, hay muerte, o cuando hay una imposibilidad subjetiva de satisfacerse en el exterior, como en la depresión, la vida "no tiene más sentido". Y es verdad la frase, ¿para qué vivir "si no tengo un por qué o un para qué"?

Y volvemos ahora a estos hermanos que lo tenían todo. Lo tenían, pero tenerlo todo... es estar muerto, es no existir como sujeto. Entonces van a buscar aquello que no tienen, un asesinato. Y me atrevo a decir, que posiblemente el asesinato se perpetuó con el deseo de ser atrapados, y en ese estar atrapados, sujetados, poder anhelar una libertad y así tener una vida con sentido. Porque parecía que, evidentemente, había algo del orden de la prohibición que no funcionaba internamente, pero se la busco externamente. Ahora tenían a un "Otro" a quien culpar por sus miserias, por su falta de libertad y reclusión. Porque en definitiva ellos no se encerraron ahí, fue Otro. Pero gracias a ese Otro, que es odiado, también pueden anhelar la vida. Darse cuenta " de todo lo que tenían y perdieron". De golpe todo eso cobra "sentido".

Lo que quiero expresar es que justamente en el sujeto hay una angustia ante el goce absoluto. Algunos podrán decir porque es muy intenso. Pero lo podemos pensar también como la posibilidad de un vacío, de que nada quede... ni siquiera el propio sujeto.

Nos hemos acercado a una serie de conceptos, en este caso: pulsiones, sentido de la vida, represores llamados Otro. Pero para poder entender la culpa tendremos que poder retroceder a lugares más primarios en el sujeto.
Y así nos vamos a ir a la niñez.

El niño nace y se encuentra en una relación especial con la madre. Mamá es quien lo quiere, lo cuida y lo alimenta. Le cubre todas esas necesidades que tiene. Esto lo entendemos como función materna que puede ser cumplido por cualquier persona que lo realiza. Es, entonces, la mamá alguien que desea. En ese vinculo se vive la completud, no se necesita más nada que esa relación donde se tiene todo lo que se necesita. Uno es suficiente para la existencia. Pero en ese uno se incluye ese objeto llamado madre.
Pero hay un pequeño y enorme problema. Aparece Otro... otro que se mete en medio, ese que mi madre se empeña en llamar "papá". Que también me complace, pero que a su vez me quita parte de esa madre que es mía. Me enseña que mi madre es deseante (me desea como objeto fálico) pero a su vez es deseada por otro.
Ese señor (función parterna), viene a interrumpir mi estado de plenitud. Pero a medida que voy creciendo me pasan muchas cosas. Por un lado siento la necesidad de ser un individuo, de poderme separar de esa relación especular con mamá. Pero mamá también me quiere para si misma. Porque yo la completo, soy fálico. Soy todo aquello que ella no pudo ser y yo seguramente seré. Soy, en definitiva, ser de su ser, carne de su carne, una parte de su cuerpo, que ahora pretende independencia.
Ahora frente a esto me siento amenazado de ser devorado en esa relación, que amo pero a la vez puedo desaparecer en ella. Y ahí está el padre. Un hombre peculiar. Por momentos lo quiero mucho, en otros lo odio profundamente porque me impone reglas que mi madre no impone pero avala con su discurso. Las reglas de mamá se dirigen al niño protegiéndolo como objeto propio, objeto amado, y las de papá como normas que pueden irrumpir esa relación tan especial. Ese señor que quiero, ahora lo odio, viene a impedir que yo haga lo que me plazca, pero principalmente, satisfacerme con mi madre y ser un objeto deseado. Con lo cual por momentos lo amo y por otro lo odio. Pero no solo eso, sino que cuando se instaura como ley, también le temo, porque puede conmigo, y puede romper esta relación con mi madre. Ante esta angustia sumada la de ser devorado y disuelto en el amor que se vuelve devorador de la madre, el sujeto puede recurrir a la introyección. Porque lo puedo interiorizar, pero esto implica renunciar al amor con mi madre que es a su vez asfixiante, y convertir a este ser que amo y odio, el padre, porque me impide ese amor, como objeto de ideal del yo. Es decir, puedo copiarlo para convertirme en un hombre como él, para tener una mujer como tiene él, es decir mi madre, pero en otra, porque esta ya tiene dueño.
Pero también interiorizaré aspectos de mi madre.
Con lo cual tenemos a una madre deseante y deseada. Es decir quien me desea y a su vez es deseada por mi mi padre (Otro)
Y un padre que cobra 3 formas. Como hombre deseado, como hombre temido, y como hombre amado.
Se lo desea como hombre, tomando una posición femenina para ser deseado por el mismo. Es decir, si tengo una posición femenina me amará a mi y me entrego pasivamente a él satisfaciéndolo en todo lo que pretenda.
Como hombre temido tal que representante de la ley y prohibición.
Y como hombre amado como objeto de identificación.

