"Hay algo que debéis entender de mi forma de trabajar. Cuando me necesitáis y no me queréis, debo quedarme. Cuando me queréis, pero ya no me necesitáis, debo irme... Es un poco triste, pero es así"- película: La niñera mágica.

(Sin embargo, a pesar de mi ausencia física, me tendréis allí donde me necesiten)


12 de abril de 2015

Identificaciones con los padres, amores y complejo de Edipo

Hola Sergio, hablando con mi analista ayer me confundí un poco ...ya que me dijo que cuando se produce la castración (en la etapa Edípica) el sujeto toma rasgos de el padre (en mi caso de mujer) y los incorporo y que voy a buscar a una pareja con los rasgos (en cuanto a personalidad ) de mi madre, justamente la que poseía el amor de mi padre....Yo lo comprendí siempre al revés, o es que puede darse de ambas maneras???

Hola Carla,

Es interesante lo que preguntas ya que es un tema bastante nuclear en todo sujeto y a veces se confunde porque se intenta tomar como una norma, sin embargo, esto tiene sus matices. (La respuesta breve: sí, lo que dice tu analista es así)
El niño recibe amor de ambos de los padres, entendiendo que la madre le significa algo diferente. Pensemos que la primera toma de leche no le produce placer, como nos comenta Freud, sino cuando evacua dicha leche siente un malestar, algo que no le gusta, un displacer que llamamos: Hambre. En ese momento llora y la madre le vuelve a poner la teta. Ahora esa teta (madre) no sólo es algo que le da alimento sino que da placer porque quita el displacer. Es decir, primero estuvo la falta. (Ahora ya puedes ir pensando en el tema de los trastornos “alimenticios” con las comidas y quien las da) 
Sin embargo va creciendo y va recibiendo placeres de sus dos imágenes parentales, tanto papá como mamá. En algún momento mamá da mucho, amor, tanto que el niño se siente un poco ahogado.Los humanos necesitamos salidas de emergencia en todos lados. El niño se agobia, es el falo de mamá pero la demanda es mucha y aparece también la necesidad de independencia, pero 

¿Cómo escapar? Esta ese otro, el papá, una imagen conflictiva, lo quiere, le teme, lo desea y lo odia. Todo junto. Por un lado lo ama, es su padre y objeto de satisfacción, por otro lo odia porque lo separa de su amor primordial, lo teme porque representa eso molesto que no le permite estar con la madre y lo puede castigar (la ley paterna o metáfora paterna), y también lo desea como objeto de satisfacción. Entonces frente a este escenario y ver que no puede quedarse con mamá de por vida en ese estado infantil (cosa que muchos representan en diferentes grados y formas que luego toman nombre de patologías) se identifica con el enemigo amado, temido, odiado y deseado. Se cumple el refrán “si no puedes con tu enemigo, únetele”. Ahora papá es un amigo, lo ama, se puede liberar de este amor tan protector de mamá y buscar el de papá. Papá, el cual es competidor, tiene lo que él necesita para quedarse con mamá, pero a su vez, en la identificación se cuela la prohibición, porque el simple hecho de dicha identificación es porque no puede quedarse con la madre simbólicamente. Ahora el niño se enamora del padre. Pasa por su etapa homosexual, está con él, se satisfacen mutuamente y finalmente el niño lo va incorporando, con lo cual ya no va a necesitar del objeto externo (el padre) sino que él lo encarnará simbólicamente ocupando su lugar, pero con otra. (Luego repetirá esa escena en la amistad y camaradería con amigos) 
Esto muchas veces molesta mucho, porque la persona sin darse cuenta se termina pareciendo a su competidor. 

¿Esto quiere decir que renuncia al amor de la madre? Obviamente no renuncia al “amor” sino al lugar simbólico de ese amor. Renuncia a quedarse como objeto fálico de ella como el “nene de mamá” para poder convertirse en papá y ser el falo de otra, pero no de ella (ahí está la castración simbólica). De ahí que muchas veces las suegras y nueras se matan por ver quien tiene poder sobre el falo. Dicho de otra manera, si el hombre ese complementa a la madre o a la mujer (y de ahí la lucha de quien es más importante para él). Dependerá cómo resuelva ese pasaje edípico con la madre en las actitudes que tendrá en las relaciones mencionadas. Algunos se quedan en la mitad y quieren ser el falo de las dos, lo cual trae muchas peleas. Otros son siempre los nenes de mamá y las otras meras formas de satisfacción, y así tantas combinaciones como imagines y otras que quizás no.  
Por eso cuando a los analistas nos dicen “es que es mi mamá”  nosotros preguntamos qué significa eso. Porque ahí vemos los lugares que ocupan su mujer, su madre, él y su padre. 