Pero el problema es ¿qué hago...? si me quedo con mamá me puede devorar, mi papá se convierte también en un objeto muy pesado de prohibición. Es decir esto me produce angustia. La salida es la introyección, es decir la creación del superyo. Esta introyección está dada no solo por la angustia sino por el amor que se siente a su vez por dichas figuras. Es como el viejo refrán "si no puedes con tu enemigo únetele". Pero éste es un enemigo dual, ya que también es amigo, es decir, amado y odiado.

Es en el superyo es dónde se van introyectar todas estas figuras que el niño vive subjetivamente y que darán salida al complejo de castración. De ésta manera el sujeto introyecta por un lado aspectos de la madre, aquella mujer que me quiere por sobre todas las cosas, que me ve especial, que quiere que "lo tenga todo" y que goce de todo. Es aquella instancia interna que me anima a satisfacerme y a su vez a una mujer que es desesada por otro.
Pero también introyectó a mi padre como entidad prohibitoria. Aquél que me dice que "eso no se puede hacer" que "hay que obedecer mi ley" que luego por proyección será las leyes o normas externas que el mismo avala en su propia imagen ahora instaurada en el Superyo. Es una introyección amada y odiada, pero ya no una amenaza porque se constituye en uno mismo. Este aspecto del superyo es quien se encarga de regular entre lo que quiero y lo que se debe o cómo se puede satisfacer.
A su vez nos preguntamos pero "quien es ese dios todo poderoso que imparte las reglas y consigue tener a mi mamá"... Un ser ideal, el ideal del yo, es decir esa imagen a alcanzar, ese padre todo poderoso. Aquel al que se aspira, se teme y se pretende transgredir.
Ese ser todopoderoso también puede ser vivido de forma masoquista. Porque si tanto poder tiene, es porque tiene el poder de someterme. Con lo cual hay un aspecto sádico en el superyo en el cual el sujeto puede entregarse pasivamente ante ese gran amo y disfruta (goza inconscientemente) de forma pasiva. Es el otro quien es mi dueño y yo gozo de ser su posesión.

Comprender esto es básico desde el psicoanálisis. Porque cada paciente viene con una serie de "mensajes-leyes" que ha introyectado, de las cuales sufre, siente culpa, pero no lo llama culpa generalmente, sino disconformidad o mejor dicho, enfermedad.

Entonces la culpa nace de las contradicciones del propio sujeto, por un lado un aspecto que lo incita a gozar más allá de la ley, y por otra la ley que lo castiga. Es un sujeto que constitucionalmente vivirá una culpa, por satisfacerse o por no hacerlo. Pero a su vez la misma le permite constituirse como sujeto que sabe lo que puede, no puede, debe y no debe, a pesar de que esto sea algo que lo pueda perturbar. Ya podemos ver uno de los pilares del éxito de la iglesia, cuando dice que hay una culpa constitucional en el sujeto que debe purgar. Es dicha institución quien se hace cargo de la culpa y del perdón así como de la norma a seguir. Es un Amo que dice que se puede, que no, y que a su vez tiene la capacidad del perdón.

Ahora estas instancias aparecerán representadas en la sociedad, en el contexto, de cada uno de nosotros. Porque interiorizamos no solo un padre que prohibe, que se teme, que nos somete y se ama o una madre que nos incita a gozar, sino una imagen que podrá aparecer ahí afuera con ropajes de instituciones, autoridades, jefes, etc. Pero... ¿Qué es lo que nos prohibe? Prohibe aquello que deseamos. Con lo cual podremos decir que la ley está fundamentada en el deseo. Caso contrario no tendría motivo de ser.


Una vez sabido esto podemos hablar que la culpa puede aparecer por motivos externos, es decir, por hacer algo que la ley reconocida dice que no es apropiado o por motivos internos. Es decir una culpa más estructural e inconsciente que puede tener que ver con el odio hacia el padre amado y odiado. Por el deseo de aniquilación de ese ser, y la culpa por ello debido a esta dualidad del amor y de la insatisfacción del mismo. O por el simple hecho de satisfacer lo prohibido, o inclusive reprimirlo, ya que parte de nuestro superyo, nos incita a satisfacernos.

Desde ésta perspectiva vamos a ver a la culpa en dos grandes grupos: Como regulador de la conducta y socializador y por otro como generador de conductas.

Freud ya nos va a decir que el sentimiento de culpa es algo secundario, es el efecto que siente el sujeto entre el reproche del superyo al yo sobre alguna cuestión. Pero también aparece el reproche que no tiene un objeto identificado. Es decir cuando hablamos de una culpa a nivel inconsciente, en la cual el sujeto necesita justificar y realizar un acto delictivo del cual es castigado y así poder poner objeto a su culpa y pagar por ella sintiendo alivio a través del castigo.
Algo que también se puede ver claramente en las relaciones sadomasoquistas donde uno castiga y el otro goza de recibir "su merecido". De hecho en muchas fantasías masoquistas se reciben reprimendas del tipo "eres un chico malo". El sujeto a priori no hizo en la actualidad "nada malo" pero si siente que "lo ha hecho" y goza de dicha reprimenda, del sufrimiento sufrido. Se posiciona, como dijimos antes, ante ese amo de forma pasiva, ya sea hombre o mujer.

Es decir, cuando el superyo exige una compensación por algo prohibido, ésta se debe dar y muchas veces se da de forma inconsciente.

Por ejemplo lo podemos ver en los actos fallidos. Hay un caso de Freud en "Psicopatología de la vida cotidiana" donde cuenta de una mujer con su perro. La mujer tuvo durante dos años un fallido. Todos los días se le hervía la leche y se derramaba. Era algo que no podía ni evitar ni impedir. Esto era en épocas de guerra donde la leche era un bien preciado. Pero una vez terminado dicho período se dio cuenta de algo. Que su perro siempre la mirada deseoso por las mañanas esperando que esa leche se derramase. Ella sabía que él quería beberla, pero no le podía dar leche a un perro. Con lo cual, se le hervía todos lo días y se derramaba, haciendo así que el perro tuviese su cuota de leche.