En las niñas se complica un poco más la cosa
(Esta explicación la hago a niveles simbólicos para que se comprenda mejor). 
La nena esta con mamá objeto de placer, pero a la vez aparece papá, otro hombre que complace a mamá y a ella. Durante un tiempo le molestará también, pero luego ve que ella quiere a papá para ella solita. Que con papá se pueden tener hijos, como hizo mamá con ella, y como ella juega a mamás y papás con las muñecas. Desde Freud ella podrá tener un hijo, como su muñeca cuando juega, pero que ella verá como si misma. En el juego con las muñecas ella hace de madre y ¿Adivina quién es la muñeca que hace de hijo/a? Ella misma proyectada. De hecho muchas madres lo dicen sin ningún problema “mi hijo es parte mía, es como si una parte de mi cuerpo se separase y se desarrollase”. 
Bien, sigamos. La nena, cuando ve que los nenes tienen algo que ella no tiene, en este caso, pene, ya que es lo único que los diferencia a esas tempranas edades, obviamente quiere tener uno para ella. Muchas veces hasta lo dicen:

¿Qué quieres para tu cumpleaños Carolina? – 
Un pito (pene)

Y todos se ríen. Sin embargo los niños cuando son pequeños no suelen bromear. Ella no quiere tener menos. En un momento se da cuenta que la madre tampoco tiene, pero resulta que papá tiene eso que sí le falta a ella. Aunque… si ella tuviese un hijo con papá que lo quiere mucho, podría estar completa en un hijo suyo, como en el juego que se ve proyectada en la muñeca (obviamente aún no piensa en la genitalidad, de hecho dicen que se quieren casar con el papá). Bien… pero también la niña se tiene que castrar, porque papito es de mamita, a la cual quiere mucho pero a la vez es competencia. Todo un lío, porque ella quiere lo que quiere, es como mamá, pero quiere a papá… Solución: Pues identificarse con mamá, que son “iguales”, y luego podrá tener a papá en otro. Es decir ella vuelve al objeto primario de amor. Digamos que sale a dar una vuelta para saber qué le falta, que es lo que no puede, para volver a obtener las herramientas para conseguirlo. 
En el niño con el tema del pene es toda una historia porque al principio piensa que le falta a alguien en particular, luego ve que le faltan a “mujeres malas” (a veces) y al final se da cuenta que el faltan a todas… ergo… ¿A él no le podrá faltar? Pues ahí está papá que no lo perdió. 

Ahora bien, esto Freud lo plantea a nivel físico, luego se lo va a ver como representantes simbólicos de lo que falta, se tiene o se puede perder. Ser el falo de alguien no es ser el “pene” de alguien, sino quien lo complementa. 
Una chica que fue amada como una princesa tendrá un novio millonario que la tenga como su princesita o un basurero que la vea como su princesa. Los dos la falicizan según su fantasma (historia).
Ahora bien, tu pregunta creo que apunta a ¿Esto es sota, caballo y rey? ¿Es sólo así, un mero espejismo?
Vamos a matizar. 
Primero que el niño se identifica con lo que ve desde sus ojos de los padres. Pero que primodialmente introyecte a uno en particular como, digamos, base de la estructura, no significa que no tome aspectos del otro que adora y se queda para sí. 
De ahí que los sujetos tienen aspectos masculinos y femeninos, pero no depende del imaginario social sino de la identificación particular. Puedes ver una mujer que es buena electricista y decir “es un aspecto masculino”… Pero si la madre es la electricista será más bien una identificación “femenina”. Por eso es que vamos siempre caso por caso. 
Incluso te diré que a lo largo de un análisis para poder cambiar de posición subjetiva en la vida muchos sujetos toman aspectos de cualquiera de los dos para poder avanzar en una u otra dirección. 

Pero la respuesta es que una vez que te compraste la cartera o bolso que te gusta ya no vas a buscar el mismo porque ya lo tienes, entonces buscas lo que no tienes. Imagínate ahora lo que esta introyectado. Por eso deseamos desde la falta, no de lo que ya tenemos “pan con pan comida de sonsos” (A no ser que cada pan simbolice una cosa diferente…)

¿Esto agota el tema del Edipo? No, pero no puedo explicar todo en un post porque es muy largo, pero si puedo dejar preguntas

Qué pasa si...:
¿La imagen a la cual el sujeto se quiere identificar es inasumible?
¿Para complacer a la imagen del propio sexo hay que someterse? ¿Cómo la introyecta?
¿El padre para el niño no da espacio de identificación? ¿Se identifica con la madre, se queda en el medio, se queda en la boca amorosa de la madre?
¿Cuándo el sujeto queda infantilizado y sólo se busca mirado por miradas de la madre?
¿El sujeto no sólo se identifica con el sexo opuesto sino que quiere ser literalmente como aquello que no es?
¿El hijo o hija no es deseado?
¿Cuándo ese hijo es fue buscado pero luego, por cuestiones diversas, no fue libidinizado (mimado, tocado, deseado)?
¿Cuándo cuesta trabajo encontrar un hombre como papá porque cuesta ser como mamá?
¿Si la madre no presenta al padre, o presenta una imagen pobre o sobredimensionada?
¿Cuándo hay una negación de la sexualidad?
¿Cuándo hay una identificación parcializada, donde se niega una de las partes?
¿Cuándo desaparece papá y mamá toma a su hija o hijo para hacerle “compañía”?
¿Cómo se vuelve a articular con la aparición de la genitalidad?
Y tantas otras que aparecen en la práctica clínica.

Todo ronda la castración y en este caso y desde el lugar Lacaniano se traduce a una cosa: No puedes quedarte ahí, muévete hacia otro lugar (claro… si se puede.) 

Saludos
Sergio Alonso Ramírez
Psicólogo Psicoanalista

1 comentario:

  1. Excelente. No deje de escribir sus post tan interesantes. Gracias.

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