Y que pasa cuando un sujeto viene a un análisis. Viene justamente con este enredo de deseos del Otro. Estos deseos que se inscriben en el sujeto y que pueden generarle mucho malestar. Recordemos que no todos son deseados "sanamente" si es que eso existe, o justamente una de la funciones falla sobredimensionando a la otra. El sujeto vive bajo imperativos "¡hazlo! que te va a gustar!" y "no lo hagas, no te das cuenta que eso no se puede" ¡Y ojo! que no necesariamente la culpa se vive por el acto, sino que el propio deseo puede vivirse como un acto punible. Es en un análisis donde el sujeto tendrá que ir identificando los deseos de los otros, a pesar que al interiorizarse parezcan propios y también los que están representados por los "otros" sociales, y luego poder hacer un hueco, un conducto donde pueda aparecer el propio. Porque en definitiva, hay un aspecto del superyo que podemos llamar de "ética del superyo" que tiene que ver con que el sujeto, es sujeto de su deseo, y por ende debe encontrar el espacio para lograrse. Un hueco para pueda surgir él mismo y realizarse, siempre parcialmente, pero satisfaciendo su propio deseo.
Nos encontraremos con casos de personas que tienen interiorizados mensajes como "tu no sirves" "no vivas" "no existas" "solo se mío" "mi deseo es el único valido" "nadie te querrá" etc, etc. Y eso está internalizado y opera como un regulador de una vida llena de sufrimiento. Los mensajes, pueden ser variados, pero justamente ese es parte del trabajo analítico. Que el sujeto pueda identificar esos mensajes y de alguna manera devolverlos a quien lo puso en ese lugar del deseo para encontrar el propio. Porque cuando el propio deseo no encuentra su lugar en el acto, lo puede encontrar en el acto sintomático. Es decir, el síntoma como resultado de un conflictiva del sujeto.
Es aquí justamente donde podemos ahora comprender la repetición. Porque uno se puede preguntar y re-preguntar: ¿Cómo es que siempre hace lo mismo? ¿Cómo es que siempre cae en la misma trampa?.
Porque algo se está satisfaciendo, es decir, de algo goza a nivel inconsciente. Porque ese castigo en el fondo es merecido, esa vida que no se vive en realidad no se tiene derecho sobre ella, porque en el fondo "uno es un pringado que no logrará nada" o "terminará mal". Porque... a alguien... con la desgracia se lo esta satisfaciendo.
Pero no es solo esto. Porque también nos encontramos que aquello que está introyectado se encuentra en un lugar que regula y tiene poder. Y son imágenes tabú. Es decir, imágenes que no se "deben" tocar. Y cuando un sujeto se va logrando en su vida, y supera a esa imagen, se vive con culpa... porque se lo desplaza... porque el principe en definitiva, para ser rey tiene que matar real o simbólicamente al padre. Porque ocupar el lugar de ese que era quien me indicaba la realidad, las normas, las pautas y el amor, es una forma de menospreciarlo, de quitarle ese poder. Y es ahí donde hablaremos de "los que fracasan al triunfar". Porque ese pasaje que muchos tienen que hacer, se vive con culpa, la que será vivida a través de diferentes malestares que "aparentemente" nada tienen que ver.

Quizás lo interesante de la cuestión de la culpa es que no solo se trata de las leyes interiorizadas. Sino que hay que pensar que es un ente bastante denso e insoportable. Una entidad que vía proyección podemos poner fuera, o al menos otorgar "autoridad suficiente" a otros para calmar a nuestro superyo.
"En realidad me va mal porque mi jefe es un cabrón... si fuera por mi sería presidente de la empresa"
"El gobierno hizo que yo no leyera lo que estaba leyendo. En realidad el banco es malo y el gobierno también, yo no soy responsable de mi situación".
"Es que se lo tengo que dar a mis hijos, por eso lo hago".
"Yo no quería matar, es que era una norma de la banda callejera, milicia, policía, etc"

Es decir, el sujeto necesita encontrar amos a quien responder. Suponemos que somos seres individuales, independientes y sumamente criteriosos. Pero cuando tenemos que sumar dos mas dos, si viene un amo y dice que el resultado es 80, el sujeto se lo cree. Y esto es independientemente de títulos, nombramientos, posición social o cultural. Salvo aquello que logran hacer esa diferencia, entre el Otro y uno.

Encontrar un amo externo nos permite liberarnos de la responsabilidad interna y a su vez repetir un patrón infantil. "Lo hice porque me lo dijeron"

Pero el aparato psíquico, también, reconoce autoridades. Otorga responsabilidades, y así se deslinda de las propias.
Les voy a comentar algunos ejemplos de la vida cotidiana:

El director que no se hace cargo y busca culpables:

Conocí una vez un director de hotel, que ante cualquier problema, no podía con su culpa. Buscaba frenéticamente a cualquiera que "fuese culpable". Era una búsqueda desesperada. No se trataba ya de intentar comprender qué pasó para que no se repita, sino de buscar a alguien para poder no tener que sentir auto-reproches. En algunos casos era posible que así fuera, pero en otros su acto era evidente. Y su terror no era ser culpabilizado por otro externo, sino por ese otro interno.
Cuando encontraba alguna "víctima" para culpabilizar tendía a tener una actitud sádica, la cual era reflejo de la relación su superyo con su yo, pero puesto fuera para poder justificarse internamente.

La sindicalista geisha:

La sindicalista geisha es una mujer con un mando medio. Era, antes de ser ascendida, una persona que vivía luchando con el Otro, es decir, inconforme con la empresa, jefes, sistemas, etc. Especialmente con las "injusticias". Lo paradójico de ella era que frente a una autoridad, se doblegaba con terror y se convertía en una geisha. Cualquier opinión que tenía un jefe era suficiente para que cambiase su parecer que, hasta hace nada, estaba en el polo opuesto. Pero esto no era lo único, sino que es tanto el terror que tiene de ser "descubierta" por esa autoridad y "juzgada" que espera ansiosa que su jefe no le guste algún empleado para tornarse ella, ahora, en torturadora y perseguidora del otro. Esa misma que se entiende como sindicalista se transforma en una jefa sádica, a pesar que su relación con su Otro (jefe) es de odio-sumisión. En su propio actuar podemos comenzar a hipotetizar algo de su historia con sus "Otros" históricos.

El presidente de la empresa que va a la o él dominatriz.

Es conocido ya socialmente la cantidad de presidentes de grandes empresas o con mucho poder y responsabilidad, que viven tomando todo tipo de decisiones que afectan a la vida de los demás. Pero ese poder también tiene un coste. Algo, llamado culpa, aparece allí, ya que no tiene la posibilidad, dado su puesto, de recibir un castigo externo. Sin embargo, esa culpa, luego se posiciona en una relación sadomasoquista donde recibe "su merecido por haber sido un niño malo". O que simplemente se haga cargo de todo y no tenga responsabilidades.

Una vez me dijo una persona que conozco y tiene un puesto de poder:

"Me encanta ir a hacer ese deporte con el profesor... Es que... es lindo no ser la que toma las decisiones y solo tener que seguir al otro".

La iglesia que te ordena y te perdona.
La iglesia aparece como un gran Otro, un amo que te se hace cargo de las normas que deben regir al sujeto, y opera como un superyo externo. Regula esos deseos y articula al sujeto a que opere de forma diferente a como realmente le gustaría. Ese esta organización externa la que regula, como un Otro puesto fuera, al sujeto. Pero a su vez, es la misma que tiene el poder del perdón, aquel que puede liberar al sujeto de la culpa por sus actos cometidos.

El extrajero que espera que los especialistas digan como van a ir las cosas.

Hace poco conocí un extranjero que quería saber qué pasaba en España. Quería escuchar a los "especialistas" que le dijeran sobre "la realidad". Una realidad que está frente a sus ojos, pero no puede validar, sino que solo la puede entender cuando ese gran Otro, llamado "especialista" le va a indicar sobre su realidad. No le basta saber la cotidianeidad de los sujetos, darse cuenta de los endeudamientos supremos frente a salarios que no se corresponden para saber que todo acto, en definitiva, tiene sus consecuencias. Lo que quiere es que "se lo digan". Como si el responsable del pensar, de ver lo que hay delante de sus ojos, fuera ese "otro". Esa televisión que nos dice de una realidad que se nos reluce frente a nuestra mirada y que obviamos para que otro se haga cargo de la misma.

La crisis económica y los bancos, gobiernos y reclamos.

El tema de la crisis económica es un claro ejemplo. El otro, llamado gobierno e instituciones, incitan al sujeto, como un superyo gozador a que "se gaste todo, compre todo, se endeude con todo, que no piense, que no lea, que todo lo podrá tener". Aparece la fantasía de la complitud. A su vez el sujeto se deja seducir por este aspecto de completud y se entrega, más allá de la razón, de la matemática cotidiana, a un ensueño infantil donde "todo" se puede tener. Donde ya no es más necesario el esfuerzo, sino que solo con la mera existencias "las cosas van bien", como si de un genio de la lámpara se tratase. No solo se lo cree el sujeto, sino que se crea una corriente social que arrastra, y como siempre, aparece la amenaza del miedo. Ese que dice "me quedaré sin nada", "todos tendrán menos yo" (exclusión). Y ante ese miedo, más el amo que dice "compra, compra que todo ira bien" el sujeto renuncia a si mismo y se entrega al discurso del otro.
Da igual que los números no cuadren, da igual que esa realidad tenga "olor" a un producto que se pudrirá con fecha de caducidad. Es el "Otro" quien me incita, que me hace soñar, y principalmente, delirar una realidad que ahora aparece pintada de colores brillantes y tentadores.
Y a pesar de que la lógica era arrasadora, a pesar que cuando se gana 1000 no se puede endeudar por 300.000, a pesar que se sabe que no todo es igual y pueden pasar cosas en 30 años (tiempo de hipotéca), que no se puede vivir al borde del precipicio o en una cuerda de equilibrista, a pesar que no hay garantías, ni lógica, a pesar de eso el sujeto se entrega a ese Otro que incita. Un Otro, que se presenta no ya como alguien de confianza, sino perverso, que cambia su rol de autoridad por un rol de aprovechamiento de un sujeto que se entrega como un niño.
Y luego, cuando la realidad hace acto de presencia, las personas, reclaman a ese otro que les "ha quitado todo" como si de la piruleta de un niño se tratase. Le vuelven a reclamar a ese otro que les solucione su situación. Se entusiasma pensando que esta haciendo un movimiento revolucionario de cambio, cuando en realidad le está reclamando, en la misma posición gozosa de antes (goce inconsciente) que le venga a solucionar la vida y que se siga haciendo cargo de su realidad. Que le devuelva el sueño robado, la casa perdida, el empleo desvanecido.
Pero lo cierto, es que mientras ese otro proveía alimentos y "caramelitos envenenados" (ilusiones vacías), nadie protestaba, todos se entregaban placenteramente a una realidad que por más que fuese ilógica, el Otro sostenía.
Y tienen razón de protestar a ese Otro engañoso por haber embaucado a una población en su inocencia. Y pedirle que lo solucione.
Sin embargo, en tanto esa población no pueda hacerse cargo de si mismos, de sus deseos, limitaciones, y de sus propias percepciones de la realidad, el cambio real no será posible. Porque el reclamo esta puesto en el Otro, no en lo que uno no pensó, leyó y no quiso comprender, sabía y no quiso enterarse. No se trata de culpa, se trata, de poder entender para aprender, asumir, y avanzar. Porque en definitiva, se haga o no, la realidad seguirá estando presente como un muro impenetrable. Hasta que no la aceptemos no podremos sortearla.

El poder y su saber sobre el amo.

A su vez el poder sabe que la población necesita y goza (inconscientemente) de ese Amo que te dice como hacer las cosas, que no te preocupes que se encargará de ti, etc, etc. Saben que el sujeto, como un niño, enciende la televisión para que le "informen de la realidad", para "que le digan lo que necesita escuchar y saber". El discurso político, en uno de sus aspectos, refleja aquello que la población quiere escuchar, no necesariamente lo que "realmente tienen que oír" (¿se ve el pasaje perverso?). Y es ahí donde el poder tiene su responsabilidad en tanto sujetos y en tanto ética. Es verdad que los sujetos no quieren hacerse cargo, pero eso ¿es motivo para comportarse perversamente y aprovecharse del otro?

El Capitalismo

El capitalismo es el amo actual. El amo gozador, el que te dice, claramente, que todo tiene una solución fácil y rápida "compra". Te incita a que consumas para no tener que asumir nada, para sentirte lleno, para solucionar tu vida. Cualquier producto es susceptible "de cambiarte la vida" de hacer "una vida llena de felicidad". El capitalismo como muchas otras corrientes, se posiciona un ente gozador, como ese diablillo de las carituras que te dice "no te preocupes, tu compra, compra, que todo irá bien. Verás lo bien que te sientes". Y sin embargo, el sujeto compra, se siente bien durante un breve tiempo y luego su vida es la misma de siempre. Y el inconveniente es que muchos se creen esto y pasan a la compulsión de la compra. A suponer que realmente son todo aquello que pueden comprar y "mostrar a los demás". Que realmente tomarse una cerveza te soluciona un problema o ir de compras, cuando en realidad, lo que hace es estirar una agonía que no se puede asumir.

La paranoia cuando el Amo nos traiciona.

Jacques Lacan dirá una de sus frases que difícil comprensión pero de mucha significación "la estructura de la personalidad es la paranoia". Pero ¿Qué significa esto?. Para intentar explicarlo pensemos en esta conferencia. Pensemos que cuando el niño es traicionado por la madre que se "va" con el padre. Hay una posibilidad de engaño que subyase en el aparato psíquico y que a su vez lo estructura. Es decir, cuando cualquier Otro, léase Amo, se comporta de tal forma que nos traiciona, aparece la paranoia, la sensación que cualquiera nos puede robar, amenazar o atentar contra uno. Lo que aparece es la desconfianza. El problema de los Amos perversos, es que el sujeto, una vez los entiende de esta manera, resurge una traición primordial, y una paranoia, en este caso lógica, frente a aquel que estaba encargado de mí en cualquiera de sus aspectos. Entonces, desde el psicoanálisis diremos que cuando el Amo se vuelve perverso, es decir, que busca solo satisfacerse a si mismo a costas del otro, el sujeto, la población, se vuelve paranoica, se desestructura porque no tiene de donde sostenerse, porque en definitiva, el sujeto se sostiene en esa relación especular.

Lo que quiero decir es el sujeto es un gran gozador del Otro, se entrega al otro y así no se hace cargo del propio deseo y prohibición. A veces puede estirar "ad eternum" su adolescencia e inclusive infancia para no hacerse cargo, otras esquivar la ley y huir de ella todo el tiempo, aunque el coste serán rasgos paranóicos. Otras veces no soportarán la culpa inconsciente y necesitarán cometer un acto para representar dicha culpa y ser castigados. Otros buscaran en "especialistas" que le digan porque "sufren" y "cómo tienen que dejar de sufrir".

Entiendo que visto así, el panorama no suele ser muy halagüeño, pero a su vez, como comente antes, tenemos la ética del psicoanálisis, que se trata de lo que les comenté antes "de la ética del deseo". Que el sujeto, pueda hacerse cargo de sus deseos y sus normas superyóicas, aprender a saber si han sido realmente propias o no, y entre ellas, encontrar ese lugar, ese camino donde pueda aparecer él mismo, donde pueda saber cual es su deseo real, y sostenerlo frente a un mundo que nos pretende de diferentes formas y nos dice como ser para ser amados. En ese mismo mundo, el psiconálisis es un pasaje donde el sujeto intentará atravesar todas esas leyes para encontrar la propia y darle la posibilidad de satisfacerse y así cumplir con la ética de su propio deseo.

Gracias

Sergio Alonso Ramirez
Psicoanalista

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